VII Época - 22

A VUELTAS CON EL SALARIO MÍNIMO… OTRA VEZ

Hace unos días, la ministra Yolanda Díaz anunció la subida del Salario Mínimo Interprofesional para el año 2024. Fracasado políticamente el intento de modificar el subsidio de desempleo, la ministra, necesitada de un golpe propagandístico mediático, informó de que el SMI subirá un 5% y se pondrá en 1.134 euros por catorce pagas. No voy a ser yo quién rechace una subida para los que menos cobran, pero presentar esto como una gran medida del gobierno más progresista de la historia es una hipérbole difícilmente soportable para cualquier persona con un poco de criterio. Y vamos a ver por qué.

En primer lugar, debemos tener en cuenta qué es lo que se sufraga con el salario, es decir, para qué trabajan las personas. Podemos convenir que trabajamos para tener los ingresos necesarios para cubrir nuestras necesidades: comida, vestido, techo, energía y ocio, en primer lugar, y después para las gollerías que cada quién quiera disfrutar. Está claro que para la mayoría de la clase obrera, este salario mínimo es insuficiente, no solo para una persona, sino mucho más si con él se tiene que atender las necesidades de otras personas que dependan de ella. Solamente si, por azares de la vida, se tiene acceso gratis a una vivienda o se convive con quién tenga un salario elevado, los trabajadores que “disfruten” del salario mínimo pueden tener sus necesidades cubiertas de una manera aparentemente digna.

En segundo lugar, los trabajadores con salario mínimo aportan su cuota a la riqueza colectivamente creada y es esencialmente injusto que haya grupos enteros que sufran penurias vitales de lo más básico sin ninguna razón que lo pueda justificar. Argumentar que “se está al comienzo de la vida laboral” o que “no se puede aspirar a cobrar mucho en trabajos que todo el mundo puede hacer” son razonamientos elitistas y repugnantes que no pueden tener cabida en una sociedad medianamente solidaria. Si, además, tenemos en cuenta el indiscutible valor social de esos trabajos poco cualificados -se nos puede ocurrir la dependencia y cuidados, la limpieza, el empleo doméstico, y todas aquellas labores que están mal pagadas con un SMI miserable-, no deberíamos plantearnos ni siquiera dar oídos a estos discursos nacidos del aburguesamiento y de la falta de conciencia de clase.

Llevan Yolanda y los suyos (el gobierno en su conjunto) algunos años diciendo que se subirá el SMI hasta el 60% del salario medio, ya que ese es el objetivo que se ha marcado Europa como justo. Si el salario medio es -estadísticamente- de 1.896 euros mensuales, el 60% objetivo será 1.138 euros, con lo que con los 1.134 euros del nuevo SMI se habría alcanzado prácticamente ese objetivo establecido como horizonte ideal por los ideólogos europeos. ¿Podemos ya considerar que se ha alcanzado la justicia salarial y que, de ahora en adelante, podemos aceptar satisfechos que millones de trabajadoras y trabajadores se tengan que conformar con esta situación de cuasi indigencia que apenas cubre sus necesidades básicas porque estadísticamente se haya alcanzado un objetivo marcado por un grupo de expertos bien pagados que, seguro, ninguno de ellos malvive con estas condiciones marcadas como ideales?

La estadística es un engaño más utilizado por los poderosos para mantener a la clase obrera sometida. El que 1.896 euros mensuales sea el salario medio no significa nada más que eso: que es la suma de todos los salarios dividido entre el número de asalariados. Sin embargo, no tiene nada que ver con que sea el salario más habitual o un salario prototípico, que es lo que se desprende de lo que los llamados expertos europeos y el gobierno español vienen planteando. La media salarial es alta e inalcanzable para la mayoría, pero hay muchos más trabajadores y trabajadoras que tienen salarios bajos que aquellos que los tienen altos. Conformarse con ir manteniendo el SMI en el 60% del salario medio sería consecuencia de una perversión matemática muy alejada de la justicia a la que se dice aspirar y que nunca podrá ser una solución real contra la desigualdad social.

Hay que subir los salarios y que estos alcancen a ser lo suficiente como para poder afrontar las necesidades de una vida medianamente digna. Esto solo se puede conseguir a través de la lucha y de la confrontación con la patronal, no a través de decretos gubernamentales por muy bienintencionados que parezcan. En ese objetivo es prioritario que los sindicatos, especialmente la CGT dada la actitud sumisa de los llamados mayoritarios, establezcan como objetivos la reducción radical de los abanicos salariales y el reparto de la riqueza y el trabajo. Si no, nos quedaremos como el del chiste, con pancartas que digan “Virgencita, que me quede como estoy”, que es lo que sucede si vinculamos, como hasta ahora, los incrementos salariales al IPC y a otras perversiones estadísticas.

1 comentario

  • María Lucila Valenzuela

    Hay distintas formas de encontrar ese dato de referencia, de hecho distintos sindicatos, cogiendo datos diferentes, marcan distintas cifras para alcanzar. En ningún momento se ha dicho que esto se acabara

    Lo que nadie puede negar, es que en este pais de miedo por un lado y por otro de gente que todo lo critica, hay que poner en valor su capacidad de romper el cuento de que el país se arruinaba si se hacían cambios y sobre todo si se subía él sueldo mínimo

    El cambio de mentalidade en la sociedad es su gran logro

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