Editorial

Ante la mirada ciega de una población mundial sumida adrede en torpe confusión (mira pero no ve, oye pero no escucha, siente pero no percibe) por la violencia seductora de las grandes Corporaciones de la (Des)Información y el Espectáculo que agitan el cimbel, se está llevando a cabo a escala planetaria una experiencia de ingeniería social totalizadora, que, en muchos aspectos cruciales semeja a las inquietantes fábulas del totalitarismo tecno-científico más abyecto, como el descrito en las novelas “1984” de Georges Orwell y antes “Un mundo feliz” de Aldous Huxley.

El acto que ilustra la fotografía que encabeza la portada de este número de La Campana, señala de modo preciso a las instituciones y personajes que, ahora mismo, protagonizan la dramática deriva de la humanidad hacia aquel neo-fascismo tecnocrático, a no tardar insoportable y extremadamente doloroso.

Hace apenas unos meses, el periódico El País y la empresa de servicios de Tecnología, Tecnología de la Información y consultoría de negocios y subcontratación, Capgemini SA (una de las mayores del mundo, sexta en el ranquin mundial del sector, con unos 270.000 empleados en casi 50 países) convocaron los premios “Retina ECO” para, según ellos, ‘visibilizar’ y reconocer los proyectos más destacados “por la sostenibilidad y contra el cambio climático”, que mejor conjugan el talento empresarial exitoso y la tecnología más avanzada.

No dudaron en elegir los miembros del Jurado que, con su sabiduría, inocencia e imparcialidad reconocida en el tema (¡valga la ironía!), sabrían presentar en sociedad los campeones de la salvación del planeta: Sara Aagesen (secretaria de Estado de Energía); Lara de Mesa (directora global de Banca Responsable de Banco Santander); Luis Abad (consejero delegado de Capgemini España); Cristina Rivero (directora de Industria, Energía, Medio Ambiente y Clima de la CEOE); Dimitris Bountolos (director general de Sistemas de Información e Innovación de Ferrovial); Begoña Gómez (directora de la Cátedra Extraordinaria de Transformación Social de la UCM); Sara de la Rica (directora de la Fundación ISEAK y presidenta de la Comisión de Desarrollo Sostenible de Iberdrola); Jaime García Cantero (director de Contenidos de Retina) y Laurent Perea (director general de Capgemini Invent España).

Tampoco el Jurado, tuvo duda alguna para elegir entre los candidatos los más dignos representantes del empresariado comprometido con la causa de la sostenibilidad del tinglado y, claro está, la lucha contra el cambio climático.

He aquí la relación de los ‘proyectos’ galardonados: Solmatch de Repsol se alzó con el premio Generación Verde; Zero Emissions Rural Site (ZERS), de Cellnex, se alzó con el premio Consumo Eficiente; Zero Emisiones de Airbus, se alzó con el premio Movilidad Inteligente; Reciclado de fibra de vidrio y carbono de las compañías Técnicas Reunidas y Reciclalia se alzó con el premio Ecosistema Sostenible.

Al solemne acto de entrega de los premios asistieron cerca de cien personalidades del mundo de la economía, la política, la tecnología y los medios de comunicación, recibidos con la burocrática pompa democrática en estos casos, por la reina de España, la ministra de Ciencia e Innovación, la cúpula del Grupo Prisa y del periódico El País además de los miembros del jurado.

He aquí, retratada, la flor y nata y más veraz representación local del contubernio tecnocrático (Cúpula política del Estado – Capitalismo privado – Medios de comunicación y del Espectáculo) responsable del desastre planetario actual. Responsable, en primer lugar, de que el planeta tierra, la naturaleza y los seres que la habitan estén en inminente peligro, a consecuencia de la emisión por la industria de cantidades ingentes de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático y el calentamiento de la biosfera. En segundo lugar, responsable también de que la población permanezca ciega, confundida y, como bandada de palomas en caza confunda el señuelo con su destino y, libremente vuele, hacia la escopeta del cazador. Pues de esto se trata:

Del suicidio inconsciente -sin albedrio ni libertad- de los habitantes de este siglo, que una y otra vez, renuevan su torpe confianza en los mismos agentes que causan sus males … que toman a los responsables de la catástrofe colectiva (los sujetos de la foto) por la solución … que confunden a los que arruinan y destruyen su casa (el planeta) con los altruistas albañiles que se la repararán … que admiten al Estado que les oprime como el filántropo que les cuida … que confunden el Dinero que los mercantiliza y empobrece por el privilegio al que aspiran … que fian a la Mentira y la Falacia entretenida del discurso mediático, lo que debiera ser el esfuerzo del conocimiento, la crítica razonada y la lucha contra la superstición del Estado protector y el Capitalismo benefactor.

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