VII Época - 14

EL SEÑUELO DE LA REDUCCIÓN DE LA JORNADA LABORAL

Hace ya 40 años -desde 1983- que la semana laboral está establecida por ley en 40 horas. La jornada de 8 horas estaba tan arraigada en el imaginario obrero que ni siquiera Franco se atrevió a modificarla, aunque, eso sí, puso a disposición del empresariado un tinglado sindical, el vertical, que convertía esta conquista en papel mojado al desarrollarse el trabajo en unas condiciones muy beneficiosas para la patronal. Por otro lado, la jornada laboral de 8 horas, durante el franquismo, se extendía sobre 6 días a la semana, sin más límite que el resultante de la operación matemática de 8×6, 48 horas semanales. En estos últimos 40 años la jornada laboral ha experimentado una reducción mínima (al menos en las estadísticas oficiales), sin que el sindicalismo habitual haya hecho gran cosa para cambiar la situación.

Los políticos, siempre sacando conejos de la chistera para arrimarlos al ascua de su afición por el poder, han encontrado un nuevo señuelo en la jornada laboral vigente en España. Así, Pedro Sánchez y Yolanda Díaz han escenificado un nuevo pacto que llaman de progreso en el que se reducirá la jornada máxima legal de 40 a 37,50 horas en el año 2025, con una paradiña de 38,50 en el año 2024. No se nos dice si será en enero o en octubre de aquel año, pero sí que la reducción será progresiva (en realidad quieren decir paulatina, poco a poco, pero lo de la progresividad les parece mas chic). Ahora, una vez alcanzado el poder por nuestros protagonistas, hemos de ver cómo se materializa este acuerdo, viendo si no queda en agua de borrajas como promesas anteriores.

Pero, en realidad ¿es tan importante la reducción de 40 a 37,50 horas semanales? No seré yo el que le quite importancia a cualquier mínima mejora de las condiciones laborales de la clase obrera, pero habrá que tener en cuenta algunas cuestiones que relativizarán y pondrán en su lugar esta trascendencia. Vamos a ello.

En primer lugar, hay que ver de dónde partimos. Si bien es cierto que la semana legal actual es de 40 horas como máximo, también es verdad que la semana laboral completa real en la actualidad es de 38,20 horas, es decir, 38 horas y 12 minutos, según las estadísticas patrias. En esto tenemos que hacer una breve parada, ya que, según Eurostat, son 40 horas y 24 minutos. ¿Cómo se entiende esto, cómo es posible que la media estadística sea superior a la semana legal? Pues sencillo: resulta que en Europa se considera que computan como jornada laboral las pausas (café, té o similares) inferiores a una hora. Claro, si en España estas pausas se considerasen todas ellas tiempo de trabajo, tendríamos un incremento de la jornada laboral computada como tal en la estadística doméstica española, aunque en la europea ya lo está.

Volvamos a dónde estábamos: una reducción de 38 horas y 12 minutos a 38 horas y 30 minutos, que será lo que establecerá el gobierno durante el año 2024 no solo es ridícula, sino que es inaplicable para una gran parte de la clase obrera al venir a proponer una semana laboral superior a la actual real. En cuanto al año 2025, la diferencia supone unos 8 minutos al día, tiempo en el que uno no podrá leer el Ulises de Joyce, pero podrá ir corriendo a la parada del autobús a ver si por suerte toma el anterior al habitual. No voy a despreciar salir ocho minutos antes del trabajo, pero lo hubiese apreciado más si pudiese llegar también antes a casa para poder disfrutar de tan magnánima concesión.

Si Yolanda y Pedro quieren tomarse en serio los problemas de los trabajadores y trabajadoras y no hacer como con la esquelética reforma laboral de la última legislatura, ahí van unas cuantas sugerencias sobre la jornada laboral y que tienen que ver con la legislación española actual, que permite todo tipo de acoso -y casi derribo- sobre esta condición de trabajo fundamental:

Acabar con el cómputo anual de la jornada laboral, estableciendo límites en su duración diaria y semanal.

Prohibir la distribución irregular de la jornada, de forma que la patronal tenga que realizar contrataciones en períodos de alta actividad.

Limitar el número de horas máximas diarias, que actualmente está establecido en 9.

Eliminar las horas extraordinarias habituales, que ahora son legalmente 80 al año sin contar las que se compensan por tiempo de descanso. Las declaradas oficialmente suponen en España 200.000 puestos de trabajo a jornada completa. Las que no se declaran -pagadas o no- son, por supuesto, muchos puestos de trabajo más.

Anular la posibilidad de modificar sin límite las horas del contrato a tiempo parcial, sea por restricción del número de horas que se puedan incrementar o por obligación de mantener los aumentos indefinidamente sin posibilidad de reversión.

Establecer los descansos semanales y diarios obligatorios, sin que sea posible negociarlos ni individual ni colectivamente.

Abordar estas cuestiones a la vez que una reducción significativa de la jornada laboral, para alcanzar cuanto antes las 30 horas semanales, es urgente e imprescindible para que se note la mejora entre la clase obrera. Conseguir un mejor reparto del trabajo y poder acudir a la empresa sin que sea una condena bíblica es vital. Trabajadoras y trabajadores tienen derecho a tener una jornada estable en el tiempo y razonable en su duración, que no impida la conciliación con la vida y el goce en lo posible de ella. Por supuesto -y también es responsabilidad del dúo feliz- es imprescindible poner los medios suficientes para comprobar el cumplimiento de la legislación laboral por parte del empresariado. Si no se hace así, cualquier modificación legislativa no será más que volver a disparar con pólvora del rey y no supondrá ninguna mejora de las condiciones laborales. Eso sí, servirá para que las Yolandas y Pedros de la vida presuman de las magníficas leyes que han hecho y de mejorar la vida de las personas. Aunque las personas no nos hayamos enterado.

1 comentario

  • María Lucila Valenzuela Fernández

    Entiendo qué las cifras que usas, estadísticas, hablan de medias o medianas. .

    Si es así no me parece muy bien el argumento desde la perspectiva del entorno ideológico en que estamos. Si usamos medias o medianas en los datos podemos encontrarnos despreciando mejoras individuales muy importantes dentro de ciertos sectores muy precarios porque a los trabajadores de «primera categoría» le supone un cambio mísero.

    Me parece genial el listado de cosas qué se deberían hacer, a la qué añadir él no subir los sueldos por porcentajes, subirlos por cantidades iguales a todo el mundo para ir reduciendo las tremendas diferencias salariales, entre trabajadores de primera, de segunda y tercera, incluso dentro de las mismas empresas

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