DEFENSA DE LA SALUD PÚBLICA

El 94% de la población española respiró aire contaminado en 2019

Durante 2019, más de 44 millones de personas continuamos respirando aire contaminado en España. Es decir, el 94% de la población estuvo expuesta a unos niveles de contaminación atmosférica que superan las dosis máximas de sustancias dañinas para la salud recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Así lo concluye el Informe anual 2019 de calidad del aire presentado por Ecologistas en Acción.

El estudio de los efectos de la contaminación atmosférica, la vigilancia de los índices de calidad del aire y la intervención para proteger la salud de la población de los riesgos del aire contaminado son aplicaciones fundamentales en Epidemiología y Salud Pública, a menudo olvidadas por las autoridades políticas.

Para apreciar la magnitud de la agresión a la salud pública que representa la exposición a un aire contaminado, baste recordar los datos ofrecidos por la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), según los cuales cada año «se registran alrededor de 30.000 muertes prematuras en el Estado español por afecciones derivadas de la contaminación del aire”. Para el Instituto de Salud Carlos III, 10.000 de ellas fallecen en episodios de alta contaminación como los registrados a finales de febrero y junio y a mediados de julio de 2019″. A su vez, señalan que «los costes sanitarios derivados de la contaminación atmosférica representan al menos 50.000 millones de dólares al año, un 3,5% del PIB español, según el Banco Mundial».

Los esfuerzos de los gobiernos y de las grandes corporaciones industriales y emporios del sector de la Información y el Espectáculo (medios periodísticos audiovisuales, radio y TVs’ y de prensa escrita) para desviar la atención sobre aquellos factores que afectan con tan suma gravedad e intensidad a la salud pública son en verdad muy eficaces. Contra ese muro de mentiras, ruido ensordecedor y silencios selectivos, apenas alcanzan repercusión pública los estudios e informes elaborados por los más prestigiosos centros de investigación científica y médica, por más verídicos y fundamentados que sean. Pese a todo, se va abriendo paso en la conciencia pública la evidencia de que la contaminación atmosférica tiene efectos inmediatos sobre la mortalidad.

El citado Informe anual 2019 de Ecologistas en Acción analiza los datos recogidos en 805 estaciones oficiales de medición instaladas en todo España. Según el informe, la contaminación atmosférica se ha mantenido en general estable, con una reducción general de los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2), pero ascensos de los de partículas en suspensión y dióxido de azufre (SO2), mientras la contaminación por ozono troposférico se ha mantenido estacionaria. Todos esos agentes contaminantes, arrojados en grandes proporciones a la atmósfera por la actividad humana, afectaron a dos tercios de la población del Estado. Por ciudades, Barcelona, Granada y Madrid siguieron incumpliendo los límites legales de NO2, hecho que llevó a la Comisión Europea a denunciar a España ante el Tribunal Europeo de Justicia.

La principal fuente de contaminación en áreas urbanas, donde se concentra la mayor parte de la población, es el tráfico motorizado. El informe apunta también a que determinadas áreas fabriles y el entorno de las grandes centrales termoeléctricas de carbón y otros combustibles fósiles son estas fuentes industriales que condicionan de manera decisiva la calidad del aire. Asimismo, el transporte aéreo y marítimo juegan también un papel importante en la calidad del aire del entorno de aeropuertos y puertos.

En este sentido, todas las organizaciones sociales y sindicales, como la CGT o como los autores del Informe que comentamos, Ecologistas en Acción, preocupadas por la defensa de la salud pública, defienden la necesidad de potenciar el transporte público y social, los vehículos no contaminantes, como la bicicleta, y el tránsito peatonal, así como, entre otras no menos urgentes, favorecer el uso de fuentes de energía limpias, promover el ahorro energético, cerrar las centrales térmicas de carbón, penalizar el diésel, reducir las emisiones del transporte por carretera, aéreo y marítimo y así hasta que el aire de nuestras ciudades y pueblos, del planeta entero, sea limpio y saludable.

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