VII Época - 14

MOVILIZACIÓN Y LEMAS ENGAÑOSOS CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO

El ecologismo institucional y la gobernanza mundial ante su propio fracaso

Bajo el lema “Movilización climática. Ante la emergencia climática que ya sufrimos. Decisiones y no declaraciones”, la plataforma “Alianza por el Clima” convoca próximas movilizaciones en diversas ciudades para los días 2 y 3 de diciembre.

La Plataforma “Alianza por el Clima” nació en 2015, en el marco de los debates e iniciativas previos a la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21) que dio lugar al acuerdo de París del mismo año, ratificado por prácticamente todos los estados del mundo, incluida España. Desde esa fecha, la Alianza por el Clima abarca en el ámbito local, España, un amplio abanico de organizaciones y colectivos ecologistas, sociales, sindicales, de cooperación al desarrollo, vecinales, agrarias, de desarrollo rural, de consumo, feministas …

En el Manifiesto que acompaña a la movilización de principios de diciembre, Alianza por el Clima, escribe, como objetivo principal de la acción: “Exigimos a los gobiernos locales, autonómicos, nacionales e internacionales que cumplan con su deber de proteger la vida y el futuro de todas las personas. Exigimos una respuesta suficiente y adecuada contra la crisis climática que atravesamos, a través de una transformación sin precedentes que ponga en el centro a las personas, la ciencia, la salud, la reducción de las desigualdades y la justicia climática”.

Sigue después, una breve relación de los más notorios “efectos del cambio climático (que) ya impactan de forma desastrosa a millones de personas en nuestro territorio y en el resto del planeta”, de los que responsabiliza a las “grandes empresas contaminantes, transnacionales y del Ibex35”. Termina el Manifiesto con la exigencia para que “se inicien de forma inmediata los cambios necesarios para afrontar la crisis climática en las políticas energéticas, urbanas, agrarias, sociales y económicas”.

Desde hace más de 30 años, se impuso la evidencia de que los efectos desastrosos que está teniendo sobre el Planeta –calentamiento global, contaminación de la atmosfera, los suelos y las aguas continentales y marinas, pérdida de la biodiversidad y degradación prácticamente irreversible del ecosistema planetario, ruptura del equilibrio la biosfera, etc- eran el resultado de la acción humana y, de modo más preciso, del modelo de producción promovido e impulsado desde finales del siglo XVIII por el régimen político-económico capitalista (inicialmente industrial, ligado a la Revolución Industrial), fuese en la modalidad ‘occidental’ o soviética (antes de su colapso, en 1991) o china.

Pero el imperio de ese modelo de producción -finalmente, tan destructivo y lesivo para el planeta como lo que estamos hoy sufriendo- no es responsabilidad aislada de ‘grandes empresas y corporaciones industriales’ concretas (a menudo, en rivalidad de unas contra otras), sino la consecuencia fatal del propio régimen político-económico capitalista, nacido a la historia de la humanidad como fruto de la eficaz alianza (simbiosis) entre el poder del capital económico y del poder político estatal.

Por ello vienen fracasando desde hace más de 30 años, todos los intentos de apelar a las entidades responsables de la gobernanza política (sea a las autoridades de los Estados nacionales o supranacionales más poderosos, sea a las demás entidades en las que se disimula el orden jerárquico internacional, como la ONU) para que den solución a los males que ellos mismos promocionan, promueven y con los que nutren su propio poder.

No tiene el más mínimo sentido, exigir a “los gobiernos locales, autonómicos, nacionales e internacionales que cumplan con su deber de proteger la vida y el futuro de todas las personas”, porque sencillamente no fue nunca ese su “deber’, ni tampoco el sentido histórico de su existencia. Al contrario. Y, en este caso, de la ‘emergencia climática’, con mayor evidencia, el papel de las estructuras políticas estatal y gubernamental -tal y como ahora mismo estamos constando-, tanto a niveles locales (España, por ejemplo) como regionales (la Unión Europea, por ejemplo), no es el de una confrontación sino el de una complicidad cierta con el régimen de propiedad capitalista, basado en el beneficio privado y la conversión en `mercancía’ de cualquier cosa (incluso la más etérea e inútil) susceptible de ser convertida en dinero privado.

Los cambios necesario en la estructura política y económica de las sociedades y colectividades humanas que podrán dar solución a los problemas de ‘emergencia climática’ (si es que vale, tal denominación), al igual que los cambios necesarios para poner fin a las guerras, a la violencia económica y a la desigualdad terrible que encadena a la pobreza y miseria horribles a más de 3000 millones de personas, sólo vendrán de la mano de la movilización global que logre poner fin y remedio al régimen de desigualdad económica capitalista y de desigualdad social estatal y jerárquico. Mientras tanto, habrá lo que ahora hay y lo que ayer hubo, tristeza, miseria y desgracia para cientos de millones y quizá, ¡eso también1 algunos privilegios para unos pocos.

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