LA PARRALA DEL SALARIO MÍNIMO

El artículo del compañero mantiene todo el interés y plena vigencia después de que este gobierno de coalición haya decidido “no decidir” sobre el salario mínimo interprofesional.

Escribo estas líneas a finales de diciembre, sin saber todavía si el gobierno ha decidido subir el Salario Mínimo Interprofesional para el año 2021. Por lo que nos dice la prensa, todavía no está claro si el SMI subirá o no y, todavía menos claro, en qué cuantía.

Pero, ¿en realidad hay algún motivo para que el SMI no suba apreciablemente el año que viene? No parece existir más motivo que el deseo de parte del gobierno de no enfrentarse al empresariado, rabioso ante cualquier medida que supongo un alivio para los trabajadores y cazurramente consciente de que cada euro que aumente su gasto es una pérdida para sus bolsillos. Otra parte del gobierno, sin embargo, afirma que el incremento del SMI supondrá un beneficio no solo para los trabajadores, sino también para los propios empresarios, ya que así se incrementará el gasto, será beneficioso para la economía general y toda la demás palabrería economicista habitual.

Para nosotros, sin embargo, no hay alternativa en esta sociedad inicua: la clase obrera tiene derecho a participar de la riqueza que genera y esta participación ha de ser suficiente para tener una vida digna. Las retribuciones deben cubrir las necesidades de alimentación, vestido, vivienda, energía, ocio y cultura sin estrecheces, sea cual sea el oficio de cada quien. Por lo tanto, es imprescindible e inexcusable la subida del Salario Mínimo, sea cual sea la situación económica o la coyuntura política, y debe ser fijada su cuantía en función de las necesidades, al menos hasta que una nueva sociedad acabe de una vez por todas con todas las injusticias.

¿Qué podemos esperar entonces del gobierno actual? Caben varios escenarios:

  1. Que decidan no subir el SMI para el año 2021. Esta iniquidad, con millones de trabajadores y trabajadoras pobres, será responsabilidad de todos los partidos del gobierno, aunque se hubiesen manifestado partidarios del incremento. Simplemente habrán antepuesto la continuidad en el poder a una justicia mínima. Será una más de esta nueva socialdemocracia, más proclive a la prédica que a dar trigo.

  2. Que decidan subir el SMI en una cuantía mínima, en línea con la subida a los funcionarios y a los pensionistas. Esta subida, estimada en unos 8,55 euros mensuales, ridícula para quienes tienen ingresos que no llegan a la subsistencia, será vendida como un gran avance y como cumplimiento de las promesas electorales, sin tener en cuenta que lo prometido es llevar el Salario Mínimo hasta el 60% del salario medio, como marcó como insuficiente objetivo la Comisión Europea. Supondría que el SMI debería estar establecido (en 2020) en 1028,96 euros por 14 pagas anuales. En la actualidad está en 950 y la subida hasta 958,55 quedaría muy lejos aún de ese 60%.

  3. Que decidan cumplir sus promesas y que la subida sea sustanciosa. Por simple experiencia, es de temer que esto no será lo que acuerden, sino que lo real será alguna de las alternativas anteriores.

Y nosotros, ¿qué? Bien está la lucha por la mejora de los convenios colectivos, y ese objetivo no puede dejarse a un lado, pero no podemos olvidarnos de los colectivos que más sufren por no tener convenio propio y estar sujetos a la normativa general laboral. No tienen representación sindical –mucho menos pueden esperar de esa representación ficticia global que se reconoce al sindicalismo pactista- y, por lo tanto, su situación dependerá en gran parte de la solidaridad de clase, de la movilización social, de la lucha colectiva y, en definitiva, de la conciencia de pertenecer a la misma clase obrera. Debe ser para nosotros, las organizaciones anarcosindicalistas, prioritaria la lucha en este terreno porque sólo así podemos ir preconfigurando una sociedad más justa e igualitaria.

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