VII Época - 26

HASTA LOS PELOS DEL SECRETARIO GENERAL

Napoleón cabalga de nuevo

El sábado 10 de febrero fue un nuevo día aciago para la CGT. Ese día, no sabemos si con el desayuno o si en otra circunstancia, el secretario general de la CGT se manifestó ante toda la organización en su máximo esplendor de autoridad autoconferida. Ese día, convocó dos plenos extraordinarios: uno de la Federación de Transportes y Comunicaciones y otro del Sector Federal Ferroviario. En ambos casos, se alude al presunto mantenimiento de personas ajenas a la organización en cargos orgánicos de los secretariados per-manentes de dichos entes y, como consecuencia, se decide sobre la nece-sidad de realizar los plenos para nombrar nuevos secretariados y normalizar, así, la situa-ción.

Lo curioso es que no se dice nada a la organización -ya que haces una circular, no debería costar mu-cho añadir algo de información- de quién o quiénes están de más en dichos secretariados y, lo que es peor, qué ha hecho el secretario general -también el secretariado permanente- para corregir el desaguisado. Por supuesto, sabemos que el Comité Confederal no ha hecho nada porque ni se le ha informado ni, por supuesto, se le ha pedido permiso para tales convocatorias.

Con anterioridad, ya se había encargado el propio SG de laminar al secretario general de la FETYC que, como ya sabemos, se había librado de las sulfúricas penas del infierno al no pertenecer al también anatemizado Sindicato de Transportes y Comunicaciones de Madrid. El SG necesitaba las manos libres para hacer una convocatoria que no le habían pedido los sindicatos de la federación y no encontró más solución que inhabilitar-cesar-expulsar al máximo responsable de esta y poder así cargarse al resto de su SP mediante la convocatoria de un pleno que tiene como objetivo el nombramiento de uno nuevo al gusto de este bonapartillo de guardarropía. Con esta maniobra, el SG se erige, de facto, en comisión organizadora en la sombra -de la que dependerá la posibilidad de asistir al pleno, ya que certificará quiénes son, para ellos, cumplidores o no- admitirá o rechazará delegaciones, certificará los votos o, incluso, decidirá qué candidaturas pueden o no presentarse. El mismo camino lleva el Pleno del SFF, aunque en este caso no se necesitó el paso previo de inhabilitar-cesar-expulsar a su SG porqueya lo consideraban decapitado por las distintas resoluciones que el comité de salud pública constituido en MCLMEX ya había dictado con anterioridad.

No faltarán quienes digan que el SG no podía dejar que la situación se siguiese deteriorando y dilatando en el tiempo y que, por lo tanto, debería actuar de inmediato. A estos, tenemos que decirles que hay un problema. En esta organización, federal y de democracia directa, con las opiniones nos pasa como la hendidura interglútea, que cada quien tiene la suya, única e intransferible, es decir, que tenemos que discutir y ponernos de acuerdo para adoptar decisiones. Para ello, hemos inventado el Comité Confederal y no el Secretariado Permanente, simple órgano auxiliar de aquel. No puede el SP ni mucho menos el SG tomar decisiones de esta profundidad sin plantearlo al CC, genuino órgano representativo de la CGT entre Congresos. Después de casi dos años de conflicto, agravado por las decisiones del SG y del SP y por el conformismo de parte del CC, parece que las prisas se han acelerado y ahora todo hay que resolverlo a golpe de tambor. El SG acuerda, el SG decide, el SG dispone…

Muy poco esfuerzo le hubiera costado al SG llevar el planteamiento al Comité Confederal, salvo por una cuestión: huye de cualquier tipo de confrontación y solamente está dispuesto a debatir aquello que no puede eludir. Si, por el contrario, puede esquivar cualquier debate serio, el SG lo evitará y tomará decisiones personales o, como mucho, apoyado en un SP conformado a imagen y semejanza. Por eso, el CC está marginado de las decisiones importantes de la CGT y solo es utilizado cuando sus resoluciones están garantizadas en el sentido de avalar las propuestas del SG. Por ejemplo, la convocatoria de estos dos plenos hubieran supuesto el esfuerzo de enfrentarse en el CC a una oposición más o menos significativa y nuestro SG tiene mejores cosas que hacer que debatir los problemas de la organización con la representación de la organización. Esto está tan claro como que no ha tenido ningún problema en plantear en el CC la cuestión de convocar un tercer pleno -en este caso, el de la Federación de Sanidad- porque se trataba de algo no controvertido a priori y era evidente que el problema de esta se iba a enfocar desde otro punto de vista, ya que se trataba de reorganizar un ente sin funcionamiento orgánico en los últimos tiempos.

Y así vamos, de desastre en desastre. El SG convoca plenos de entes sin hablar, no ya con los restos de secretariados permanentes que sí continuaban detentando sus cargos, sino ni siquiera con los sindicatos ni con los sectores afectados, es decir, con la afiliación que es la que debiera manifestar la necesidad de elegir nuevos secretariados. Subido a su pedestal, el SG continúa haciendo de la CGT una organización verticalista y autoritaria, mientras media confederación pasma, consiente tal situación y, en el mejor de los casos, se plantea una lucha en el terreno de la autoridad, es decir, la lucha por los cargos y por el poder. Sin embargo, nosotros creemos que la única lucha posible -mejor dicho, la única lucha que vale la pena- es la de la insumisión e isurrección, hacerle frente al enemigo interior de una manera total y sin respiro.

Y caminemos de una vez hacia el congreso extraordinario. Ya.

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