Editorial
Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.
Rafael Amor
En esta ‘carrera militarista’ que ahora anuncian la UE y, consecuentemente, el gobierno español no hay verdad, ni humanidad, ni libertad, ni siquiera meta digna que se pueda nombrar. Solo hay mentiras, inhumanidad, muertes y desolación, como las que ya escenifican y cumplen sobre el crucificado pueblo palestino en Gaza.
En aras de sostener la iniquidad del régimen de desigualdad y la hegemonía geopolítica de unos estados sobre otros y de todos ellos sobre la población propia y mundial, en el teatro de la gobernanza mundial, se escenifica la funesta confabulación del militarismo y la escalada armamentística planetaria. Allá van corriendo, ¡todos a una y sin que ningún jefe de estado o presidente de gobierno falte a la cita, pues a cada uno le está ordenado competir en su propia bandería por ocupar, según sus posibles, el puesto sicario más alto del escalafón criminal!
4 de marzo – La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha anunciado por carta a los máximos representantes de la UE que “estamos en una era de rearme, sin precedentes”. Sin embargo, tanto ella como todos los avisados, sabían que estaba mintiendo. A todos les interesa participar en el simulacro, cara a ‘vender’ ante sus propios ciudadanos, lo que habían compinchado y decidido con anterioridad. Baste con señañar que, entre 2021 y 2024, el gasto total en defensa de la UE ya había aumentado en más del 30%. hasta alcanzar al menos la dramática cifra de 326.000 millones de euros.
6 marzo – Apenas dos días después de la carta de Von der Leyen a los dirigentes de la UE, todos ellos asumen su plan, considerándolo la hoja de ruta de la política de la Unión:
+ Que cada uno de los Estados miembros incrementen significativamente su gasto militar y la UE disponga un incremento de 800.000 millones de euros.
+ Que la UE desarrolle la estrategia político-militar, ya aprobada en 2024 y preparada en los años anteriores, 2021-2023, de acuerdo con la OTAN y EE UU.
+ Proporcionar préstamos a los Estados miembros, respaldados por el presupuesto europeo en forma de deuda común y concertada, con una dotación inicial de hasta 150.000 millones de euros. Esta financiación habrá de usarse para compras de armamento conjuntas y, sobre todo, para apuntalar grandes proyectos paneuropeos de industria militar. Todo “en consonancia con la OTAN”, a la que pertenecen 23 de los 27 Estados miembros.
+ Otras vías de financiación se formulan a través del Banco Europeo de Inversiones y de movilizar inversiones privadas, que realizará (¡con extremo interés, ante la previsión de cuantiosos beneficios dinerarios!) la oligarquía financiera mundial, vinculada a la industria armamentística y de ‘investigación’ militar.
Todos estos discursos y malolientes ‘anuncios de gasto militar’ reflejan la locura y el sentido de la lógica estatal -razón de estado- que fatalmente se impone a los gobernantes de cualquier signo, forzados a aparentar que ignoran lo que el más ingenuo de los hombres (salvo Pedro Sánchez y sus homólogos) y mujeres (salvo Úrsula von der Leyen y sus homólogas) sabe. Esto es: que la carrera de armamentos absorbe ingentes recursos que se necesitan para favorecer el desarrollo de los pueblos y acabar con el hambre y la explotación de millones de seres humanos y que la industria militar provoca guerras y retrasa su final, representando un quiste maligno que mata en la misma medida que crece y que arruina en la misma medida que sus consejos de administración y accionistas se enriquecen.
El sueño de que un régimen de desigualdad económica, política y social, pacífico y armonioso, pudiera resultar capaz de resolver la competencia entre rivales mediante el pacto y la diplomacia sutil, es eso: un sueño, una ilusión. Por cuanto la posición que cada Estado ocupa en el escalafón jerárquico del orden internacional (lo que le permitirá el acceso a los bienes y recursos dispersos por todo el planeta) depende del poder militar que disponga y de la amenaza cierta de estar en disposición y voluntad de usarlo contra el que se presume será más débil. Esto es lo que hoy está en juego:
Que la decisión de EE UU de reafirmar su supremacía absoluta en el orden mundial choca con la realidad de otros estados y países que no están dispuestos a facilitárselo -en primer lugar, China-. Para lograrlo, EE UU necesita en primer lugar, incrementar su ya desmesurado poder y gasto militar y, en segundo lugar, desanimar a quienes rivalizan con él por el acceso a los recursos y el control de la economía y la política mundiales. Es ahora, cuando la Unión Europea, pretende solicitar a EE UU compartir parte del botín, prestándose a un gasto extraordinario militar, que se pondrá a su disposición en la sangrienta confrontación que se avecina.
Ante este funesto delirio de los gobiernos, la clase trabajadora en su conjunto -local, nacional e internacionalmente- debemos reaccionar y definir nuestra insurgencia y voluntad de transformación social. No sin antes precavernos de los planteamientos de cierta izquierda política, que viene sosteniendo la posibilidad histórica de un régimen capitalista en lo económico y autoritario-estatal en lo político (aunque se llame demócrata, como EE UU o hacen los miembros de la UE), que alcanzase a dirimir la rivalidad geopolítica y corporativa que le es propia, mediante el pacto y la diplomacia sutil ‘pacífica’ entre estados y pueblos. Pues lo cierto es, que mientras rija sobre la humanidad el privilegio, por un lado, y el mando, por el otro, de unas colectividades y seres humanos sobre otros, habrá guerras, sufrimiento, devastación y barbarie … y nuestra insurgencia, nuestro NO colectivo habrán de continuar.

