VII Época - 27

¿RENOVACIÓN O REGRESIÓN SINDICAL?

Encuentro en el local del sindicato, un ejemplar del último número de la revista confederal “Libre Pensamiento” (nº 116, invierno 2024), cuyo editorial encabeza el dosier titulado “Renovación sindical”. Dicho editorial realiza una serie de afirmaciones y plantea tesis sobre el movimiento sindical en general y el anarcosindicalismo cegetista en particular, que resultan en todo caso sorprendentes, cuando no inauditas o, sencillamente, banales.

Desde su inicio el editorial realiza una encendida defensa del ‘antagonismo y/o relevo generacional’ como motores positivos de la evolución de las instituciones sociales y, en concreto, de las organizaciones sindicales, particularmente la CGT. Literalmente, se escribe: “Junto a este cambio generacional, ineludible a medida que los compañeros y compañeras más veteranas llegan a una más que merecida jubilación, se hace cada vez más necesaria una renovación de la práctica sindical”.

Así pues, no se trata de la mera constatación de la evolución demográfica de la afiliación, impuesta de modo natural por la biología, la senectud y la muerte, sino de utilizar esa evolución inexorable (siempre continua y nunca fragmentada en artificiosas cohortes, tales como las llamadas ‘generaciones’) como una simple excusa retórica para postular, en determinada dirección, la ‘renovación de la práctica sindical’.

Atendiendo a lo expresado en LP, los planteamientos teóricos y estratégicos y la acción sindical y social de la CGT no deben corresponder al conjunto de la afiliación del momento (esto es, sin tener en cuenta edades o cualesquiera otras características personales ajenas a la condición de trabajador/a, asalariado/a, etc) sino que han de ser establecidas por los distintos grupos de edad (generacionales) prevaleciendo el criterio de los más jóvenes y relegando a los adultos, ya próximos a la edad de jubilación. Grupos ‘de edad o generacionales’ cuyos lindes y rangos, por otra parte, se dejan en una indefinida nebulosa, pues se apela, por un lado a ‘los jóvenes’ (pongamos, es un decir, entre los 16 y los 25 años) y por el otro lado, al ‘colectivo’ de personas que “rondan la edad de jubilación”, sin mencionar que papel le corresponde a la afiliación ‘adulta’ (pongamos, entre los 25-30 y los 65 años de edad).

En expresión literal del editorialista: “De la misma manera que la generación anterior que hoy ronda la edad de jubilación por arriba o por abajo se enfrentó a unos retos complicados y fue capaz de crear organización, de generar cambios y adaptarse a las circunstancias del momento, a la generación que en estos años está dando el relevo en la CGT le corresponde trazar su propio camino para enfrentar los retos sociales y laborales actuales”. “Propio camino” que, pocos párrafos más adelante, el ‘equipo’ editorial de Libre Pensamiento, postulándose a sí mismo como portavoz de tal ‘generación’ (aunque los lectores ignoremos la ‘generación’ que corresponde a su Consejo editorial), se encargará, por supuesto, de trazar y definir.

Y esta es la cuestión central del editorial

La tesis planteada no tiene por objetivo sincero realizar un llamamiento a la plena participación en la acción sindical de las personas más jóvenes y, mucho menos, a articular medidas, propuestas y estrategias que lograsen de una manera efectiva esa participación, atendiendo a sus circunstancias laborales, sociales y económicas precisas. Contra esto nada habría que objetar, siendo meritorio intentarlo y cumplirlo con la eficacia necesaria. Pero lo que sí resulta de todo punto inaceptable, es la pretensión indisimulada de usurpar incluso a esa ‘juventud’ (y con ello, al conjunto de la afiliación) la definición del rumbo que ha de tomar la CGT, tanto en el ámbito de los fines como en el de las “estructuras, estrategias, la cultura organizativa, las dinámicas internas … que hoy forman la columna vertebral de la CGT”. Lo que en la práctica significa impedirle a esa ‘juventud’ trabajadora -relegada al papel de correo de transmisión de consignas ajenas (las que, en el mismo editorial se proponen)- que se descubra a si misma, se determine como efectiva oposición al régimen político-económico que rige las sociedades actuales e impulse la lucha común por el fin universal de toda opresión y explotación.

Es seguro que la afiliación de la CGT, en el ejercicio de su militancia confederal y adopción de decisiones (todo afiliado, tiene los mismos derechos y deberes), no puede ofrecer validez alguna a las ‘divisiones generacionales’, ni reconocerlas como grupos corporativos que puedan aspirar a imponer una modificación en la estructura organizativa y procedimientos de toma de decisión.

Los primeros párrafos del editorial expresan un ‘presunto halago’ (en realidad un desprecio mal encubierto y peor disfrazado, como enseguida comprobaremos) a la ‘generación’ de los años 80 del pasado siglo que, según se dice, “fue capaz de sobrevivir a la derrota de los proyectos revolucionarios durante la transición, de resistir a las políticas neoliberales del PSOE de Felipe González y de construir nuevas luchas por la paz y contra la guerra y el imperialismo, como el movimiento anti-OTAN”.

‘Luchas’ estas que, como es sabido, se vienen saldando desde hace cuarenta años con la solidez victoriosa de los gobiernos sucesivos -otanescos todos, belicistas y militaristas todos, reformistas laborales todos, capitalistas y privatizadores todos, etc, etc- contando siempre con el apoyo ‘democrático’ del cuerpo electoral correspondiente. Por lo que el único ‘mérito’ real -¡y no es poco, sino mucho!- de los militantes anarcosindicalistas de aquellos años (primero en CNT y después, sobre todo, en CGT) fue el ser capaces (de esto sí) de levantar esforzadamente la propia organización tras el desastre del V Congreso confederal de diciembre de 1979, respetando hasta hoy su ideario y principios básicos organizativos: federalismo, democracia directa, solidaridad, sin jefes ni mandos que perviertan toda lucha y esfuerzo colectivo verdaderos hacia la libertad y la igualdad.

No es en vano, ni sin intención, que los editorialistas del LP, sustituyen este real mérito de los militantes de la CGT llevado a cabo entre 1984-1989 (Congresos de Unificación y del Cambio de siglas) y 2023 (inicio de la confrontación suicida que ahora mismo está sufriendo en propio seno la CGT) por aquellos otros ‘méritos’ que apenas si les corresponden. El movimiento anti-OTAN (que no antimilitarista) fue protagonizado, sobre todo durante el referéndum, no por el anarcosindicalismo sino por la izquierda política constitucionalista, el Partido Comunista.

En todo caso, la posición verdadera de los redactores de Libre Pensamiento, la explicitan en el editorial, en la segunda columna de la página 4. Dicen así:

Para nosotras, la renovación sindical pasa por poner en el centro cuestiones como el feminismo, el antirracismo, la crisis climática (y su relación con el decrecimiento y el agotamiento de los recursos) y las desigualdades territoriales, especialmente a nivel internacional. Todas estas cuestiones deberían ir ocupando un lugar central en la estrategia sindical, en las campañas de acción, e incluso en la estructura organizativa y las dinámicas internas” … “Quizá de esta manera podamos afrontar un problema que es incómodo pero que no tiene sentido ocultar: la estructura del sindicato espanta a la gente joven, que entiende una asamblea, pero una telaraña de ámbitos y secretariados permanentes …”, que, es de esperar, puedan ser deshecha y sustituidos sus hilos funcionales por aquellos otros que parecen bastarles a LP para cementar, articular y enhebrar la renovada CGT.

Pues según lo proclamado por los editorialistas, a medida que vaya produciéndose en CGT la ‘renovación sindical’ propugnada, pasarán a la periferia de la filosofía y acción sindical, cuando no remitidas a un pasado ‘glorioso’ pero al que se quiere definitivamente muerto, cuestiones tales como:

La confrontación permanente de la clase trabajadora con el capitalismo y el privilegio estatal

La lucha cotidiana por los salarios, condiciones laborales dignas.

La propiedad privada y la opresión política.

La lucha por la igualdad universal (no corporativa) y el reparto social de la riqueza y el trabajo.

El autoritarismo del Estado y su simbiosis con el poder económico.

El desmantelamiento y usurpación de los servicios y el patrimonio públicos.

Sistemas públicos de salud, pensiones, educación, atención …

El internacionalismo de clase y la solidaridad internacional entre los/las que luchan en sus respectivos ámbitos y lugares en defensa de la vida, el trabajo y la dignidad humanas.

El sindicato como expresión de la autoorganización de los trabajadores, autónoma, federal y libertaria, de abajo-arriba.

La violencia de Estado, siempre al servicio de si mismo y de los poderosos de turno

El finalismo transformador de la lucha sindical y social

Etc, etc …

En fin, cuestiones de poca importancia frente a las otras que sí enumeran los editorialistas de Libre Pensamiento, que resume en cuatro o cinco: ‘feminismo’, ‘antirracismo’, ‘crisis climática’ y ‘desigualdades territoriales, especialmente a nivel internacional’ y, en otro orden, una vez agotado el “modelo sindical basado en secciones grandes de empresa, quizá es el momento de explorar nuevos caminos que nos permitan una mejor y más eficaz intervención en los sectores precarizados”.

Dada la limitación de espacio que nos exige La Campana, no corresponde a este primer comentario una detallada reflexión sobre cada una de estas cuestiones, aunque sí destacar que en su conjunto más parecen destinadas a balbucear un programa político institucional apenas transformador, propio de un modesto ‘club político’. Dos breves apuntes, sobre estas cuestiones:

En relación al ‘feminismo’, no hemos de perder de vista, que viene siendo desde sus orígenes un movimiento variopinto que, al menos en sus versiones actualmente hegemónicas, no pone en cuestión el régimen económico-político vigente. Al contrario, participa de sus injusticias y procura fortalecerse (empoderarse, como movimiento organizado) con el uso de su violencia punitiva desde el estado. Lo que hace que el movimiento feminista actual -al menos en esas versiones institucionales-, entre muy a menudo en contradicción flagrante con los objetivos, planteamientos y acción práctica del sindicalismo cegetista. Si bien, en el secular camino de intercambios e influencias mutuas entre el sindicalismo y el feminismo, muchas de las reivindicaciones históricas del movimiento feminista fueron y son compartidas por el movimiento sindical, otras muchas no lo pueden ser de ninguna manera, antes bien, han de ser combatidas.

En cuanto a ‘las desigualdades territoriales, especialmente a nivel internacional’, reconocemos que se trata de una formulación apenas inteligible, para cualquier persona y organización de clase internacionalista, como es la CGT.

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