VII Época - 85

Editorial

Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.

Rafael Amor

A propuesta del gobierno de Trump, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó este 31 de octubre, la Resolución 2797 que, si por un lado, acuerda extender por un año más el mandato de la Misión Internacional de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental, MINURSO por el otro, de forma contradictoria, insta a las partes a entablar negociaciones “tomando como base la Propuesta de Autonomía de Marruecos”, con miras a alcanzar una solución política definitiva y mutuamente aceptable “que garantice al pueblo del Sáhara Occidental el derecho a la autodeterminación”.

El texto de la Resolución fue promovido por el denominado «Grupo de Amigos del Sáhara Occidental», que incluye a EE UU, Rusia, Gran Bretaña, Francia y España. De nuevo el imperio de la traición y la neo-lengua, utilizada como un instrumento del cinismo internacional de los estados, capaz de presentar como ‘amigos’ del pueblo saharaui a quienes intrigan, financian y apoyan la invasión sangrienta, apropiación y colonización del antiguo territorio, primero posesión colonial (1884) y después provincia española (1958–1976).

La Resolución busca ofrecer un marchamo de legitimidad internacional al Plan que Marruecos había planteado en 2007 (tras más de 30 años de boicot criminal al referéndum), posteriormente respaldado en 2020 por la Administración de Donald Trump y a cuyo carro se subió el gobierno de coalición español, presidido por Pedro Sánchez, en 2022. En este asunto, el papel representado por el gobierno español, el país responsable internacional de llevar a cabo la descolonización del Sáhara, es lamentable e indigno.

En el Plan marroquí se hace referencia a una Propuesta de Autonomía del Sáhara Occidental en el seno del reino de Marruecos, como ‘alternativa’ (vacía de contenido) a la exigencia de la legislación internacional del pronunciamiento en Referéndum de los habitantes de un territorio pendiente de descolonización.

En esta sesión, el Consejo de Seguridad volvió a mostrar profundas divisiones internas. De los 15 miembros del Consejo votaron a favor nueve (4 + 5): EE UU, Francia, Reino Unido y Dinamarca, más Corea del Sur, Eslovenia, Grecia, Guyana, Sierra Leona, Somalia y Panamá. Estos últimos, meros compinches de los tres primeros, a cuenta de un ‘salario’ suficiente para sus corruptos gobernantes, pero, por lo mismo, ruinoso para sus pueblos.

Los representantes de Pakistán, Rusia y China explicaron que su abstención en la votación respondía al compromiso con una posición histórica basada en el derecho internacional, respecto de los procesos de descolonización, en los que la ‘libre determinación’ es un principio inviolable y esencial para el orden internacional.  Por su parte, Argelia decidió no participar en la votación y así enfatizar su rechazo a una resolución “contraria a la doctrina de la ONU sobre la descolonización”, siendo así que “la autodeterminación no es una frase retórica, sino un principio jurídico imperativo” y que “solo una solución que respete ese derecho garantizará una paz duradera en la región”.

De hecho, más que consolidar una supuesta victoria diplomática de Marruecos y sus compinches, la Resolución aprobada ha puesto de manifiesto, en primer lugar, la fractura internacional en torno al futuro del Sáhara Occidental y, en segundo lugar, la renuncia fraudulenta e indigna del gobierno PSOE-Sumar a cumplir con el papel institucional de España, responsable internacional de culminar el proceso de descolonización del Sáhara, con el pronunciamiento ineludible en referéndum de los saharauis.

El pueblo saharaui se enfrenta ahora a una nueva fase decisiva, siendo plenamente consciente de que su capacidad real para enfrentarse al invasor ha sufrido con esta votación un duro golpe. Queda al pueblo saharaui esforzarse por quebrar la complicidad del poder internacional con Marruecos. Para ello cuenta con poco (o mucho, según se valore).

En primer término, con su tenaz decisión y voluntad de librarse del yugo que buscan imponerle, aún a costa del sufrimiento y el exilio en los arenales desérticos del Tinduf argelino, y lograr la libertad de elegir su propio destino como pueblo libre.

En segundo lugar, con el apoyo más o menos explícito de aquellos que tienen intereses en la zona contradictorios con los del monarca marroquí y lo que este representa (gendarme de EE UU y la UE, aliado de sus intereses económicos y geopolíticos), como los representados por los 84 países que ya han reconocido la República Árabe Saharaui.

En tercer lugar, el apoyo solidario de las gentes españolas y de otros países, necesario para sostener las comunidades en el exilio de los campamentos en el desierto y de los saharauis irredentos que residen todavía en su país invadido, y forzar al gobierno español de turno para que revierta la traición al pueblo hermano, que viene ejecutando desde hace más de tres años.

Esta historia y este episodio, repiten la sempiterna conjura de los Estados (marroquí, español, estadounidense …) contra las gentes y los pueblos, que solo puede ser desbaratada por la solidaridad internacionalista. Por ello, quiere este editorial campanero y anarcosindicalista ser un llamamiento para que hagamos expresa y redoblemos nuestra solidaridad con el pueblo saharaui, pues ama la libertad como pocos y lucha por ella tenazmente.

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