VII Época - 107

Editorial

Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.

Rafael Amor

Hay un Planeta del Capital y la Guerra, de la explotación social y laboral, del simulacro de orden y razón enajenada del poder de algunos, pocos, sobre otros, la gran mayoría … tan cierto como hay un Planeta en el que habitan decenas, cientos de millones de personas que se defienden y luchan contra esos males que sufren.

En el día de ayer, un oscuro intento de magnicidio (mejor denominación sería neciocidio, por ser atentado a un poderoso necio) de un genocida y asesino orgulloso de sus colosales atrocidades, ha despertado el lagrimón fingido y oportunista de los jerarcas occidentales del mundo. Sin embargo, la mascarada mediática internacional fabricada sobre este suceso, no puede distraernos del truculento hecho de que el gasto militar mundial hubiese alcanzado en 2025 los 2,887 billones de dólares -lo que representa un aumento de casi el 3% (2,9) respecto a 2024- y que España entrase en el grupo de los quince países del mundo que más gasto militar tienen y lo hace en una proporción mayor que cualquiera de ellos: un 50% con respecto a 2024, hasta los 40.200 millones de dólares. Este incremento en 2025 de la carga militar alcanzó en España el 2,1% del PIB, frente al 1,1% de 2016.

Según el Informe del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo hecho público este mismo lunes, en 2025 el gasto militar creció en prácticamente todas las grandes regiones del mundo. Se trata de una ingente inversión económica de fondos estatales que nace alentada por las exigencias de las grandes corporaciones del capitalismo belicoso. Sean los sectores financieros (la denominada Banca armada) o las colosales agrupaciones empresariales (enteramente privadas, estatales o mixtas) de la industria y la investigación militar o los grandes consorcios multinacionales del comercio de pertrechos y armas para la guerra.

Hoy por hoy, los consejos de administración de estas entidades -enajenados por la pasión del lucro y del poder que a él está siempre asociado- asisten emocionados ante las enormes expectativas de negocio que pone a su disposición la rivalidad bélica y la carrera armamentística. Y, sobre todo, ante la garantía de éxito seguro para sus chequeras que supone el autoconvencimiento doctrinario de las cúpulas políticas de los estados nacionales más poderosos, conforme la posición que cada Estado ha de ocupar en el escalafón jerárquico del orden internacional debe depender del poder militar que se disponga y de la voluntad cierta de estar en disposición y voluntad de usarlo, por más sangre, horror o miseria que produzca. Bajo este prisma ideológico -hoy asumido como uno de los principales, sino el principal, factor regulador del orden geopolítico-, el rango alcanzado en esa escala, es lo que permitirá a cada país sicario obtener la autorización de los más poderosos para poder emplear la fuerza, la violencia o la corrupción y, con ello, acceder a los recursos que ofrece la naturaleza susceptibles de ser transformados en dinero capital -minerales, suelo, agua, fauna, flora, deseos, necesidades … incluso seres humanos previamente estigmatizados como mercancías o tildados de ‘recursos’ a disposición-, estén en el propio territorio o en país ajeno.

Para garantizarse su puesto de preeminencia en ese ranking, Estados Unidos, reafirmándose en su condición de brazo armado del capitalismo democrático-occidental, sigue siendo el número uno en gasto militar (y también en ventas), la gran mayoría forzadas. También Europa experimenta un fuerte incremento, con una subida del 14% de su inversión belicista.

Estas cifras confirman la tendencia hacia un mayor militarismo y acciones bélicas en el planeta. Lo que viene confirmándose desde tiempo atrás. 2025 es el undécimo año consecutivo en que se produce el incremento mundial del gasto militar, con un crecimiento de la carga militar global hasta un 2,5% del PIB, su nivel más alto desde 2009.

Esta decisión militarista gravita y gravitará con mayor fuerza en los próximos meses sobre la economía social de todos los países implicados. Se gastarán ingentes cantidades de dinero para producir nada (pues menos que nada, es producir miedo, muertes y devastación) y se volcará el esfuerzo productivo de millones de personas en el pozo sin fondo del militarismo. Esfuerzo y trabajo que, inevitablemente, se restarán a la solidaridad y a la atención de las necesidades y servicios sociales.

Claro está que, para que este truco siniestro funcione, les es necesario a los poderosos, construir al mismo tiempo que su riqueza y poder, la impotencia, la indefensión, la geografía tricontinental del hambre, la miseria y pobreza extremas, en la que habrán de residir más de dos mil quinientos millones de personas, malviviendo en condiciones paupérrimas. No teniendo otra escapatoria que la huida, si es posible, la resignación si es soportable, la bandería deshumanizada si es sufrible, la esperanza fatua si es veraz o, en el más humano de los casos, el valor y el arraigo suicidas frente al opresor y el asesino. Pues, al fin y al cabo, es ley de vida luchar contra la muerte.

Como ya ha editorializado La Campana hace tiempo, construir semejante orden y dispendio militar no resulta fácil ni incruento. Para sostenerlo habrá que continuar matando, encarcelando, ejecutando genocidios y crímenes de lesa humanidad, torturando, aterrorizando y, también, cegando, ensordeciendo … a millones de personas en todas partes y en todo tiempo. Y aunque los jefes de tan horrible tinglado, así como sus servidores locales … se apliquen a ellos con gran aparato y siniestra pompa, resultarán impotentes para evitar el día que ha de venir, cuando la reclamación de los hoy sentenciados pongamos punto final a su necesaria mascarada.

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