LOUIS ARAGON
(París, 1897 – París, 1982)
El poeta, novelista y ensayista Louis Aragón, dedica este poema al grupo de partisanos extranjeros contra los nazis en Francia que, en 1944 fueron asesinados en el fuerte de Mont Valérien.
Celestino Alfonso pertenecía a un grupo de partisanos extranjeros, inmigrados, que luchaban contra la ocupación nazi de Francia y contra el fascismo. El grupo de Alfonso estaba compuesto por diversas nacionalidades, concretamente ocho polacos, cinco italianos, tres franceses, dos rumanos, dos armenios, dos húngaros, un español exiliado y estaba dirigido por el armenio Missak Manouchian. Tras meses de torturas inhumanas, los 23 componentes del Grupo fueron ejecutados por los nazis el 21 de febrero de 1944.
ESTROFAS PARA RECORDAR
(El cartel rojo)
Ni gloria ni lágrimas reclamasteis
ni el órgano, ni el rezo de los agonizantes
Once años ya, qué deprisa transcurren once años
Simplemente os servisteis de vuestras armas
La muerte no deslumbra los ojos de los partisanos.
Vuestros retratos resaltaban en los muros de nuestras ciudades
Negros con barba y de noche, hirsutos, amenazadores
El cartel, semejante a una mancha de sangre
Porque difícil es pronunciar vuestros nombres
Pretendía inspirar un efecto de miedo entre los que pasaban.
Nadie parecía consideraros franceses de preferencia
Durante el día la gente pasaba sin dirigiros la mirada
pero a la hora del toque de queda dedos errantes
habían escrito bajo vuestras fotos MUERTOS POR FRANCIA
y las tristes mañanas sólo por eso eran ya diferentes.
Todo tenía el color uniforme de la escarcha
a finales de febrero durante vuestros últimos momentos
y entonces uno de vosotros dijo con sosiego:
Bienaventurados vosotros,
Bienaventurados vosotros que vais a sobrevivir
Yo muero sin rastro de odio para con el pueblo alemán
Adiós a la pena y al placer. Adiós a las rosas
Adiós a la vida. Adiós a la luz y al viento
Cásate, sé dichosa y piensa en mí a menudo
tú que vas a quedarte en medio de la belleza de las cosas
cuando todo haya terminado más tarde en Ereván
Un gran sol de invierno ilumina la colina
qué bella es la naturaleza y cómo me parte el corazón
Vendrá la justicia sobre nuestros pasos triunfantes
Melinea mía, oh amor mío, mi huerfanita
Te pido que vivas y tengas un hijo.
Veintitrés eran cuando florecieron los fusiles
Veintitrés eran entregando prematuramente su corazón
Veintitrés eran extranjeros y sin embargo hermanos
Veintitrés eran enamorados hasta morir por la vida
Veintitrés eran que se desplomaban con el grito de Francia en los labios
Pertenece este poema de Louis Aragón al libro “Le roman inchevé”, de 1956. Lo encontramos en la revista Barcarola, nº 54/55 (diciembre 1997, Albacete)