Editorial
Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.
Rafael Amor
En la reunión Plenaria del Comité confederal de la CGT, celebrada el pasado 21 de octubre en Torrejón de Ardoz, el Secretario general (SG), Miguel Fadrique, se comprometió a la celebración en plazo del XX Congreso de CGT-2026, incluyendo su convocatoria en el Orden del Día de la próxima Plenaria.
Previamente al anuncio de ese compromiso, el SG de Galicia, nada más iniciarse la Plenaria, había dado lectura al acuerdo de su confederación: “Por sexta vez (Plenarias del 21 de junio y 8 de octubre de 2024, 28 de enero, 8 de abril, 4 de julio de 2025 y 21 de octubre), el Secretario general de CGT no ha incluido en el Orden del Día de las Plenarias confederales los puntos que venían siendo propuestos en tiempo y forma por Galicia”, entre ellos, la “convocatoria de un Congreso extraordinario”, que devolviese a los sindicatos la voz que le usurpan unos Comités confederales absolutamente incapaces, que, una y otra vez, renuncian a sus propias competencias y obligaciones estatutarias.
Hagamos pues, todo lo necesario para que este anuncio -aunque haya sido pronunciado a regañadientes y con dos años de demora antiestatutaria- encamine a la organización hacia el final de uno de los periodos más lamentables en la historia de la CGT.
Desde hace tres años venimos sufriendo un cainita suma y sigue de expulsiones de sindicatos llevadas a cabo en fraude estatutario … de inhabilitaciones de afiliados sin razón ni causa … de censuras y desprecios a Confederaciones Territoriales … de usurpación por Secretariados Permanentes (SP’s) de una capacidad de decisión que los estatutos taxativa y explícitamente le niegan, etc, etc. Se trata de hechos repetidos, en los que el Secretario general de CGT siempre actuó de mala parte, contando con un Comité confederal que, cobarde o torpemente, lo vino consintiendo.
Tras estos comportamientos, hay, claro está, una oscura red de intereses privados y también unos responsables conscientes de sus actos. Cada uno con su cálculo, cada cual con sus objetivos particulares, pero todos ellos concordantes en la necesidad que tienen de una organización jerarquizada, en la que ellos y otros de su suerte puedan como ‘jefes’ manejar a la ‘base’ sometida. Pues semejante agresión a una organización sindical que hasta hace bien poco venía creciendo en militancia y presencia en cada vez mayores y más amplios espacios de la lucha sindical y social, está siendo fraguada en el seno y por arriba de la propia CGT, con la intervención de algunos cargos de relevancia orgánica, varios de ellos notoriamente vinculados a grupos e intereses político electorales, pero también por puro interés personal.
Hace más de dos años, editorializábamos en La Campana, que no era la primera vez en la historia de la lucha social -ni tampoco, desgraciadamente, será la última- que una organización nacida y surgida en defensa de un ideal de libertad, justicia o emancipación es traicionada por sus propios líderes, contraviniendo de modo perverso los principios y reglas que estaban obligados a cumplir y a hacer cumplir. Tampoco es la primera vez -ni tampoco, afortunadamente, será la última- que ocurre que una organización se rebela y aparta de su camino a aquellos de sus representantes que traicionan la confianza puesta en ellos y dinamitan con sus decisiones la dignidad de la lucha y acción colectivas.
Lo cierto es que la CGT ha llegado a tal punto de deterioro que el único modo de intentar restañar la ruptura provocada y evitar en la medida de lo posible la sangría que ya se está produciendo, será la celebración de ese Congreso de la CGT “que resuelva la situación en términos de democracia directa y anarcosindicalista, es decir, por los sindicatos reunidos en Congreso, cada uno con su voz y representación directa, unidos en el pacto federal que nos define” y, de este modo, afirme la columna vertebral del anarcosindicalismo definida en los estatutos y acuerdos congresuales de la CGT.
Estos son los fundamentos con los que hemos de afrontar el próximo XX Congreso, esforzándonos en llevarlos a cabo con la voluntad puesta en forjar en estos pocos meses la militancia capaz de restaurar en el próximo Congreso el anarcosindicalismo hoy acosado.
Y como primera tarea, la obligación de que ese Congreso abra las puertas. Y una vez oídos y en presencia de todos los sindicatos y entes confederales afectados por expulsiones, desfederaciones, inhabilitaciones, etc, afronte la unidad confederal.
E, inmediatamente, explicitar que tipo de organización tenemos y queremos, tanto en su estructura y funcionamiento interno como en su finalismo y acción sindical y social cotidianas. Resumidamente: Una organización sindical libertaria y autónoma (ni autoritaria ni subordinada) … finalista en su lucha por la transformación social (y no reformista) … en permanente lucha solidaria contra toda forma de la desigualdad económica y opresión social … que no reconozca en su seno centros de poder alguno (sin jefes, ni burocracias, ni jerarquía) … igualitaria y asamblearia (y no corporativa, ni estamental, ajena a grupos de confluencia y lobby’s paralelos) … regida en su toma de decisiones por los principios de democracia directa (y no de delegación representativa y electoralista), federalismo (y no centralista), de acción directa (no mediatizada ni mediada, en la que el protagonismo de la acción y la organización recae siempre en la propia clase trabajadora …
No es la primera vez que la militancia anarcosindicalista se ve en la necesidad de no dejarse arrebatar sin lucha la experiencia histórica ejemplar de una organización sindical que camine en libertad, con poder decisorio desde los sindicatos, desde abajo arriba, sin jefes que puedan decidir por la afiliación, sin banderías que puedan gangrenar la organización con su autoritarismo y burocracia implícitas. En ello estamos y, por ello, avancemos hacia ese Congreso restaurador y en él, construyamos con lúcida resistencia el irredento compromiso de la militancia anarcosindicalista con la lucha social de la clase trabajadora en pos de una sociedad justa, solidaria y plenamente libre.

