VII Época - 21

UNA PENOSA ACTUALIDAD CONFEDERAL QUE NO SE RESOLVERÁ EL 18 DE ENERO

El próximo 18 de enero puede materializarse el mayor desastre acaecido en la organización confederal desde los acontecimientos posteriores al Congreso de la Casa de Campo, a raíz del que se produjo la escisión más profunda y dañina del anarcosindicalismo en su dilatada historia, ya que figura en el Orden del Día de la Plenaria Confederal la posible desfederación del Sindicato de Transportes y Comunicaciones de Madrid.

Decimos desastre desde cualquier ángulo en que lo veamos: en primer lugar, supone la pena de muerte orgánica de más de 5.000 compañeros y compañeras; en segundo lugar, por las terribles repercusiones para la organización: pérdida gravísima de representatividad y credibilidad en los sectores en que hasta ahora somos punteros de forma destacada (telemárquetin y ferroviarios, fundamentalmente), a lo que hay que sumar la caída en el prestigio de la CGT entre la clase obrera y en el respeto de la patronal; en tercer lugar, el previsible abandono de grupos de militantes hartos de una confrontación cainita y sinsentido; y, en cuarto lugar, la desmoralización de mucha militancia de la CGT que observa, entre espantada y atónita, cómo se toman decisiones autoritarias, sin respeto a los Estatutos y cómo estas decisiones son avaladas por el Secretariado Permanente del Comité Confederal, que mintió a la organización diciéndole que estaba buscando soluciones al problema cuando, en realidad, estaba apadrinando todo tipo de tropelías y coadyuvando a que el cáncer se extendiese. El resultado de todo ello lo tenemos enfrente: una propuesta de desfederación insensata que puede prosperar ante la incapacidad de reacción de una parte de la CGT.

Desfederación insensata

Es insensata porque, a pesar de haber repasado el informe que la Confederación Territorial que propone la desfederación ha enviado para la plenaria, no hay forma de ver cuál es el gravísimo motivo por el que aquella se plantea. ¿Ha pactado acaso el STYC con organizaciones enemigas de la causa obrera? ¿Es un nido de delatores policiales? ¿Se ha dedicado a boicotear las huelgas decretadas por la confederación? No parece haber nada de esto que justifique la desfederación, sino que todo aparenta iniciarse en la negativa de la Asamblea del sindicato de obedecer la decisión de expulsar a un afiliado ordenada por MCLMEX. A partir de ahí, el informe presentado ante la plenaria no es más que un relato de desencuentros ante los que la territorial no va hallando más respuesta que ir aumentando la postura punitiva mientras el sindicato y su militancia intentan oponerse con mayor o menor firmeza, pero que, ni por separado ni todos ellos juntos, conforman un caso claro que fundamenten tales decisiones. Por cierto, que la organización únicamente ha podido analizar una de las caras del asunto, la presentada por la territorial; ni por un momento se les ha ocurrido, ni a esta ni al SP del Confederal, pedir al sindicato que diese su propio relato con un informe propio, exigencia mínima si se quisiese hacer realmente justicia y no aplicar un castigo predeterminado.

Si lo que se pretende alegar es la falta de cotizaciones, no está de más recordar que no es esta una cuestión que haya sido nunca utilizada en contra de los sindicatos. Cuando un sindicato no cotiza, lo más que se hace -y así se procede en la tabla de votos de cada comicio- es ajustar sus votos a la realidad de la cotización. No deja de ser ilustrativo, por ejemplo, que en el último Congreso de la CGT, el XIX celebrado en Zaragoza, 13 sindicatos no habían cotizado lo suficiente como para ser considerados como tales y, a pesar de eso, todos ellos continúan siendo miembros de pleno derecho de la CGT. Por cierto, uno de los sindicatos en estas condiciones pertenece, al igual que el STYC, a la territorial de MCLMEX sin que se haya pedido su desfederación todavía. Tampoco parece aceptable reprochar la falta de cotización de un sindicato al que se han bloqueado las cuentas por decisiones adoptadas por la territorial.

Contradicción tras contradicción

Una de las cuestiones que no se ha tenido en cuenta es que las primeras acciones de la territorial -aparte de expulsar a un afiliado, cuando las expulsiones son de competencia exclusiva de cada sindicato- fue inhabilitar a un gran número de militantes por el hecho de que la Asamblea del sindicato decidió no obedecer sus órdenes. Es decir, se castiga no a quien tomó la decisión, el sindicato, sino personalmente a sus representantes orgánicos, independientemente de su postura particular sobre el tema origen del conflicto, todo ello en contra de lo establecido por la Plenaria de enero de 2023, aunque esto último no se evidenciará “oficialmente” hasta que se decidan a redactar correctamente las actas de la reunión en las que se acordó que un secretariado no podía inhabilitar a otro. Curiosamente, tras meses de acoso y derribo, ahora deciden la desfederación cuando el sindicato no ha tenido capacidad de actuación ya que ni ha podido reunir su Asamblea y su representante orgánico -al menos en teoría- es una fantasmal gestora nombrada por la territorial y que, además de no servir de nada, ha llevado al sindicato a la ruina moral y orgánica. Es decir, las decisiones personales que en los últimos tiempos han tomado una serie de militantes, son contestadas por la Territorial con una propuesta de desfederación de una entidad maniatada y que no ha podido actuar no solo en su defensa, sino que no ha tenido la mínima capacidad orgánica de actuar en contra de la organización que ahora propone su desfederación. El tamaño gigantesco de esta injusticia es evidente ya que, en resumen, se ha actuado contra las personas cuando la decisión no era de estas, sino de la Asamblea, y contra el sindicato cuando quienes actúan son las personas.

Un resumen de una injusticia consentida

Lo lamentable es que todo parece ser fruto de una injusticia disparatada y, lamentablemente, meditada. Se comienza ordenando una expulsión; cuando la Asamblea rechaza esto, se inhabilita al secretariado del sindicato, dejándolo sin posibilidad de actuar ni de defenderse; cuando se reacciona nombrando otro secretariado, se lo inhabilita también; se impide la presencia del sindicato en los comicios donde se toman los acuerdos que le incumben; se bloquean sus cuentas; se nombra una gestora ajena a la afiliación que ni defiende al sindicato ni hace nada para solucionar el conflicto; y se acaba desfederando al sindicato, que aún no ha podido hablar, y expulsando a los secretariados inhabilitados. ¡Toda una lección de justicia libertaria consentida por un SP del CC que no solo mira hacia otro lado, sino que además apoya y justifica estas decisiones en la autonomía orgánica de la territorial, autonomía que, por cierto, no reconoce al sindicato para resolver un problema nacido en su ámbito de actuación!

El día 18 tendrá lugar la Plenaria y pueden pasar dos cosas: la primera, que el CC rectifique los desatinos de la territorial o que los ratifique, con el resultado de una CGT no solo más pequeña y más débil sindicalmente, sino también con una CGT mucho más alejada del libertarismo que predica en escritos -cada vez menos- y Estatutos.

«¡Estáis todos expulsados

El penúltimo capítulo de esta sarta de vergonzosos despropósitos es el asalto a los locales del STYC que se produjo el pasado 27 de diciembre, día en el que miembros del SP de MCLMEX cambiaron las cerraduras y bloquearon las puertas del Sindicato a la vez que se enfrentaban con la militancia allí reunida y, a voz en grito, afirmaban que estaban todos expulsados. A estos ¿compañeros? se les ha olvidado que la posible desfederación está aún pendiente de lo que resuelva la Plenaria confederal del día 18 de enero y que el sindicato es aún miembro pleno de la organización. ¿Ha hecho algo el SP del Confederal para impedir semejante tropelía y para defender la integridad orgánica? Por supuesto que no, en consonancia con su actuar anterior, echando aún más indignidad sobre sus personas, sobre los cargos que ostentan y, de rebote, sobre toda la organización.

El Sindicato

Está claro que el Sindicato ha cometido errores en esta cuestión. No supo valorar las posibles consecuencias de sus decisiones y la capacidad de algunos de envenenar, distorsionando y manejando interesadamente una situación que, ni de lejos, tiene nada que ver con lo que, entre susurros, se ha venido contando. No tomaron ni la mínima precaución de separar coyunturalmente al compañero afectado de los cargos que ostentaba para que así ni la patronal ni los autoritarios de esta organización lanzasen una campaña de desprestigio contra todo el sindicato que ahora puede acabar en lo peor. Pues bien, puede ser que el sindicato haya sido prepotente, inocente o directamente idiota en la adopción de decisiones, pero ni la idiotez, la prepotencia o la inocencia son motivos suficientes para ser desfederado de la CGT. En esta organización no pasó nada cuando sindicatos avalaron la firma de EREs ni cuando secciones o sindicatos enteros no han movido un dedo para apoyar una Huelga General convocada por la confederación. ¿Podemos ahora ponernos estupendos y acordar la desfederación del STYC por razones no justificadas estatutariamente? ¡Caiga toda la vergüenza sobre nosotros!

Y ahora, un Congreso

La historia no termina aquí. El STYC de la CGT de Madrid tiene derecho de exponer su caso ante sus iguales, el resto de los sindicatos de la organización. Y esto solo puede hacerlo ante un Congreso. Y no un Congreso de dentro de cuatro años, sino un Congreso próximo, extraordinario, que permita la reparación del daño producido. Si los promotores del disparate piensan que con la desfederación que se pueda producir el 18 de enero se acaba el problema, están equivocados. La cuestión continuará estando vigente en la organización y habrá que resolverla cuanto antes. Esto solo podrá hacerse cuando se reúna toda la confederación y tome una decisión al respecto. Si el SP del CC cree que puede eludir la cuestión, volviendo a ningunear a la CGT, está muy equivocado y lo que hará es provocar un incendio imposible de apagar que lo arrasará todo.

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