VII Época - 81

Editorial

Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.

Rafael Amor

El horrendo plan diseñado por los dirigentes sionistas entre 1947 y 1948 para llevar a cabo de modo inexorable, paso a paso, la expulsión del pueblo palestino del país en el que habitaba y apoderarse de sus ciudades, pueblos, tierras y hogares y, una vez culminada con éxito la limpieza étnica de nativos no judíos (la gran mayoría de la población), continuar la expansión de su naciente Estado de Israel y colonizar con gentes judías la Franja de Gaza y claro está, la actual Cisjordania y el Este de Jerusalén, está a punto de alzarse con la victoria, convirtiendo la zona en un campo de exterminio, ya desnudo de vidas palestinas.

En estos momentos, la Franja de Gaza y gran parte de Cisjordania son lugares devastados, en los que apenas sobreviven cinco millones de personas, convertidas por la maquinaria propagandística y bélica de Israel en meros fantasmas condenados a muerte, desprovistos de humanidad alguna. Todo ello, con el ‘argumento’ de que frente al poder mortífero de Israel, contando con el patrocinio, financiación y amparo de EE UU y la Unión Europea, nada podrán hacer las gentes palestinas para defender -tierra, aire, agua y vida- lo que codician, tanto el estado de Israel como la mayoría de la sociedad israelí, ambas absolutamente desprovistas -¡ellas sí!- de todo signo de humanidad.

Más aún, en la pretensión de Israel ni siquiera podrán nunca los palestinos -ni ellos, ni nadie- reclamar contra el crimen que con ellos se comete. Ya que las autoridades de Israel, amparadas en la bestial fuerza militar que poseen y en la impunidad otorgada por quienes sí podrían detenerlos, se atribuyen soberanamente la capacidad de matar, extorsionar y asediar a cientos de miles de personas hasta el exterminio, sin que por ello puedan ser acusadas, señaladas, responsabilizadas y reconocidas como los criminales de guerra y lesa humanidad que son. Y, bajo el espectro de tan infame doctrina, tampoco los palestinos, sus víctimas, deberán ser reconocidos como personas con el deber y el derecho a defender sus vidas y raíces. Este despreciable poder es el que Estados Unidos y la Unión Europea, incluido el gobierno español, están garantizando al Estado de Israel.

Tras dos años de destrucción y genocidio israelí en la pequeña Franja de Gaza y decenios de apartheid sangriento y saqueo de Cisjordania, una serie de gobiernos de España, Francia, Portugal o Reino Unido anuncian ahora la declaración simbólica de reconocimiento de un inexistente Estado Palestino, al que sin embargo, ninguno de sus habitantes tendrá derecho a defender, a riesgo de ser considerado “terrorista” y, por ello, ser eliminado y, con él, sus familiares y vecinos.

Como decíamos en el anterior editorial de La Campana (VII Época, nº 80) “no es en vano que las declaraciones de tan simbólico ‘reconocimiento’ …, lleguen en todos los casos precedidas de una ‘condena’ como ‘terroristas’ de las organizaciones de resistencia palestina, llámese Hamás, OLP o, ni siquiera tenga nombre, pues es un niño palestino con una piedra en la mano o una madre palestina embarazada, que lleva en su vientre a un futuro terrorista”.

A mayor cinismo, los presidentes de España, Francia, Portugal, UK … rematan esta nueva estrategia contra el pueblo palestino, afirmando que la autoridad legítima que representará ese “Estado” ahora reconocido, no podrá ser otra que la Autoridad Palestina y el anciano nonagenario, Mahmud Abás. Un presidente vitalicio (sin elecciones, desde hace más de 20 años), dispuesto a garantizar con su firma que el nuevo “Estado” palestino, bajo su presidencia sicaria de facto, permanecerá por siempre desarmado y como lo que ahora mismo es, una reserva racista controlada por el ejército israelí, cada día más reducida geográficamente, ahora mismo a apenas el 22% de la Palestina histórica.

Ese ‘bantustán étnico’ que ahora mismo llamamos “Territorios de Palestina ocupada militarmente por Israel” está  parcelado en tres regiones (Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este) sin conexión territorial entre sí, de las cuales, una de ellas, la Franja de Gaza, está siendo arrasada para su incorporación inmediata a Israel, la segunda, Cisjordania, alberga 750.000 colonos israelíes en asentamientos ilegales, guardados por el ejército, pero cuyos habitantes palestinos están sometidos a un ominoso régimen de apartheid, recluidos en aldeas y poblados separados por la red de asentamientos israelíes, vallas, muros, chekpoints, tierras y carreteras de uso exclusivo israelí, permanentemente vigilada por el ejército. De la tercera, Jerusalén, ya pronto desaparecerá el ‘barrio árabe’, asfixiados por las nuevas construcciones ‘judías’ que lo invaden.

Así pues, los gobiernos español y demás, anuncian el ‘reconocimiento” de un Estado vacío territorialmente en el que el 100% de su superficie está actualmente ocupada militarmente por Israel, cometiendo sobre sus habitantes incesantes crímenes de guerra, de lesa humanidad y genocidio, desde hace decenios y cuya población palestina se encuentra en trance de exterminio. Baste con recordar el momento en que Israel fue acusado y condenado por la Asamblea general de la ONU de ‘genocidio’, tras la masacre en 1982 de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, cuando durante tres días, entre el 15 y el 18 de septiembre, más de mil personas, incluidas mujeres, niños y ancianos, fueron degolladas en una calculada operación militar, dirigida por el general Ariel Sharon.

El llamado “reconocimiento” del Estado palestino por estos países queda reducido a un gesto simbólico o de pura ‘distracción cosmética’ y ‘mascarada’ dirigida a la sociedad civil que se está ahora mismo movilizando contra el genocidio y avergonzando a sus propios dirigentes por su intriga a favor de Israel, si no es que se acompaña de inmediato de otras acciones. En primer lugar, como ya venimos señalando desde hace dos años:

+ Que se reconozcan de inmediato y a nivel internacional la legitimidad histórica y ética de la lucha e insumisión de las gentes palestinas por la libertad, la vida, el pan y la dignidad, valiéndose de los medios y procedimientos que estén a su alcance, frente a la opresión, el despojo y la violencia asesina que sufren a manos del sionismo nazi de Israel y sus cómplices. Que se declare a todos los miembros del gobierno y mandos militares israelís responsables del holocausto genocida y el apartheid.

+ Que se declaren nulas y sin efecto todas las anexiones territoriales realizadas por Israel sobre el territorio palestino y se asuma la soberanía para decidir su destino de todos los habitantes del territorio, incluidas las gentes palestinas de los campos de refugiados en el exterior, sin exclusiones étnicas, religiosas o culturales.

+ Que declaren y lleven a efecto la ruptura inmediata con Israel en todos los ámbitos, económicos, políticos, comerciales o diplomáticos, al menos hasta el cese del genocidio y la política de colonización y apartheid. Y, en consecuencia, se proceda a sancionar y embargar a todas las empresas, públicas o privadas, que colaboren en el genocidio del pueblo palestino y en la colonización ilegal de tierras palestinas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *