DELTA DEL NIGER

LOS ENGAÑOS DE LOS PODEROSOS Y DE SUS VOCEROS

A esto, los cínicos progresistas y demócratas del mundo, lo bautizaron con el nombre de ¡Victoria! “¡Victoria de los agricultores del Delta del Níger contra la petrolera Shell, que deberá pagar una indemnización a tres agricultores nigerianos afectados por el impacto de los derrames ocurridos hace más de diez años!” (periódicos Diario.es, El País, ambos del 03.02.2021, etc.). Continúa el reportaje: “Tras 13 años de batalla jurídica, un tribunal holandés ha concluido en una sentencia histórica que la filial nigeriana de la multinacional anglo-neerlandesa Royal Dutch Shell es la responsable de la contaminación causada por los vertidos de petróleo sobre las tierras de los agricultores de dos localidades del delta de Níger ocurridas entre los años 2006 y 2007. El combustible se extendió sobre una superficie de alrededor de 60 campos de fútbol, por lo que la compañía deberá indemnizar a tres de los cuatro campesinos nigerianos demandantes. Según el fallo, la filial de Shell actuó ilegalmente al permitir que se produjeran las fugas y al no limpiar la zona contaminada.”

¿Victoria? ¿Qué, Victoria?

Hace 20 años escribí en una página de La Campana de entonces (II Época, nº 167 del 11.06.2001): DELTA del Níger. Era serpiente de flora verde y agua; hoy, una inmensa cloaca a cielo abierto, un maloliente campo de petróleo y árboles agonizantes. Las gentes del pueblo Ogoni, en el delta del Níger, comparten con otros pueblos de la región el exterminio decretado desde lugares con extraños nombres que apenas pueden pronunciar, … por por ejemplo Shell Oil Corporation, por ejemplo, Banco Mundial.

El Banco Africano de Desarrollo, grupo del Banco Mundial, celebró en Valencia (España) a finales de mayo de 2001 una sesión en la que se preparó la concesión de un préstamo de 15 millones de dólares para un intermediario financiero que proporcionaría servicios de subcontratación a la multinacional petrolera Shell Oil Corporation en el Delta del Níger (Nigeria). El préstamo proporcionaría un fuerte ingreso de dinero en los bancos del Delta del Níger, que podrán realizar a su vez préstamos a subcontratas que se pondrán al servicio de la compañía anglo-holandesa Shell.

6 años antes, el 10 de noviembre de 1995, nueve hombres habían sido ahorcados en Nigeria. No eran los primeros, ni tampoco serian los últimos en ser asesinados por las autoridades. Aquél día Ken Saro-Wiba, de 53 años de edad, escritor de fama internacional, presidente del Movimiento para la Sobrevivencia del Pueblo Ogoni, y otros ocho militantes de la misma organización, fueron asesinados legalmente por el gobierno militar de Nigeria. Las nueve víctimas habían sido declaradas culpables de oponerse a la destrucción y saqueo de las tierras del pueblo Ogoni en el Delta del Níger por parte de la multinacional Shell, que a su vez recibe, directa e indirectamente, “ayudas” a sus proyectos de explotación del Banco Africano para el Desarrollo y el Banco Mundial. Ciertas migajas de su inmenso expolio, las distribuyó la Shell entre los gobernantes nacionales y locales nigerianos para que quebrasen, por todos los medios imaginables a todo aquél que se opusiese al pútrido lodazal en que la petrolera estaba dispuesta a convertir la vida de las gentes y pueblos del Delta.

Desde aquél día, el régimen nigeriano, por cuenta del pingüe soborno recibido de la Shell, ha procurado provocar el enfrentamiento étnico entre los grupos que viven en el Delta. Como documenta con todo detalle el premio Nóbel nigeriano Wole Soyinka “los militares han atacado pueblos, secuestrado y asesinado, vestidos como si fueran miembros de las tribus vecinas, para fomentar la división y la inestabilidad” e, inmediatamente después, volver a entrar en los pueblos debidamente uniformados y con la disculpa de restaurar el orden, detener, torturar, mutilar y ejecutar (judicial o extra-judicialmente) a quienes conoce como resistentes a la Shell.

De este color sangriento es la tinta con que el Banco Africano para el Desarrollo y el Banco Mundial -ahora los tribunales holandeses- escribieron su funesta actividad, al servicio de la Shell y su expolio inmundo. Sus tétricos frutos pueden recogerse a montones en los cementerios de las comisarias y penitenciarias nigerianas, en las bocas del Delta contaminadas y muertas, por más que sus responsables más culpables pueden encontrarse en los silenciosos y académicos salones ocupados por la burocracia internacional. Es desde la Paz de los despachos que se ejerció en estos últimos 25 años la Guerra contra los Ogoni y contra las gentes nuestras de cada lugar. Es desde ese silencio que las/los Caroline Anstey del Banco Mundial, se permiten asegurar para sus alguaciles la entrada franca en los cuarteles, patíbulos, casas de la moneda y despachos ministeriales de todas las Nigerias del mundo, donde se les puede ver cuchicheando, regateando, decretando la muerte de gentes y pueblos. ¡Esta es la Justicia, SU justicia! ¡Esta es la Victoria, SU victoria! …

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