Editorial
Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.
Rafael Amor
Tratando de llegar a las costas españolas, más de 5.000 migrantes, 34 cada día de media, han perdido la vida entre enero y mayo de 2024.
¿Cómo el Estado español -Reino de España, por su nombre oficial- logra realizar impunemente semejante hazaña bélica, pues de una guerra se trata, por más que las víctimas lo sean de un solo bando, al igual que los criminales? Y, más aún, ¿Cómo logra el Estado que semejante atrocidad amurallada pase ‘desapercibida’ para el debate público que, se supone, debiera fundamentar la veracidad democrática del régimen del que presume? ¿Cómo pueden esconder los gobernantes en el poder -no los otros, no los que aspiran a sustituirlos y desbancarlos de la poltrona- su indudable responsabilidad y autoría fáctica en esta maquinaria mortífera, si no es al amparo de una creada indiferencia, pasividad ciega y estulticia inhumana de la sociedad española?
¿Cómo consigue el Estado español construir impunemente la normalidad del asesinato colectivo de 5.000 personas en cinco meses ante sus costas? Y, ¿cómo podremos nosotros combatir semejante delirio homicida?
La nueva edición del informe “Monitoreo del derecho a la vida en la frontera occidental Euroafricana” de la organización Caminando Fronteras denuncia las 5.054 muertes de migrantes en las rutas marítimas hacia España, habidas en estos últimos cinco meses de 2024. 4.808 perdieron la vida intentando llegar en pateras o cayucos por la Ruta Canaria. A esta dramática cifra, la ONG añade otras 175 muertes en la Ruta Argelina (desde Argelia hacia Baleares y la costa levantina), 47 en el Mar de Alborán y 24 en el Estrecho de Gibraltar.
Aunque ya hace tiempo que la ONU señala que las vías de navegación que conducen a Canarias desde África representan la ruta migratoria más mortífera del mundo, las cifras que presenta este miércoles Caminando Fronteras no tienen precedentes, pues revelan que ha muerto o desaparecido rumbo a Canarias un migrante por cada 3,5 que fueron rescatados.
El Informe indica que en este corto periodo han desaparecido en la Ruta Canaria 47 embarcaciones con todos sus ocupantes. Una de estas embarcaciones fue encontrada el 15 abril al otro lado del océano, en la costa de Brasil, con los restos de nueve cadáveres a bordo, ignorándose el número de los entregados al mar océano.
Valga como muestra testifical del carácter homicida de las legislaciones y políticas de frontera y control del flujo migratorio diseñadas por los sucesivos gobiernos españoles, concertados con los gobiernos de la Unión Europea, lo ocurrido este 6 de junio frente a las costas de la isla canaria de El Hierro.
6 junio, un día más. En la madrugada del 6 de junio, se avistó en alta mar, a unos 100 km de la isla de El Hierro, un cayuco a la deriva con 72 personas, que fueron trasladas a la localidad isleña de La Restinga. Once de ellos tuvieron que ser hospitalizados, y otros tres fueron trasladados de urgencia a Tenerife. Uno de ellos no pudo sobrevivir al escate, perdiendo la vida por descompensación electrolítica, lo que da entender que se vio obligado a beber agua de mar durante la travesía.
El relato de los supervivientes fue estremecedor. Detallaron entre llantos y sollozos apenas contenidos las circunstancias de la travesía. La embarcación había partido de Nuakchot, la capital de Mauritania, 13 días antes de su rescate. Al tercer día de travesía se quedaron sin motor, a merced de las corrientes y el viento, sin agua ni alimentos. Varios supervivientes admitieron haber tirado cadáveres al mar a medida que iban falleciendo. Esos testimonios afirman que salieron hacia Canarias entre 110 y 120 personas, por lo que el número de fallecidos y desaparecidos en el océano estaría entre 40 y 50 personas.
Una vez más, este 6 de junio, al igual que en cualquier otro día de 2024, se ha puesto dramáticamente de relieve como las legislaciones y políticas de frontera y extranjería, tanto en su diseño ideológico como en su realización práctica, dan prioridad a un mezquino “control migratorio”, regulado por el interés privado de las empresas y la organización de la explotación laboral en España y en la Unión Europea y, en consecuencia, en absoluto desdén por la vida y el sufrimiento de las personas, condenadas a salir de países devastados.
Incluso más allá de las causas reales que provocan el desplazamiento de decenas de miles migrantes hacia las costas españolas -por un lado la devastación del África por las potencias occidentales y, por el otro, la cruenta rivalidad derivada de la geopolítica internacional- en lo que afecta directamente a la sociedad española a este lado de la frontera, su gobierno actual, al igual que los que le precedieron, no pone al servicio de socorro y ayuda en alta mar los medios precisos para desarrollar su actividad sin criterios selectivos, arbitrarios o de oportunidad. De este modo, se provocan retrasos continuos y demoras en la activación de los medios de rescate. Se normaliza la falta de medios de búsqueda y socorro y hace imposible la vigilancia plausible, inteligente y eficaz sobre los puertos y puntos de embarque en África, que garantizarían que los servicios de salvamento españoles pudiesen acudir con la celeridad necesaria a las posiciones exactas donde está sucediendo un naufragio.
El ritual de la muerte de migrantes ante el muro fronterizo, por repetido, es plomizo como el mar en esta treboada de junio. Muerte a muerte, la normalidad va construyendo su cruenta realidad, su desorden criminal. Neguémonos a que esta ‘normalidad’ nos invada y defina. ¡Combatámosla, colectiva y solidariamente, pues laten las mareas día y noche y en ese latir, pese a todo, alienta la armonía de un universo posible sin fronteras, traicionado por unos poderes que convierten sus orillas en cementerios!

