CINISMO Y DESPRECIO COMO USOS DEL PODER POLÍTICO

“El Covid no es una gran amenaza para los trabajadores”, concluye la Comisión Europea

Este miércoles, 3 de junio, la Comisión Europea (integrada por 27 miembros, uno por país de la UE, siendo por España, el socialista Josep Borrell) ha dictaminado que el Coronavirus no tiene categoría de agente biológico natural de máximo riesgo y, por tanto, no supone una gran amenaza para los trabajadores Esta es la conclusión que ha ratificado esta semana pasada la Comisión Europea al actualizar la directiva de agentes biológicos, con el objetivo de incluir y valorar el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 en la lista de agentes biológicos, susceptibles de causar daños. En el nuevo listado, el gobierno europeo, pese a que aún no hay vacuna que amortigüe y proteja de su expansión y capacidad de contagio, ha incluido el virus responsable de la actual pandemia en el nivel 3 y no en el 4.

La razón última de esta decisión no es otra que permitir a las empresas medidas de seguridad en el lugar de trabajo menos estrictas que si el virus se considerara de alto riesgo, con el consiguiente ahorro económico para el empresariado, a costa de la seguridad y salud de los trabajadores.

Baste con citar las propias normas de la Unión Europea para comprender el alcance del fraude.

Según esas normas de la UE, un virus de nivel 3 «puede causar enfermedades humanas graves y presentar un grave peligro para los trabajadores; puede presentar un riesgo de propagación a la comunidad, pero generalmente existe una profilaxis o tratamiento efectivo disponible«. Que no es el caso del Covid-19, para el que no se dispone de vacuna ni tratamiento efectivo disponible, que evitara las muertes habidas.

Sin embargo, según esas mismas normas de la UE un virus de nivel 4 presenta “un alto riesgo de infección … sin profilaxis o tratamiento disponible”. Que es exactamente el caso del Covid-19, por el que ya han muerto, según la contabilidad oficial, a casi 380.000 personas en todo el mundo, y a más de 27.000 en España.

A modo de justificación de este atropello a la clase trabajadora en favor de los intereses de la patronal, la portavoz de la Comisión Europea (el gobierno de la UE), Marta Wieczorek, ha proclamado que «la existencia o ausencia de profilaxis no puede considerarse como un criterio independiente», para enseguida añadir que “para la actualización de la directiva, la Comisión se ha basado en el asesoramiento científico de expertos de todos los Estados miembros de la UE y en un extenso proceso de consulta con el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades ( ECDC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS”.

Respecto del primer argumento, cabe señalar que tal interpretación no la permite la propia normativa de la UE, pues debido a la rápida propagación y dispersión geográfica del virus y hasta el momento en que una vacuna o tratamiento, efectivo y eficaz, testado y con garantía médica, esté disponible, el coronavirus-19 debe clasificarse como una amenaza de la categoría 4 más alta de acuerdo con los criterios claros y vinculantes establecidos en la propia directiva de la Unión Europea.

Respecto de la segunda excusa, apelar al “asesoramiento científico de expertos de todos los Estados miembros de la UE” (entre ellos, España, Italia, Francia, etc, etc) pone en evidencia que tales expertos o bien están mintiendo a la población general de sus respectivos países (empujados al miedo, como garantía del control social) o bien asesoran a la carta, en función de los grupos de poder e intereses económicos que les contratan.

La decisión de la Comisión Europea todavía no es de aplicación, pues ha de someterse al control y visto bueno del Parlamento Europeo en una sesión plenaria que habrá de celebrarse dentro de dos semanas. Nada indica que el parlamento europeo vaya a rechazar la propuesta de la Comisión Europea, pues son muy pocos las voces que han exigido que el gobierno europeo cambie de criterio y tampoco se ha trasladado ese debate a la agenda política y el debate social en los distintos países, entre ellos España. El silencio sobre esta noticia, propiciado por el conchabamiento entre los grandes medios de comunicación y los gobiernos nacionales europeos, nos permite augurar lo peor.

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