VII Época - 114

Editorial

Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.

Rafael Amor

Una vez más urge reconocer la imperativa necesidad e incuestionable derecho de todas las personas, comunidades y pueblos –sin exclusiones racistas, xenófobas o estigmas victimarios– a defenderse y rebelarse, con todas las armas y procedimientos de los que se puedan valer y estén a su alcance, contra quienes les invaden, roban, saquean, matan a sus hijos, les bombardean y arrebatan su libertad y dignidad. Así el pueblo saharaui, como el palestino o el libanés …

El pasado domingo, 7 de junio, en el territorio del Sáhara Occidental liberado de la ocupación militar directa por Marruecos (apenas el 20% del territorio de la antigua provincia española, todavía pendiente de descolonización desde hace más de 50 años por la potencia colonial: España), el ejército marroquí asesinó por control remoto a tres miembros del Frente Polisario saharaui, entre los que se encontraba el joven jefe militar y político Lehbib Mohamed Abdelaziz. Hijo de uno de los fundadores del Frente Polisario y considerado como el más probable sucesor del actual presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), Brahim Gali.

Este nuevo ataque constituye una gravísima escalada en el violento conflicto que sufre la población del Sáhara Occidental desde hace 50 años. En 1975 el pueblo saharaui, ante la anunciada (y traicionada) descolonización de la provincia española africana, hubo de alzarse en armas, en lucha desigual, contra un enemigo aparentemente mucho más poderosos que él -el reino de Marruecos, lindante al norte- teniendo que huir de su hogar y país, adentrándose en el desierto bajo una lluvia incesante de metralla, napalm y bombas, hasta llegar a la desolada frontera argelina. Desde aquel día y hasta hoy, a pesar de las durísimas condiciones en que vive y de la dureza de la cruenta lucha contra su vecino invasor, el pueblo saharaui ha sabido construir y fortalecer su emancipación, simbolizando en la República su valeroso anhelo por la libertad e independencia y en defensa global del territorio, ancestralmente suyo, entre Marruecos y Mauritania.

Para realizar el crimen de ahora, el 7 de junio, la monarquía marroquí se valió de un ataque con drones de fabricación israelí, así como del asesoramiento militar para su uso a cargo de los expertos el área de ‘formación’ de las empresas israelíes que presumen -p.ej. en la propaganda comercial exhibida en la última Feria de armamento de Sevilla 2026- de la eficacia mortífera de sus productos, multi probada en ejercicios reales sobre la población palestina.

El cobarde asesinato se produjo en plena gira de ‘mediación’, con escalas en Marruecos y en los campamentos de refugiados saharauis en el Tinduf argelino, del enviado de la ONU para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, quien probablemente estaba sutilmente informado de la intriga para llevar a cabo los asesinatos. Considerándolos por parte de Marruecos, en primera instancia, como una señal de bienvenida a la siniestra ‘realpolitik’ de uso en la zona desde hace más de 50 años y, en segundo lugar, como la reafirmación ante la ONU de que toda ‘solución’ a las demandas de autodeterminación del pueblo saharaui -por siempre reconocidas, pero nunca cumplidas- pasan por la “base negociadora” de la propuesta de autonomía ofrecida por Marruecos.

Todo ello, con la garantía de impunidad que le ofreció recientemente la presidencia de EE UU de Donald Trump (con amenaza incluso de calificar la lucha armada por la autodeterminación del pueblo saharaui en la lista de actividades ‘terroristas’) y, sobre todo, la coalición gobernante española, PSOE- Sumar. En un acto política, histórica y éticamente indecente, digno únicamente de un irrelevante servidor de la barbarie que señorea la geopolítica internacional, Pedro Sánchez no tuvo reparo -ni mereció por parte de sus aliados, otra cosa que vacuos reproches retóricos, desprovistos de toda energía y verdad- en abdicar, en tanto que potencia colonial administradora, tanto de sus promesas a los saharauis como de su función histórica de llevar a cabo la descolonización del Sáhara, con el respeto debido al derecho internacionalmente reconocido a la autodeterminación del pueblo saharaui.

El triple asesinato, se acumula a una larga serie de violencias y agresiones conocidas y/o ejecutadas en el mes de mayo y principios de junio de este mismo año. Así, la denuncia de las  condiciones inhumanas a las que se sigue sometiendo a los presos políticos saharauis de Gdeim Izik (detenidos tras el brutal desmantelamiento del campamento de protesta levantado en 2010 cerca de El Aaiún), las denuncias de torturas y confesiones forzadas en comisarías y centros de detención, las huelgas de hambre en cárceles marroquíes, el hostigamiento a activistas, nuevas imágenes de violencia contra población saharaui en El Aaiún ocupado o la desaparición del joven saharaui, Daha Mohamed Fadal Lahbib, cuya familia denunció que ha sido arrojado vivo al mar durante la travesía desde Bojador hacia Lanzarote, falleciendo ahogado y su cadáver desaparecido..

Ante semejante política críminal de estado, el gobierno español, se limita a pedir al rey de Marruecos “prudencia”, cuidándose muy mucho de evitar condenar las actuaciones marroquíes, confirmando así la declaración efectiva de impunidad a Marruecos, sea cual sea la atrocidad que cometa para garantizarse la anexión ilegal del Sáhara Occidental.

Como decíamos en anteriores editoriales campaneros: ¿Hasta cuándo durará esta ignominia, escrita por los poderosos de turno frente a un pueblo insurgente, en justa rebeldía e irredenta dignidad? ¿Hasta cuándo el pueblo del Sáhara se verá obligado a resistir como refugiado insurgente en el desierto a la ocupación marroquí?

Sabemos que resistirá épicamente, como lo viene haciendo desde hace 50 años, mientras actúe la solidaridad internacional. Pues si esa falla, los matarán. Y serán los Mohamed, los Pedro Sánchez, los Trump… los asesinos y, con ello, también nosotros, los vencidos.

¡Por un Sáhara Occidental libre! ¡Por la dignidad y la solidaridad entre todos los que luchan y, pese a la desigual fuerza, no claudican! ¡Como el pueblo saharaui, como el pueblo palestino … que vienen haciendo de su causa, la causa común en la que todas las comunidades, pueblos y gentes debiéramos estar empeñados!

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