VII Época - 20

NO AL SINDICALISMO DE COLEGUEO

48El SP contra 105 años de Organización

Las bases de nuestra organización, ya en 1919

Hace ya más de 104 años, entre el 10 y el 18 de diciembre de 1919, se celebraba en Madrid el Congreso de la Comedia, el segundo de la CGT (entonces CNT), y en él se adoptaron decisiones de índole ideológico y organizativo que marcarían el rumbo de nuestra organización, que estaba en plena crisis de crecimiento. Unos pocos meses después de la huelga de 44 días de La Canadiense, que trajo la jornada legal de ocho horas, el anarcosindicalismo se aprestaba a profundizar en la cohesión de la organización, que pronto habría de enfrentarse, en la siguiente década, al terrorismo patronal y gubernamental a través de los llamados “sindicatos libres” y la aplicación de la ley de fugas.

756.101 trabajadores y trabajadoras representadas en el evento a través de 436 delegados y 1 delegada (¡sí, una!): la valiente compañera se llamaba Josefa López, del Sindicato de Cigarreras “La Nueva Aurora”, de A Coruña. No es que hubiese pocas obreras organizadas, es que la dificultad de romper ciertos prejuicios y barreras, habiendo la posibilidad de delegar la representación, empujaba a las compañeras a decidir que compañeros de prestigio las representaran, salvo en el caso, sobresaliente, de la comisionada mencionada.

Varias cuestiones se presentaban a debate, todas ellas de gran importancia para el movimiento obrero. Vamos a mencionar tres que se nos ocurren de marcada trascendencia: los objetivos de la organización, la adscripción a la internacional emanada de la revolución rusa y la configuración de los nuevos llamados Sindicatos Únicos. Veamos cada tema.

El comunismo libertario y el comunismo autoritario

En cuanto a la primera de las cuestiones, el Congreso declara que «Los delegados que suscriben, teniendo en cuenta que la tendencia que se manifiesta con más fuerza es la que camina a la completa, total, absoluta liberación de la humanidad en el orden moral, económico y político, y considerando que ese objetivo no podrá ser alcanzado mientras no sea socializada la tierra y los instrumentos de producción y cambio, y no desaparezca el poder absorbente del Estado, proponen al Congreso que, de acuerdo con la esencia de los postulados de la Internacional de los trabajadores, declare que la finalidad que persigue la “Confederación Nacional del Trabajo” de España es el Comunismo Libertario». Han pasado más de cien años y en el artículo segundo de los actuales Estatutos de la CGT figura que esta se propone “La emancipación de los trabajadores y trabajadoras, mediante la conquista, por sí, de los medios de producción, distribución y consumo, y la consecución de una sociedad libertaria.” Es el comunismo libertario de entonces, la sociedad libertaria de ahora, a la vez, objetivo, promesa, guía y camino que ha orientado y orienta la organización hacia la sociedad justa, sin opresores ni oprimidas, sin explotadoras ni explotados, a la que aspiramos.

La segunda cuestión a la que se enfrentó el Congreso fue el de definirse sobre la Revolución Rusa y la Tercera Internacional. En un momento en que toda la atención y esperanzas de la clase obrera mundial estaban puestos en aquellos acontecimientos, el Congreso de la Comedia Declara que se adhiere, provisionalmente, a la Tercera Internacional, por el carácter revolucionario que la preside, mientras se organiza y celebra el Congreso Internacional en España que ha de sentar las bases por que ha de regirse la verdadera Internacional de los trabajadores.” Es más, se llega a afirmar que Considerando, por último, que la Tercera Internacional, aún adoptando los métodos de lucha revolucionaria, los fines que persiguen son fundamentalmente opuestos al ideal antiautoritario y descentralizador en la vida de los pueblos que proclama la Confederación Nacional del Trabajo en España, estima que debe procederse a la convocación [sic] del Congreso Internacional […] y en él acordar, después de examinar detenidamente la situación del proletariado mundial, la constitución de una Internacional Sindicalista, puramente revolucionaria, cuyo fin sea la implantación del comu-nismo libertario.” Poco tiempo después, el viaje del compañero Ángel Pestaña a Rusia -y los impactantes informes que al respecto emitió-, provocaron la ya presentida y definitiva ruptura de aquella adhesión provisional.

Del gremialismo al sindicalismo sectorial moderno

Lo tercero, e importantísimo a nivel organizativo, fue la aprobación de la creación de los sindicatos de rama de la producción, llamados en aquel momento “sindicatos únicos”. Así, el Sindicato de Cocineros y el Sindicato de Camareros se fusionaban para crear el Sindicato Único Gastronómico, mientras que el de rederas y el de pescadores se unían para conformar el Sindicato Único del Mar. Estos sindicatos únicos de rama o industria, de los que el sindicalismo libertario ibérico fue precursor, demostrarían su eficacia a lo largo de la historia futura. En la actualidad, los Sindicatos de Sector son la base organizativa de la CGT, siendo los Sindicatos de Oficios Varios los encargados de acoger a quienes no tienen todavía la capacidad o deseos de organizarse sectorialmente.

Así pues, vemos que ya en 1919 se establecían las bases filosóficas y organizativas de nuestra confederación, cimientos inamovibles a pesar de alguna evolución del lenguaje, inevitable por el paso del tiempo. Sin embargo, y asombrosamente, para la Plenaria del día 18 de enero próximo, en el Orden del Día aparece, dentro del punto 6.- Organización, lo siguiente: “Interpretación de los Estatutos Confederales en su artículo 28 (A petición de la FETyC).” Es de suponer que algo ha motivado la petición de la FETYC de la inclusión de este punto, aunque no se nos dice, y no estaría de más el saber por qué se somete a sorpresiva interpretación algo que se presuponía sabido.

¿Del sindicalismo sectorial al sindicalismo de colegas?

Lo que dicen los actuales Estatutos en su artículo 28 es: “La afiliación se producirá a través de los Sindicatos […] incorporándose […] al Sindicato de Sector o de Oficios Varios, si el primero no existiera, al más cercano a su lugar de trabajo o residencia.” De la lectura de este texto se desprende que el orden de prelación entre sindicatos es: Sindicato de Sector primero y después Sindicato de Oficios Varios. Cierto que hay una excepción: “Toda afiliada y afiliado deberá pertenecer al sindicato de su localidad y trabajo, excepto cuando se dé la circunstancia de que trabaje en una localidad y resida en otra, en cuyo caso se dejará la opción de elegir sindicato al propio afiliado o afiliada.” Evidentemente, la capacidad de elección que se da en la CGT no es entre un sindicato u otro de la misma localidad, sino que se da entre el sindicato que le corresponda por la localidad de trabajo o el sindicato que le corresponda por la localidad de residencia, y solo para quienes se dé la circunstancia de que trabajen y residan en distintas localidades. Ya sabemos que todo, si se quiere, se puede convertir en interpretable, pero en este caso la diafanidad estatutaria es meridiana.

Lo que más puede chocar es que ahora el Secretariado Permanente quiera tirar por la borda más de 100 años de organización y experiencia sindical y propone que “allí donde haya coincidencia en ámbito entre un sindicato de sector y uno de OOVV, la persona afiliada tiene libertad para elegir entre afiliarse al sindicato de sector o al de Oficios Varios.” Es decir, está defendiendo que cada quien se afilie al sindicato que quiera, no al que le corresponda. Esta interpretación contradice totalmente lo que indica el artículo 28, que la única opción que permite es la de elegir entre el sindicato que le corresponda por localidad de residencia o el que le corresponda por localidad de trabajo en aquellos casos en que sea distinta la una de la otra.

Desconocemos cuál es el motivo por el que el SP defiende tal postura -en realidad no sabemos por qué tiene que inmiscuirse y ni siquiera hacer una propuesta al Comité Confederal-, y se nos escapa cuál pudiera ser. Sin embargo, podemos intentar argumentar brevemente por qué es una mala idea.

Hasta ahora, nuestros sindicatos son organismos en los que cabe todo tipo de personal: a nadie se le pregunta cuáles son sus ideas, de qué religión es o a quién vota. Se afilia al sindicato del sector al que pertenece o, si este no existe, al de Oficios Varios. Así, todos los sindicatos se ven favorecidos por la llegada de miembros, como se suele decir, “cada uno de su padre y de su madre”. Esta circunstancia enriquece al conjunto del sindicato y se da a lo largo y ancho de toda la organización en mayor o menor grado.

De ahora en adelante, si prosperase el criterio del SP, la persona se afiliaría al sindicato que quisiese entre los dos. Por cierto, ¿por qué entre los dos y no al sindicato que le apeteciese? Es igual de aceptable esta interpretación que la del SP. Lógicamente, si alguien se afilia dónde quiere, elegirá el sindicato en el que tenga más colegas o aquel en el que se pueda sentir más a gusto, ya sea porque en él están los de su misma religión, los de su mismo equipo de fútbol, los exalumnos del instituto o ¿por qué no? los miembros de su partido político. Con dejar esperar algún tiempo, cada sindicato se convertiría en una camarilla de tal o cual cariz, de tal o cual tendencia o de tal o cual pellejo, no de una forma circunstancial fruto de la experiencia cotidiana y cambiante, sino de forma permanente, fruto del anquilosamiento de las ideas, de la aparición de liderazgos intocables o de la simple falta de debate. Cuando todo el mundo está de acuerdo, ¿a qué discutir? Cada sindicato se adheriría a un bando y a divertirse congreso tras congreso.

No es aceptable la interpretación no solicitada que hace el SP. No hemos superado los sindicatos de oficio, los sindicatos gremiales y el corporativismo para que ahora, tras un viaje de algo más de cien años, acabemos aparcando en un sindicalismo de colegas. Este tipo de organización podrá existir, pero será cualquier cosa menos un sindicato.

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