DE LA RETÓRICA TRIUNFANTE DEL GOBIERNO AL DESASTRE Y EL ENGAÑO COLECTIVO

La trastienda del Ingreso Mínimo Vital y su deplorable gestión

El 29 de mayo el gobierno de coalición aprobaba el llamado Ingreso Mínimo Vital (IMV), presentado como un acontecimiento histórico en favor de los más necesitados, que, entre otras virtudes, acabaría con la pobreza severa en que se encontraban millones de personas y cuyo número no cesaba de crecer a consecuencia de las medidas adoptadas para combatir la pandemia, básicamente, la paralización de importantes sectores económicos.

Todo ello se difundía en tono grandilocuente a través de los medios de comunicación oficiales y afines (la hemeroteca nos alivia de tener que citarlos aquí). Llegó a declararse, sin rubor ni asomo de vergüenza, que el “IMV” era algo así como un avance histórico del Estado de Bienestar, un hito sin parangón, un paso de gigante en la solidaridad social y la lucha contra la exclusión y la pobreza, que ya nunca más camparía por nuestro país.

Ya en el editorial del 2º número de La Campana de esta VI época (2.06.2020) alertábamos de que toda esta retórica no era más que eso: palabrería y propaganda. Así, decíamos: “el IMV, tanto por su cuantía como por su naturaleza (renta dineraria) y extensión (una fracción de la población española más necesitada), podrá́ servir como paliativo temporal a la desgracia de una sociedad empobrecida, pero de ningún modo parará la sangría social del paro y la precariedad que vendrán, ni tampoco resolverá́ la pobreza, ni siquiera la pobreza extrema ni la exclusión social de cientos de miles de personas.”.

Desgraciadamente, lo ocurrido en estos tres meses no sólo confirma nuestros peores temores, sino que además pone de relieve la ineptitud de nuestros gobernantes (y de la oposición, que también apoyó el decreto), la fatuidad impúdica de los palmeros gubernamentales en los medios de comunicación (prensa, radio y TV) y, sobre todo -y esto es lo más grave-, el desmantelamiento de la Administración General del Estado (AGE) como servicio público.

Con la excusa de la COVID-19, la promoción del teletrabajo en condiciones deplorables y la imposición de las vías telemáticas, el actual gobierno ha decidido como eje de su actuación y principal estrategia “acabar con la atención presencial a los ciudadanos y optar por la administración electrónica, bajo el eufemismo de colaboración público-privada” y externalizar la gestión dando un mercado y un negocio a las Gestorías, a costa de una ciudadanía impotente.

Según los cálculos del gobierno en el mes de junio, el IMV iba a beneficiar a cerca de 850.000 hogares, alcanzando previsiblemente a un total de 2,3 millones de personas. Nada que ver con la realidad de los hechos, como siempre tozudos. Hasta el 7 de agosto, el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS), el organismo que asume la implementación del IMV había aprobado 3.966 solicitudes para percibir la ayuda, es decir, el 0,57 % de las 714.000 solicitudes presentadas, Pero no se tiene constancia de que nadie lo haya cobrado aún. Por citar nada más que un ejemplo cercano, en A Coruña para el IMV no hay citas presenciales hasta el 14 de septiembre mientras que para el sistema informático permanente Cl@ve hay citas virtuales para el 1 de septiembre.

Esta es la triste cosecha de tanta ampulosidad retórica bajo la que esconder la renuncia al uso de la Administración como un servicio público, para acabar transformándola en un aparato burocrático al servicio del poder político, siempre ajeno a la ciudadanía y enfrentado a ella.

Es casi seguro que la clase política tratará de engatusar nuevamente a la ciudadanía alegando que bastará con rectificar algunos “pequeños errores de gestión” para que brille de nuevo la esperanza en una “medida loable y necesaria, como lo es el IMV”. Lamentablemente, dada la actual degradación del debate público y la ausencia de voces verdaderamente libres y sensatas en los circuitos de la audiencia mediática y editorial española, es muy probable que de nuevo “nuestros representantes electos” tengan un cierto éxito en tan triste operación de márquetin y seducción, pero lo cierto es que, paso a paso, decreto a decreto, medida a medida, lograrán que cada día que pasa estemos más lejos de una Administración Pública y más cerca de una Burocracia estatal ineficaz y oprobiosa.

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