VII Época - 19

YOLANDA DÍAZ O LA MENTIRA RISUEÑA

El pasado 19 de diciembre, el Consejo de Ministros aprobó el Real Decreto ley 7/2023, decreto de nombre larguísimo y que ha sido simplificado por el circo mediático como el decreto de mejora del subsidio de desempleo. Inmediatamente, Yolanda Díaz salió a la palestra para vendernos la maravilla de este Real Decreto y, en este acto de autobombo, fue seguida por la cuadrilla de los medios de comunicación, que no se han cortado en airear a los cuatro vientos que “Trabajo le ganó la batalla a Economía” o estulticias semejantes sin, ni siquiera, haberle echado un vistazo medio somero al texto.

Viene este Real Decreto a sumarse al nutrido montón de basura que son los continuos parches legislativos que, aunque no solucionan ningún problema real, vienen a servir de parapeto al gobierno de turno que intenta demostrar su sensibilidad por los problemas de la gente y su disposición a hacer frente a las penurias que el pueblo padece.

Modificación de la cotización para la jubilación

La primera de las mentiras, o medias verdades, o silencios si se quiere, es no informar de que la cotización para la jubilación de quienes perciban el subsidio de desempleo pasará paulatinamente de ser el 125% al 100% de la base mínima de cotización, entre el 2024 y el 2028, por lo que las pensiones futuras se verán mermadas aunque ahora se incremente -durante un tiempo- la cuantía del subsidio.

Siendo las pensiones de jubilación lo único que queda tras una vida de esclavitud y trabajo, hacer este tipo de “retoques” -retoquito del 25%-, a escondidas, es de una villanía extrema. Yolanda Díaz habrá ganado su pulso con Calviño, pero habría que preguntarse si el pulso, en realidad, no lo estarán ganando las dos a los pensionistas que reclaman la estabilidad y dignidad no solo de las pensiones actuales sino también de las futuras. Así se comprende mejor que Europa le de el visto bueno a este cambio normativo, ya que el recorte se acabará reflejando en los importes de las pensiones iniciales venideras.

La célebre compatibilidad

Nos dicen los tribuletes de la información política que, de ahora en adelante, el subsidio será compatible con la percepción de un salario durante seis meses. Sin embargo, se ocultan aspectos básicos que es necesario conocer:

El subsidio pasa a llamarse complemento de apoyo al empleo mientras se esté contratado por una empresa.

Lo máximo que se puede percibir son 180 días de complemento, sea en uno o varios contratos en la misma o distintas empresas. Se va consumiendo, igual que la prestación por desempleo y solo se podrá volver a producir si se vuelven a generar dichas prestaciones de desempleo.

La cuantía de lo percibido varía según el tipo de jornada y va disminuyendo conforme vaya transcurriendo el tiempo. Así, va del 80% del IPREM los tres primeros meses de un contrato a tiempo completo al 5% del último trimestre de un contrato a tiempo parcial inferior al 50% de la jornada. Sorprendentemente, percibirán más complemento quienes tengan un mejor contrato, referido esto al porcentaje de jornada.

Los políticos no son de fiar

No se puede uno fiar de los políticos. Para los políticos, no somos más que palancas en las que apoyarse para conseguir el poder, que es su máxima aspiración. Quieran o no, convierten esta aspiración en el objetivo de sus vidas y si, para ello tienen que retorcer la verdad, ocultarla o mentir directamente, lo harán. Los políticos llamados de izquierdas no son políticos, en cuanto a lo anterior, distintos al resto. Pueden quizás sonrojarse si se les va la mano en tal o cual aspecto de las políticas concretas, pero nunca afrontarán los verdaderos problemas de la clase obrera: la explotación, el capitalismo, la existencia del militarismo y de los ejércitos, los intereses empresariales o el dominio de la mayoría por unas minorías elitistas con las que se codean cotidianamente… No se necesita más demostración que, por ejemplo, la Ley Mordaza está sin tocar y los terribles efectos de la reforma laboral de Rajoy, también.

Solo desde una óptica y una acción realmente revolucionarias podemos enfrentarnos a ellos: no conformándonos con las migajas que nos adormecen, -sea un subsidio de desempleo, la creación de un carril bus o la construcción de urinarios públicos-, reclamando la autogestión de la riqueza colectivamente generada, negando la autoridad de su sistema de represión judicial, empujando, en definitiva, hacia la construcción de una sociedad en la que todos y todas podamos ser libres de una forma real y completa, sin las ataduras de la miseria y del consumismo y sin la fascinación de los espejitos de colores que los políticos agitan ante nuestros ojos. En resumen, hacia la construcción de una sociedad libertaria.

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