VII Época - 28

LA INEQUIDAD DE LAS LEYES ANTITERRORISTAS

El antiterrorismo como justificación del crimen y el genocidio

La colosal e impune barbarie del estado israelí sobre la población de Palestina pone de manifiesto, entre otras cuestiones no menos atroces e inhumanas, la inequidad e infamia universal de las llamadas “leyes antiterroristas” esgrimidas en nuestro ámbito por las potencias capitalistas occidentales y el coro de propagandistas mediáticos a su servicio.

Pues en esto ha derivado el contenido del vocablo “terrorista”. Un término que sólo habrá de aplicarse a quienes se alzan, sea indefensos, con sus solo cuerpos y vidas, sea con las armas de que puedan disponer, pero en ningún caso ni circunstancia habrá de referirse a quienes sí provocan, de modo consciente, el miedo y el terror, provocando invasiones, asedios por hambre, sed y peste, ejércitos, sicarios de tiranos y dictadores, el nacional socialismo alemán otrora, el sionismo israelí ahora. Aplicando esta infame jerga mediática, avalada por los estamentos jurídico-políticos de los poderosos, a lo que ahora mismo estamos asistiendo en las tierras palestinas, es “terrorista” el pueblo y militantes palestinos, pues, con las armas caseras que pueden disponer y consiguen, se niegan a morir como comunidad libre y dueña de si misma, pero no más … y no serán “terrorista”, ni la sociedad ni el estado ni los jefes del ejército ni los soldados israelíes, ni tampoco quienes les financian, pertrechan y amparan desde la ‘legalidad internacional’ (por ellos mismos, definida, instituida y controlada) las atrocidades cometidas sobre las gentes palestinas.

No pretendo en este corto artículo remontarme a la historia antigua para ilustrar la miseria ideológica que hoy se da por buena y ‘democrática’. Esto es, la infamia de ‘suponer’ (y dar por legítimo) que el genocidio del pueblo palestino está motivado por el ‘derecho a la defensa’, ¿de quien?, de Israel, el que mata, el invasor, el saqueador, el racista, el colonizador ladrón, pero, pese a toda su ferocidad, no-terrorista, casi víctima del odio del otro.

De todos modos, conviene recordar que el debate, teórico y práctico, sobre el derecho y deber imperioso de combatir y matar al tirano o de acudir al llamamiento a la ‘rebelión’ de los pueblos víctimas de esclavitud y opresión, se remonta y tiene su origen, precisamente en la Grecia ateniense, a la par que en ella surge la ‘democracia directa’. Fue allí, hace 2500 años, y no pudo ser en otro lugar, donde los tiranicidas (“terroristas”, dirían hoy los que nos gobiernan) fuesen considerados como héroes del pueblo y de la libertad pública, hubiesen logrado o no deponer o matar al déspota, pues intentarlo bastaba.

En cuanto, al derecho a la resistencia y rebelión de los pueblos frente a quienes le oprimen y son causa de injusticia intolerable, fue incluido de forma en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución francesa, hace más de 200 años:

“Artículo 33. La resistencia a la opresión es la consecuencia de los demás derechos del hombre. “Artículo 34. Hay opresión contra el cuerpo social cuando uno solo de sus miembros es oprimido. Hay opresión contra cada miembro cuando el cuerpo social es oprimido.“Artículo 35. Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es, para el pueblo y para cada una de sus porciones, el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes.”

En este mismo contexto ideológico, doscientos años más tarde, la ONU, dictó la Resolución A/RES/37/43 que, refiriéndose expresamente al pueblo palestino entre otros, dice:

[la Asamblea General de Naciones Unidas] 2. Reafirma la legitimidad de la lucha de los pueblos por la independencia, la integridad territorial, la unidad nacional y la liberación de la dominación colonial y extranjera y de la ocupación foránea por todos los medios a su alcance, incluida la lucha armada; 3. Reafirma el derecho inalienable del pueblo de Namibia, del pueblo palestino y de todos los pueblos bajo dominación extranjera y colonial a la libre determinación, a la independencia nacional, a la integridad territorial, a la unidad nacional y a la soberanía sin injerencia extranjera.

Desde hace muchos años el pueblo palestino, siempre irredento y resistente, sufre el delirio colonialista israelí, siempre dispuestos a arrojar, a sangre y crimen, en permanente holocausto a las gentes palestinas fuera de su tierra ancestral.

La pequeña Franja de Gaza, con sus más de dos millones de habitantes, fue convertida en los últimos decenios por Israel en la mayor cárcel al aire libre del mundo. Una cárcel sobre la que los carceleros disparaban, mataban sin cuenta ni medida al mínimo síntoma de protesta o rebeldía. Así viene siendo año tras año, día tras días, sin pausa ni tregua.

El acto realizado en octubre de 2023 por el grupo armado Hamás -que no está considerado como ‘terrorista’ ni por la ONU ni por multitud de países (excepto EE UU y sus acólitos, entre ellos la UE otanesca), pues conforme a la resolución A/RES/37/43 de Naciones Unidas, lo consideran un grupo armado, propio de la legítima resistencia palestina a la colonización y ocupación militar- fue, sencillamente y puramente, expresión de la necesidad y el derecho del pueblo palestino a levantar ese cerco que lo mataba.

¿Ha de alzarse el esclavo contra el poderoso amo, el siervo frente al arrogante amo, el obrero explotado frente al capitalismlo ruín, el colonizado frente al brutal colono o bien, la única opción frente a la crueldad y voluntad de los poderosos es la resignación y silente paz del sometido? ¿Qué clase de ‘paz’ sería esta, nunca posible? Pues, si todos violentos, los unos por voluntad de poder y apropiación y los otros por necesidad frente a lo insufrible, ¿Qué clase de ‘culpa’ punible se ha de establecer y a quien corresponde sufrirla? ¿Quién podrá permanecer al margen y callar? Queden hoy y siempre las respuestas estas y otras preguntas que habrán de formularse, a la libre conclusión de los lectores y la inquietud humana por la justicia, la honestidad y el compromiso solidario con los que sufren y no con los verdugos.

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