Editorial
Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.
Rafael Amor
Este viernes llegó a la redacción de La Campana la noticia -todavía no confirmada- de la detención de Leonard Peltier, acusado de abandonar a sus 82 años el domicilio en el que permanecía confinado desde enero de 2025, tras haber soportado casi 50 años de prisión.
Se confirme o no la noticia, la mera posibilidad de que tal situación se haya podido producir pone de manifiesto la sombría naturaleza del régimen y sociedad estadounidense, capaces de construir y consumar el inmerecido castigo sufrido por el inocente prisionero. Del mismo modo que lo hacen y ponen en evidencia las posibilidades ciertas -en todo caso necesarias y urgentes- de la intifada internacional en solidaridad con el pueblo palestino, que no acaba de estallar … o de la rebelión generalizada contra un régimen capitalista y estatal jerárquico que sólo en 2025 condenó a cerca de 300 millones de personas a la hambruna y a más de 2000 millones a la agónica miseria … o la ansiada insurgencia contra el militarismo, la guerra y el afán de lucro privado que saquean sin freno por todas partes.
Durante ese periodo -el más largo y sufriente de su vida entera, entre 1977 y 2026- Leonard Peltier fue la víctima inocente de una siniestra conjura, en la que intervinieron cientos de personas. Todas ellas interesadas en no reconocer la inocencia de Peltier, pues ello pondría en evidencia tanto su criminal y voluntaria participación en los escalofriantes hechos como la desoladora naturaleza de la estructura institucional -EE UU- en la que sirven y a la que están encadenados. Se trata de una acción criminal en cadena que dura ya 50 años.
En ese tiempo, los aparatos judiciales y sucesivos gobiernos de EEUU – Jimmy Carter, Ronald Reagan, George H. W. Bush, Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama, Donald Trump, Joe Biden, Donald Trump- han puesto cada uno su grillete en la infame cadena que castiga a un inocente rebelde: Leonard Peltier.
Todo comenzó hace 110 años, en Dakota del Sur (EE.UU.).
En la mañana del 28 de diciembre de 1890, los militares vigilaban a 400 indios prisioneros que, hambrientos y ateridos de frío, habían sido arreados hasta el arroyo de Wounded Knee. Aquel día, el cielo amaneció encapotado y los desvalidos prisioneros se revolvían inquietos al otear la ventisca. El jefe sioux Pájaro Amarillo silbó sobre un hueso de águila y todos dirigieron hacia él la mirada. De pronto, se inclinó hacia el suelo, recogió un puñado de polvo, se alzó en tensa calma, levantó el brazo, abrió la mano y dejó que el viento esparciese los granos de arena. Todos comprendieron. Los prisioneros pugnaron por escapar, pero los guardianes comenzaron a disparar. Dispararon sin parar. Siguieron disparando cuando ni uno sólo de los indios quedaba en pie. Finalmente, bayonetearon, patearon, mutilaron, remataron al que se movía. Al menos 350 cadáveres, la mayoría de ellos de mujeres y niños, quedaron insepultos en la quebrada. Esta fue la gesta heroica de Wounded Knee, que mereció para sus autores las Medallas de Honor del Congreso de los EE.UU.
Leonard Peltier, que tiene ahora 82 años, nació en una reserva de Dakota. Su niñez fue la de un niño-jornalero en los inmensos campos de los blancos. En su juventud se encuentra con otros jóvenes que desean recuperar la libertad y dignidad de los pueblos indios, uniéndose a ellos. En 1972 interviene en la simbólica y pacífica ocupación de la Oficina de Asuntos Indígenas de Washington.
Al poco tiempo dos policías de paisano le asaltan mientras comía. Lo balearon y, malherido como estaba, lo llevaron detenido ¡acusándole de intento de homicidio! Afortunadamente las “pruebas” no fueron suficientes para condenarlo, aunque ya lo habían elegido como símbolo a abatir de la insurgencia india.
En 1973, el Movimiento Indígena Americano (AIM) -al que pertenecía Leonard- decidió ocupar Wounded Knee, para reclamar las tierras que les habían sido usurpadas y conmemorar la matanza de cien años atrás. Tras dos meses de asedio, el AIM accedió a retirarse de Wounded Knee con el compromiso de que sus acusaciones de maltrato criminal generalizado para con los pueblos indios serían investigadas.
Pero una vez más, el gobierno blanco de EE.UU. incumplió lo tratado. El FBI desató entonces una terrible campaña contra los militantes de AIM, cazándolos a traición y dejando sus cadáveres sobre las calles, simulando que perecían en “reyertas callejeras entre delincuentes”. Más de 60 miembros de AIM murieron de este modo sólo en la reserva de Pine Ridge, en Wounded Knee.
Para evitar ser cazados, los indios se agruparon en aldeas-comunidades que pudieran vigilar. En una de ellas, en Oglala, estaba refugiado Peltier, cuando dos policías entraron sorpresivamente en automóvil y comenzaron a disparar. Era la señal acordada para una invasión masiva de federales. Al final de la refriega había tres muertos: los dos policías atacantes y un muchacho indígena al que habían abatido.
De nuevo se desató la cacería por todo el país. Peltier fue detenido, celebrándosele un juicio-farsa, que acabó condenándolo a dos cadenas perpetúas por “doble asesinato”.
La mascarada fue sangrienta. “A Anne Mae Aquash, miembro de AIM, la amenazaron para que acusase a Peltier. No lo hizo y apareció muerta de un balazo. Entonces el FBI cortó las manos de la por ellos asesinada y se las mostró a Myrtle Poor Bear, una enferma mental que terminó firmando hasta tres declaraciones distintas -y contradictorias- en las que inculpó a Peltier. Esto bastó para condenarlo”. En 1979, cuando se conoció que las pruebas contra Peltier habían sido amañadas, el FBI presionó a varios reclusos para que lo asesinasen. A uno de ellos, Standing Deer, que sufría de terribles dolores en la médula espinal, le amenazaron con retirarle los medicamentos si no lo mataba. No quiso hacerlo, lo dijo a otros reclusos y fue por ello lobotomizado, con la disculpa de aliviarle el dolor.
De este modo y con estas tretas se mantuvo en prisión a Peltier hasta enero de 2025, cuando -por no reconocer su inocencia y el reiterado crimen con él cometido- le impusieron el confinamiento en domicilio. Puro rencor y cálculo de aparato de estado, que se sabe más fuerte cuanto más brutal la tropelía que comete y los demás le dejamos hacer. No fue fuerte el estado cuando asesinó a los indios en Wounded Knee, como no lo fue cuando las cacerías nocturnas contra AIM o no lo es cuando mantiene injustamente a Peltier confinado; pero sí lo es, cuando las gentes no nos inclinamos hacia la tierra y, como el jefe indio sioux, exigimos, ¡Libertad para todos los Leonard Peltier del mundo …, por la libertad de todas los pueblos y gentes que luchan por transformar su destino en justicia y solidaridad!

