Editorial
Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.
Rafael Amor
Desde 1948 en adelante, el exterminio del actual pueblo palestino, habitante secular en la región histórica de Palestina, desde los altos del Golán al mar Mediterráneo, viene siendo programado y cumplido a plazos -cada vez más criminales y horrendos- por el movimiento nacionalista judío, el sionismo, (inicialmente, extranjero en Palestina) primero al amparo de una Resolución infame de la ONU (la partición de Palestina) y, enseguida, con la complicidad necesaria de los Estados Unidos y países integrantes de la OTAN (fundada en 1949).
Encumbrados en el poder ‘democrático’ por una mayoría de la sociedad israelí -ya enajenada de sí misma y de toda humanidad, dispuesta a comportarse del mismo modo horrendo que la Alemania nazi, asesina de sus abuelos-, los actuales dirigentes de Israel valoran que están en situación de hacer cumplir su propósito: el exterminio del pueblo palestino en su país ancestral, apoderarse de su territorio y, culminada con éxito la limpieza étnica de nativos, colonizar la Franja de Gaza y, claro está, la actual Cisjordania, a la que cambiarán el nombre, rebautizándola con el nombre de resonancias bíblicas correspondiente.
Tras dos años de destrucción y genocidio en la pequeña Franja de Gaza, el asesinato de decenas de miles de personas, muchas de las cuales han sido enterradas vivas bajo los escombros de sus casas y edificios o martirizadas por el hambre y la maquinaria bélica del terror israelí, cuando la ‘Victoria de los Asesinos” parece ya no tener marcha atrás -más de dos millones de personas condenadas a muerte están siendo fríamente ejecutadas o arreadas a algún infierno de ninguna parte- una serie de países, principalmente de la UE, que han participado -y continúan haciéndolo en este siniestro y permanente Progom contra el pueblo palestino-, anuncian ahora la declaración simbólica de reconocimiento de un inexistente Estado Palestino, en un país al que ningún habitante tendrá derecho a defender, a riesgo de ser considerado “terrorista”.
No es en vano que las declaraciones de tan simbólico ‘reconocimiento’ realizadas por los gobiernos de España, Reino unido, Francia o Portugal…, lleguen en todos los casos precedidas de una ‘condena’ como ‘terroristas’ de las organizaciones de resistencia palestina, llámese Hamás, la OLP de Arafat o, ni siquiera tenga nombre, pues es un niño palestino con una piedra en la mano o una madre palestina embarazada, que lleva en su vientre a un futuro terrorista.
Esto es, una vez más, esos gobiernos -renovadamente cómplices en el genocidio palestino e incapaces de librarse de su mentalidad colonialista, ruindad codiciosa y ansioso autoritaritarismo geopolítico- tratan de imponerle a las gentes palestinas lo que hasta el momento no ha logrado Israel, pese a la brutal fuerza desplegada: que renuncien a la libertad como colectividad humana y acaten el destino prefabricado que les han diseñado, en favor de la impunidad de sus asesinos.
Se trata de ‘reconocer’ retóricamente un estado inexistente, a cuenta de declarar impune y garantizar el éxito del genocidio en la Franja de Gaza y la colonización incesante de la Cisjordania ocupada militarmente, que lo hacen inviable. Baste con recordar que el inicio de todo el horror que siguió a 1948, fue precisamente la indigna decisión de la ONU de dividir la Palestina histórica en dos Estados fronterizos.
Como ha dicho recientemente el profesor Ignacio Gutiérrez: “Volver a hablar sobre un Estado palestino equivale, una vez más, a legitimar al agresor y allanar el camino, ojalá nos equivoquemos, a un nuevo desastre para el pueblo palestino, la gran víctima de esta mascarada de criminales sionistas, gerifaltes occidentales hipócritas y dirigentes árabes colaboracionistas”.
Por razones todavía no explicadas, el Secretario general de la CGT, Miguel Fadrique, aplazó sine die la celebración de la Plenaria del Comité confederal de la CGT, anunciada para el 7 de octubre y que debería debatir la convocatoria de una segunda huelga general en todo el estado español por el fin del genocidio, ocupación militar y apartheid en Palestina, previo llamamiento a todas las organizaciones sindicales y sociales para la movilización conjunta lo más amplia posible, tanto en su convocatoria como en su realización y declaración de objetivos.
Este anuncio, había motivado el anterior editorial de La Campana (VII Época, n º 79), en el que nuestro sindicato (CGT Pontevedra) y portavoz (semanario La Campana) consideraban “la imperiosa y urgente necesidad de convocatoria de Huelga general y Jornada de movilización”, reclamando a los gobiernos español y de la UE de modo inmediato:
“Que reconozcan la legitimidad histórica y ética de la lucha e insumisión de las gentes palestinas por la libertad, la vida, el pan y la dignidad, valiéndose de los medios y procedimientos que estén a su alcance, frente a la opresión, el despojo y la violencia asesina que sufren a manos del sionismo nazi de Israel y sus cómplices.
Y, por tanto, que cese la criminalización de la resistencia y lucha emprendida por el pueblo palestino frente a los genocidas que tratan de exterminarlo en su propio país. Ha de dejarse expresa constancia de la razón moral, histórica, que asiste al pueblo palestino a reclamar su libertad y a luchar por expulsar al ejército y al estado que, por robarles su territorio y país, programa el exterminio de sus habitantes originales. Este es el derecho a la resistencia y rebelión que ha de reconocerse a las gentes palestinas y, al tiempo, a todos los habitantes del planeta, sea cual sea su nacionalidad o colectividad humana, el derecho y el deber de participar con la gente palestina en la lucha común contra cualesquiera enemigos de la humanidad entera.
Y, en coherencia con esa primera decisión:
+ Que declaren y lleven a efecto la ruptura inmediata con Israel en todos los ámbitos, económicos, políticos, comerciales o diplomáticos, al menos hasta el cese del genocidio y la política de colonización y apartheid.
+ Que procedan a sancionar y embargar a todas las empresas, públicas o privadas, que colaboren en el genocidio del pueblo palestino y en la colonización ilegal de tierras palestinas.
+ Que declaren a todos los miembros del gobierno y mandos militares israelís responsables del holocausto genocida y el apartheid.

