VII Época - 16

¿QUIÉN REPRESENTA A LA CGT?

El pasado 24 de noviembre, el Secretariado Permanente de la CGT distribuyó una circular interna “para toda la afiliación” al mismo tiempo que remitía la convocatoria de la próxima plenaria confederal. El ella, volvía nuevamente el SP a realizar acusaciones sin contenido, a amenazar a un tercio de la organización y, otra vez, a eludir su obligación de llevar esta cuestión a ese órgano, cada vez más alejado de la vida orgánica, llamado Comité Confederal. Es de suponer que la gravedad del caso venga a ser solo retórica, ya que si fuera de otra forma no se comprendería la contumacia en no convocar al CC para resolver, en su seno, la cuestión que nos lleva de cabeza desde hace un año.

Pero no es este el contenido que queremos traer a colación, sino lo que el SP ha deslizado en el último párrafo de la misiva: “…este Secretariado Permanente tomará todas las medidas necesarias que estén a su alcance para proteger a la Organización a la que representamos.” Dejando las amenazas y el descuidado anacoluto aparte -el que cambia abruptamente de tercera a primera persona la oración mencionada-, tenemos que entrar precisamente en la afirmación que hace el SP de que representa a la Organización.

Los Estatutos de la CGT, que aún siguen estando ahí a pesar del desconocimiento y desprecio que tienen hacia ellos algunos cargos orgánicos, dicen en su artículo 51 que “La Secretaría General de la Confederación General del Trabajo (CGT) ostentará la representación pública y legal de la Confederación General del Trabajo, teniendo las facultades legales que le correspondan por dicha representación, así como las que se recogen expresamente en el anexo de estos estatutos. Estas facultades serán ejercidas en asuntos de interés para la CGT siendo responsable ante la misma de su gestión.” Asimismo, en su artículo 21 indican que “La Secretaría General o, en su defecto, la Secretaría de Organización del Comité Confederal de una Confederación ostentarán la representación jurídica y pública en su ámbito territorial, perteneciendo de pleno derecho al Comité Confederal de la CGT.” También el artículo 24 reza que “La Secretaría General o, en su defecto, la Secretaría de Organización de una Federación Sectorial o de Ramo ostentarán la representación jurídica y pública en su ámbito sectorial, perteneciendo de pleno derecho al Comité Confederal de la CGT.”

¡Oh, sorpresa! Por ninguna parte de los Estatutos aparece el que el SP sea la representación de nada y solo hablan de que el SG es el representante “público y legal” de la organización con las limitaciones que los propios Estatutos imponen a quien ostente este cargo, ya que si algo está claro en la CGT es que no se elige ni papas, ni emperadores, ni gobernantes, sino solo gestores.

Entonces, si el SP no representa a la Organización y el SG no puede adoptar decisiones por si solo, ¿quién representa a la CGT, quién coordina y desarrolla los acuerdos, quién debe resolver los problemas que se presentan? Pues lo que se deriva de la aplicación sensata de los Estatutos: el órgano en el que están todos los representantes estables de la Confederación -no aquellos eventuales representantes que se designan para un comicio o un acto concreto, como quienes se puedan nombrar para negociar una huelga, por ejemplo- y este órgano se llama ¡tachán, tachán! Comité Confederal de la CGT. En él está la representación electa de la totalidad las confederaciones territoriales y sectoriales, por la experiencia puesta en común conoce a fondo la organización y, lo que es mejor, el artículo 45 de los tantas veces repetidos Estatutos dice de él que “El Comité Confederal de la CGT es el órgano que coordina y desarrolla la ejecución de los acuerdos tomados por la Organización en sus Congresos y Plenos Confederales. Está formado por el Secretariado Permanente y las Secretarías Generales de las distintas Confederaciones Territoriales y Federaciones Sectoriales.” Aquí conviene observar que, aunque el SP forma parte del CC, lo es más por una cuestión de cortesía y de eficacia organizativa -así pueden dar cuenta de su actuación cotidiana- que por su peso y representatividad orgánica, ya que, como es de sobras sabido, el SP tiene en las reuniones del CC -las plenarias- un único voto colegiado, voto que ejerce el SG como representante público y legal de la CGT, mientras que el resto de los representantes en este órgano (secretarías territoriales) tienen cada uno un voto en las cuestiones orgánicas -tantos como todo el SP en conjunto-, mientras que las secretarías sectoriales también pueden votar, pero únicamente en cuestiones reivindicativas.

Es evidente que la tendencia a convertir los SSPP en órganos decisorios está avanzando en la organización. Es mucho más fácil “convencer” a quienes formaron parte de una candidatura -que se supone homogénea- que a quienes dependen directamente de la afiliación de un territorio o sector concretos ante la que hay que rendir cuentas. El problema está en la progresiva invasión de competencias de los órganos de representación por parte de los órganos de gestión. Así, el compañero que lleva las cuentas o la formación se van convirtiendo inadvertidamente para la mayoría, pero avisadamente para una minoría avispada y autoritaria, en un grupo de poder; en definitiva, en un gobierno que se proclama legitimado porque ha sido elegido en un Congreso.

Ha sido elegido en un Congreso, sí, pero para unas tareas muy concretas: las cuestiones jurídicas, las internacionales, la formación, las pelas… No para mandar como si fueran ministerios, sino para mantener la chimenea encendida mientras los representantes plenos, el CC, hacen su labor entre Plenaria y Plenaria. Defender lo contrario es atacar directamente los principios esenciales de la nuestra Organización: la democracia y acción directas.

Volviendo a la cuestión planteada en el encabezamiento, la CGT está representada solo en ocasiones puntuales por el SG, nunca por el SP y siempre que el CC se reúne para desarrollar los acuerdos orgánicos. Defender que el SP tiene un papel preponderante en esta organización es un monumental e interesado retorcimiento de nuestra normativa y principios que no podemos, que no vamos a consentir.

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