TODO EL PODER A LOS SOVIETS, UNA PARADOJA PARA ESCONDER EL AUTORITARISMO
Partiré de una paradoja cierta y de un paralelismo: la distancia entre las tesis de Lenin en el “Estado y la revolución”, texto escrito entre agosto y setiembre de 1917, poco antes del Octubre rojo, y las nuevas formas institucionales construidas inmediatamente después de la toma del poder; he ahí la paradoja. El paralelismo lo trazo con las actuaciones sobre los sindicatos del Secretariado permanente de la CGT, el Comité confederal y ahora la Comisión organizadora del Congreso.
La fecha de redacción del texto de Lenin da entender que, en ese texto, Lenin está preparando las que entiende que van a ser las nuevas formas de gobierno, pues estaba ante una revolución inminente. Con todo, hay una enorme discrepancia entre lo que ahí se expone y las instituciones posteriores. O, por lo menos, aunque en apenas los primeros meses podemos asistir a un cierto tanteo con formas más abiertas o al mantenimiento de los soviets, a partir de principios de 1918 las cosas tienden a ponerse peor y a aumentar el poder del partido en detrimento de esos otros órganos.
El texto de inicio para nosotros podría ser el de los acuerdos de nuestro último congreso, el XIX Congreso Confederal celebrado en Zaragoza en el 2022. Los acuerdos reflejados en el “libro de acuerdos” publicados y a disposición de quien quiera en la web de CGT, harmonizan con algunas de las ponencias presentadas por la asamblea de mi sindicato, el SUTSO CGT de Pontevedra, para este futuro congreso de la CGT que se celebrará, si no hay otro golpe de timón, en Parla, Madrid. Tanto al referirse al modelo sindical, indiscutiblemente libertario, con todo lo que esto significa, como desarrollan las primeras páginas del “Libro de acuerdos” sobre el proyecto sindical y social de la CGT, como en las últimas páginas referidas a incumplimientos de acuerdos y donde leemos, “Cuando repasamos el contenido de nuestros Es-tatutos Confederales vemos claramente, ya lo hemos dicho, que sólo en el Art. 31 se menciona cómo debe procederse y quién tiene capacidad en nuestra Organización para expulsar de la misma a una persona afiliada. En la más pura lógica confederal, sólo los sindicatos en su Asamblea, y razonadamente, pueden tomar dicha determinación y decidir algo así. Si le diéramos tal potestad al Comité Confederal, o a éste Congreso, de decidir sobre la expulsión de una persona afiliada al Sindicato de AADD de Terrassa, o a cualquier otro de los que conforman la Confederación (cosa que, como ya hemos ido exponiendo, ni está prevista ni amparada en nuestros Estatutos), estaríamos modificando de facto no ya los Estatutos, haciendo a su vez caso omiso de los mismos, es decir, violentándolos, estaríamos modificando la propia forma de organización de la cual nos hemos dotado… Por todo lo cual, el XIX Congeso Confederal adopta en relación a este punto el siguiente ACUERDO: No procede la expulsión del afiliado Josep Maria Pi Janeras, ni tampoco procede instar a ello al Sindicato de AADD de Terrassa”.
En otras de las ponencias presentadas por mi Asamblea, rechazadas ahora por la Comisión organizadora del Congreso de Parla, la cosa es más simple, o tan simple como la anterior, “repasar los estatutos” y aplicar “la más pura lógica confederal”.
Nuestras ponencias fueron debatidas y aprobadas en asamblea y presentadas por y en nombre de nuestro sindicato, no por ninguna vanguardia de individualidades, esto es substancial, por lo que rechazar a la Asamblea del SUTSO está “violentando nuestros estatutos” y “modificando la propia forma de organización de la cual nos hemos dotado”, además de generar, como no podía ser de otra manera, nuestra más enérgica y absoluta repulsa.
El libro de acuerdos del congreso de 2022 también nos advierte que “Desde hace varios Congresos asis-timos a la constante aparición e incorporación de nuevos aires de cambios en nuestra organización, incidencias que únicamente pretenden modificar las estructuras fundamentales de nuestras posiciones históricas, fun-dacionales, esenciales y distintivas de nuestra organización”. En nuestro sindicato, hasta la compañera más incrédula y buenrollista, pilla esos “nuevos aires” tras el rechazo de nuestras ponencias, rindiéndose ante la evidencia e identificando a líderes y responsables eólicos, es decir admitiendo que existe una “banda” dentro de la CGT, tal y como se viene advirtiendo en este semanario.
Pero volvamos a Lenin, aunque antes debo insistir en que mi intención es hacer un paralelismo, para nada mostrar acuerdo con las tesis leninistas. En aquel texto, Lenin aboga por profundizar el modelo de la Comuna de París, Lenin dice que “el Estado surge en el sitio, en el momento y en la medida en que las contradicciones de clase no pueden objetivamente conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado demuestra que las contradicciones de clase son inconciliables”, presagiando que cuando se produzca la victoria de la revolución la masiva organización de los sectores populares, especialmente de los soviets, irá “extinguiendo” el poder del Estado. Para Lenin, el Estado se define básicamente como un poder político represor, mientras que tras la revolución, en un primer momento, adquiere tareas de contabilidad y control de la producción. Lenin infravalora la inserción del Estado en la producción y en el propio capitalismo y enfatiza su papel represivo.
Sin embargo, tras la revolución, enfatiza el papel estatal de gestor de la producción e infravalora su papel represivo. Contradictoriamente, ya que desde finales de 1917, el poder soviético interviene en las fábricas para limitar las atribuciones de los comités fabriles y supeditarlos a órganos regionales y locales, especialmente a los soviets y, posteriormente, al Consejo superior de la economía nacional, al que se transfieren las tareas de coordinación y dirección centralizada de la industria. Ciertamente, Lenin no veía ninguna contradicción entre el hecho de mantener la autonomía de las fábricas bajo control obrero y la necesidad de aumentar la centralización, ya que entendía que la “disciplina voluntaria” es la base del poder obrero.
En junio de 1918, se promulga el decreto de nacionalizaciones que afecta a todas las empresas mineras, metalúrgicas, textiles, madereras, eléctricas… Dichas empresas podrán ser administradas por sus antiguos propietarios bajo la supervisión de gerentes nombrados por el Consejo de economía nacional y un Consejo en que los obreros constituyen una tercera parte. El concesionario podrá quedarse con las ganancias de la empresa en caso de haberlas.
Para enero de 1919, Lenin y su “banda” bolchevique piensan que los soviets deben convertirse en organismos de disciplina y control, al igual que los sindicatos, de tal modo que pasan de ser un órgano de expresión política y, en cierta forma, de gobierno, a un órgano de aplicación de una política centralizada con fuertes matices represivos…y así se hizo.
Y decía que no muestro mi acuerdo con un Lenin socialista y prerrevolucionario, desde hace décadas que guardo el libro de Luigi Fabbri, el padre de Luce, “Dictadura y revolución”, escrito entre 1919 y 1920, en respuesta al “Estado y la revolución” y analizando la masa contradictoria de informaciones parciales y tendenciosas que se emitían desde la Rusia revolucionaria, así como sus desviaciones, llegando a profetizar sus derivas. A Luigi no le interesaban las discusiones bizantinas o fanáticas, ni el cruce de floretes para un ínfimo sector, puso de relieve, la vieja y eterna contradicción entre libertad y autoridad. Escribió el libro con angustia, para evitar los errores en que cayeron las y los rusos.
Con la misma angustia escribo esta paradoja paralela, respecto al análisis no lo puedo hacer mejor que mis compas Campaneros. Desde que Luigi desenmascaró para siempre al Partido comunista, solamente el anarcosindicalismo es capaz de aspirar a la libertad y a la revolución. No ha habido otra propuesta con suficiente fundamento y coherencia. Poco a poco, todos los movimientos sociales, incluso los comunistas como el EZLN, o el asociacionismo, han ido haciéndole caso a Luigi y adoptando modelos organizativos anarcosindicalistas, aunque después demuestren que no los entienden o los traicionen, al mismo tiempo que se apoderan de ellos. Efectivamente, creo en la organización; no en la espontaneidad que incluso me desespera cuando confluimos en las luchas y compruebo el desgaste y el derroche militante y la poca capacidad de movilizar a la clase obrera.
Como propuesta anarcosindicalista, posiblemente nuestra CGT sea la propuesta más sólida existente en todo el planeta hoy en día. Esto se debe a muchas circunstancias, pero quiero resaltar una que a mi entender es fundamental, la enseñanza directa, el testimonio directo, transmitido a través de unas pocas generaciones de como se construye y como se organiza un sindicato revolucionario y libertario, es decir “estructuras fundamentales de nuestras posiciones históricas, fundacionales, esenciales y distintivas de nuestra organización”, como reafirmaba el Congreso de 2022.
Si la Revolución rusa desesperanzó a parte de la clase obrera en la consecución de un camino posible para lograr un mundo nuevo, que un Congreso de la CGT admita que una comisión, por muy organizadora que sea, se empodere para rechazar a la Asamblea de un sindicato es igualmente desesperanzador porque cuestiona la propia capacidad del anarcosindicalismo, como propuesta finalista y emancipadora, para no caer, como la Revolución rusa, en el autoritarismo, y por tanto ser derrotado definitivamente.
