Editorial
Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.
Rafael Amor
El mundo llamado ‘occidental’, hegemonizado política, financiera e ideológicamente por Estados Unidos, en consorcio básico con los países de la UE, Gran Bretaña, Canadá, Australia y otros, vive ahora bajo el signo de los “asesinos impunes asociados”. Impunes sí, pero cada día más necesitados de conseguir e invertir ingentes cantidades de dinero, con las que sostener las estructuras, equipamientos, y recursos militares exigidas por el orden geopolítico global homicida que representan, regido por los intereses del capitalismo, en aras del lucro y el poder privado y privativo de una despiadada élite gobernante.
El gobierno español -actor de segunda fila en este tinglado- sin necesidad ni ganas de debatirlo en el Congreso y, mucho menos, de hacerlo presente en el debate público, decidió hace pocos días escenificar el ‘préstamo’ inmediato del Estado al sector industrial armamentístico y de defensa, con la friolera de 14.200 millones de euros, al objeto de financiar los 31 Programas Especiales de Modernización militar (PEM) aprobados este año.
Se trata de Programas, diseñados para disparar el gasto militar y cumplir con las exigencias de la Unión Europea (Plan Rearm – 2025) y de la OTAN (acuerdo del 24-25 de junio, adoptado por los 32 países miembros en la sede del Foro Mundial de La Haya). De modo que, pese a su enormidad, el anuncio de esta regalía financiera del Estado, hecha pública hace pocos días, no representa más que una parte del incremento del gasto militar que se avecina, pues aún no ‘se sabe’ a cuánto ascenderá finalmente el presupuesto global de los contratos PEM, la mayoría de ellos (98%) concentrados en tres grandes adjudicatarias: Indra, Airbus y Navantia. Por supuesto, el gobierno y las empresas del necro-capitalismo sí lo saben, por más que discutan en buena lid de compinches en el ajo, de qué partidas sociales -educación, sanidad, atención, etc- deberán sacarlo.
Plan europeo Rearm – Con la excusa del enfrentamiento provocado Ucrania / Rusia -en cuyo origen y desarrollo posterior cumplió un papel esencial el intento por EE UU y sus aliados europeos de expandir la OTAN hasta la misma frontera con la Federación Rusa- las políticas de militarización y rearme de la Unión Europea se reforzaron extraordinariamente, a costa de otras partidas de los presupuestos estatales, estas sí sociales: educación, sanidad, equidad y cuidados, cooperación, etc.
En cifras, la desmedida iniciativa de la Comisión Europea, cifró las necesidades del ‘rearme’ propuesto en 800.000 millones de euros, de los cuales 650.000 millones serían aportados directamente por los Estados miembros y los 150.000 restantes en préstamos para inversiones en defensa, que por supuesto habrá de devolver el país solicitante, a mayor o menor interés pactado.
A modo de justificación, los dirigentes europeos, usaron frente a sus ciudadanos de la retórica bélica que, como es sabido, se fundamenta en el engaño deliberado, la estrategia del camuflaje y el arte de la mentira eficaz, dirigidos tanto al adversario como a la población propia, que habrá de morir o matar y empobrecerse, para que otros se enriquezcan y vanaglorien. Apelaron a una “presunta necesidad de organizar en términos militares -guerra- la defensa-ataque de los países europeos ante una hipotética confrontación con una imaginaria Rusia con ínfulas imperiales y un presidente soberbio, Vladimir Putin, preventivamente declarado como el enemigo de ‘Occidente’ a batir.”. En pocos meses, se promocionaron desde el Comisariado Europeo eslóganes tales como “si Europa quiere evitar la guerra (que nos declarará Putin), Europa se ha de preparar para la guerra” … “la era del dividendo por la paz ya pasó”, etc, etc.
Exigencias de la OTAN – Al mismo tiempo que la Comisión Europea y todos los países miembros de la UE, incluido el español, optaban por el militarismo y el rearme como panacea para resolver los problemas del capitalismo propio, la reunión de los 32 países miembros de la OTAN celebrada el 24 de junio en La Haya, bajo la presidencia del presidente de EE UU, Donald Tump, acordaba alcanzar el 5% del PIB en gasto militar en el año 2035. Todos los presentes eran muy conscientes de que para lograr esta ingente ‘inversión’ en gasto militar, como dijo el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, “los ciudadanos europeos deben aceptar sacrificios con recortes en sus pensiones, sanidad y seguridad social”. Y así lo están haciendo todos.
Confiados en el poder de ‘persuasión’ y ‘narcotización’ de la Industria mediática sobre las poblaciones europeas -cuya pavorosa eficacia está más que demostrada en el tratamiento del genocidio palestino-, los dirigentes de los Estados europeos, todos ellos al unísono, sin excepciones, están logrando embaucar a sus sociedades respectivas para que acepten dócilmente el sacrificio de renunciar a la financiación de derechos sociales vitales y, en definitiva, la colaboración ciega en el impulso al militarismo creciente al lado de un EE UU, cada vez más necesitado de una guerra a gran escala que restaure su declinante, pero todavía inmenso y temible, poder imperialista.
Nada de esto es inevitable. Tal como venimos insistiendo: desde La Campana, desde nuestro sindicato, volcados en la lucha anarcosindicalista por una sociedad en la que prime la libertad sobre el autoritarismo, la solidaridad sobre las fronteras, el reparto de la riqueza social y colectivamente construida sobre la usurpación privada, la fraternidad sobre la guerra … volcados -decimos- en esa lucha reiteramos nuestra negativa a participar en este tinglado siniestro del militarismo y su industria, sino es luchando contra ellos y por su abolición.

