Editorial
Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.
Rafael Amor
La barbarie genocida que Israel y sus cómplices –principalmente EEUU y la Unión Europea- vienen ejecutando sobre el pueblo palestino, es ya tan monstruosa que apenas queda espacio para reaccionar, salvo el instinto primario de huir, cerrar los ojos y tratar de ponerse a salvo, ¿a salvo de qué?, pero sobre todo ¿a salvo qué?
A estas dos preguntas está respondiendo con inaudita lucidez y ejemplaridad el pueblo palestino. Quien está ahora mismo librando una batalla desigual para salvar, incluso con la muerte y el sufrimiento extremos, lo que pudiera restar en este siglo desgraciado de humanidad y libertad, propias y ajenas. Su numantina y solitaria resistencia, por más que tildada de ‘terrorista’ por sus asesinos, desvela la radical criminalidad de las democracias occidentales, capitaneadas por EE UU y la UE.
Israel ha creado en esta última semana un organismo oficial, al que su gobierno encargará llevar a cabo la “Solución Final del problema palestino”. Es decir, la tarea de programar y ejecutar el plan de Deportación y Operación de limpieza étnica de los habitantes de Gaza, primero y de Cisjordania después. Esta nueva Agencia estatal será quien asuma la organización del genocidio de modo equivalente -en estructura, función y procedimientos- al Comisariado para el Fortalecimiento del Pueblo de Sangre Alemana, dirigido por Heinrich Himler, y de las unidades móviles de Acción Especial de las SS, ejecutores del holocausto judío durante la II Guerra Mundial.
La reanudación el pasado 18 de marzo de la operación de exterminio organizada por Israel contra la población de Gaza y la continuidad de la “Operación Muro de Hierro” en el apartheid de Cisjordania, se producen casi dos meses después de la firma de un acuerdo de alto el fuego con Hamás, pero también, tras un mes de bloqueo por el gobierno sionista que impide avanzar a la segunda fase del acuerdo de alto el fuego, que debería incluir conversaciones sobre el fin de la guerra y el inicio de la reconstrucción de Gaza a cambio de la liberación de todos los cautivos israelíes restantes.
Durante semanas, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha evitado iniciar la segunda fase del acuerdo, con las excusas más inverosímiles y descarnado cinismo. Ya a principios de marzo, el ejército de Israel cerró el cruce de Rafah, entre Gaza y Egipto, y bloqueó la entrada de toda la ayuda humanitaria a Gaza. El impacto del cierre fue inmediato: el hambre, la sed y la imposibilidad de asistencia sanitaria se generalizaron en toda la Franja, y con ellas el señorío de la muerte por desnutrición e inacción debilitante.
Estas ‘medidas’ israelíes, que violan flagrantemente los términos del alto el fuego y de la pusilánime legislación internacional de ‘derechos humanos’, no cabe interpretarlas de otro modo que el anunciado por el propio gobierno israelí en octubre de 2023 y esta misma semana actualizadas urbi e orbi en proclamas de Netanyahu y sus ministros:
+ Organizar contra la población de Gaza un ataque aún más feroz de los que lleva sufrido, con un doble objetivo. En primer término, arrasar todo habitáculo posible, incluso las ruinas de los edificios ya demolidos y, al mismo tiempo, matar a un mayor número de habitantes, hasta que ningún gazatí pueda albergar esperanza sensata alguna de que se le permitirá sobrevivir en Gaza.
+ Provocar el desplazamiento masivo de los sobrevivientes a la matanza. Sea por la ‘huida’ amañada hacia otros países limítrofes. Sea acarreando a dos millones de personas a golpes de fusil y muerte por el propio ejército israelí, hacia países cuyos dirigentes se dejarían comprar (dinero para su enriquecimiento propio y para armamento al ejército y milicias locales que garanticen su dictadura y expolio de los habitantes propios).
+ Por último, una vez logrado el exterminio de los palestinos gazatíes en Gaza, anexionar la Franja al estado de Israel, repartir las tierras y bienes de los palestinos a nuevos ‘colonos’ judíos y, si acaso, otorgar los beneficios de la ‘reconstrucción’ y disfrute de Gaza a los ‘amigos’ de EE UU y la UE, que tanto les ayudaron y permitieron llevar a cabo su macabra gesta.
La primera de estas acciones ya se está llevando desde principios de marzo. La segunda le está resultando más costosa. De momento, ni Egipto, ni Jordania, lo han aceptado, ni tampoco se han dejado convencer los gobiernos de Sudán, Somalia o la república autoproclamada de Somalilandia. Pero siguen en ello, para lo que Israel ha creado en esta última semana un organismo, encargado llevar a cabo el plan de deportación y operación de limpieza étnica de los habitantes de la Franja palestina.
La nueva Agencia estatal, incluida en el organigrama del ejército y ministerio de Defensa “será la encargada de intentar que los palestinos abandonen Gaza … preparar y permitir el paso seguro y controlado de los residentes de Gaza para su salida voluntaria a terceros países … y actuar conforme a la visión del presidente de Estados Unidos, para que éste tome el control de la Franja”.
Con las solas armas de su voluntad y dignidad, lucha agónicamente el pueblo palestino contra el destino aciago que trata de imponerle la banda terrorífica que hoy ostenta la hegemonía y el poder económico, militar y mediático mundiales. ¡No dejemos que tal cosa suceda! ¡No dejemos ir por la alcantarilla de la insolidaridad y la cobarde inacción, nuestra propia oportunidad de construir para nuestra descendencia un mundo mejor! Articulemos la desobediencia civil y movilicemos con todas las armas a nuestro alcance, hasta lograr el fin del genocidio y se haga realidad: ¡Palestina, y con ella la dignidad y libertad de todos y cada uno de nosotros, ¡vencerá!

