Nueva tragedia ante la costa canaria

Al menos ocho inmigrantes perdieron la vida al volcar una patera

En la tarde del 24 de noviembre, al menos otros ocho inmigrantes han muerto ahogados en aguas canarias al chocar la patera en que viajaban hacinados contra la escollera del muelle de Órzola, en la isla de Lanzarote. Tras el choque, la frágil embarcación volcó, arrojando al agua a las 35 personas que portaba. Pese a las condiciones de mala mar, 27 de los tripulantes lograron sobrevivir, fuese alcanzando la orilla a nado o por el auxilio de algunos vecinos que, viendo los hechos, se arrojaron al agua para recogerlos.

Como decíamos en el editorial de La Campana de hace 15 días (La Campana, VI Época, nº 20 del 17 de noviembre), “de nuevo, la sangre de inmigrantes sin culpa cubre el mar” cuando “diferentes naufragios de pateras y embarcaciones precarias con inmigrantes, han llevado a la muerte a más de un centenar de personas, entre ellos varios niños de muy corta edad”. A esta fatídica estadística, hay que sumar esta semana al menos ocho nombres, muertos cuando estaban a punto de culminar su travesía.

Se da la circunstancia que los responsables del puerto de Órzola, situado en la costa norte de Lanzarote, en una zona costera abierta directamente al oleaje, habían iniciado apenas diez días antes la reparación urgente del muelle, para evitar el “riesgo de colapso y desplome” y, de este modo, “garantizar la seguridad del puerto que conecta Lanzarote con la isla de La Graciosa”. Los trabajos habían comenzado el 11 de noviembre con la retirada de escombros para proceder a la reparación del cantil y adosar al paramento actual un nuevo cantil en paralelo al existente con capacidad portante propia que una vez construido apuntale el anterior, que quedará detrás del nuevo.

En estas circunstancias, tras el choque, en horas de niebla y cercana la noche, con mala mar y fuerte oleaje empujando la patera hacia el muelle, sobrevino la tragedia en pocos minutos, por más que el suceso ha coincidido con la presencia de varios equipos de Cruz Roja y la Sociedad de emergencias desplegados en el puerto de Órzola, que estaban preparando un barco que trasladaba a Lanzarote a los 28 inmigrantes que habían llegado horas antes a la islita cercana de La Graciosa. Esa circunstancia ha hecho que el rescate se pudiera organizar con la mayor rapidez, porque los accidentados se hundían en la misma orilla, mientras varios vecinos de Órzola se lanzaban al mar a socorrerlos.

Todos los supervivientes son varones de origen magrebí en aparente buen estado de salud, por más que, según el testimonio de los propios ocupantes de la embarcación, en ella viajaban también mujeres y niños, cuyos cadáveres aún no han aparecido. Dado lo avanzado de la tarde, al dispositivo de rastreo organizado por el Consorcio de Emergencias y Seguridad de Lanzarote, hubo de incorporarse un helicóptero de Salvamento Marítimo, el único con capacidad de actuar de noche, y un dron de la Policía Local de Arrecife. Asimismo, los bomberos han realizado en el agua un rastreo perimetral para tratar de localizar a los inmigrantes en paradero desconocido.

Alguna de las autoridades que se acercó al lugar, calificó los hechos como un drama fruto de la “mala suerte”, lo que desmiente la brutal repetición de los hechos. El archipiélago canario ha sido escenario de una escalada en la llegada de inmigrantes africanos: más de 18.000, alrededor de la mitad en el último mes, han alcanzado las islas este año en peligrosas travesías por el océano Atlántico desde África a bordo de precarias embarcaciones. Decenas de ellos han muerto. La respuesta del Gobierno de coalición del PSOE y Unidas Podemos es exactamente la misma -quizá ahora con mayor impunidad- que la que daba el Gobierno del PP cuando gobernaba.

Nada hay de fortuito ni de casual en esta mortandad, por la que tantos y tantos trabajan: legisladores que aprueban leyes de extranjería inhumanas … capitalismos voraces que, en provecho propio, arruinan países enteros y lanzan a millones de personas a buscarse la vida allí dónde les parece que tintinea el dinero y la paz que ansían poseer, pero les han arrebatado …

Efectivamente, en esta historia no hay “suerte” alguna que se libre. Ni “buena suerte” para los que sobreviven y llegan a Europa, ni “mala suerte” para los que mueren en el camino, pues la cadena de la explotación y el hacha que selecciona y saja es la que, en todo caso, permanece. Ni la rapidez del naufragio, ni la indiferencia del mar, ni siquiera el indigno silencio con que se trata de ocultar la crueldad, pueden ocultar la lentitud con la que obran los responsables verdaderos de estas muertes repetidas a los pies de la Frontera entre Europa y África, o, mejor dicho, entre la ilusión mentida de una Europa (vista por los africanos como poderosa y rica, pues bien saben que les roba y saquea sus bienes y tierras) y las míseras gentes, campesinas y obreras, habitantes desafortunados de aquellos territorios esquilmados por el Occidente rico y ruin.

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