CONTROVERSIAS ENTRE AMIGOS

Cuestiones de suma (o poca) importancia

Antípodo y Odopitán son dos amigos anarcosindicalistas y campaneros. Cada lunes los encontramos en el local del sindicato pontevedrés enzarzados en fraternales discusiones.

Odopitán – Buenas tardes, Antípodo. No puedo sino volver al tema que nos tiene ocupados en estas últimas semanas.

Antípodo – No te acostumbres a engrilletar un lunes con otro el mismo tema, pues toda cuestión y problema que se precie es siempre fuente para la interminable búsqueda de la verdad que pueda encerrar, si es que encierra alguna. Pero ni tu ni yo somos filósofos de oficio ni dados a perseguir como galgos el mismo señuelo. Máxime cuanto nuestros enemigos imponen hasta la nausea el covid como monotema.

Odopitán – No te falta razón. Quizá la cuestión de la pandemia esté ocultando deliberadamente acontecimientos y realidades a los que debiéramos prestar más atención.

Antípodo – No hay ‘quizá’ que valga. Este tema es un sinvivir. Sin capacidad ni posibilidad de respuesta, estamos inmersos en una sociedad amedrentada ante aquello y sólo aquello que se le exige temer: el enemigo. Querámoslo o no -pues estamos impotentes para acometer la mínima rebeldía, que no puede ser individual- nos incluyen en una “masa” social que ejerce sin más de vocero del poder más estúpido, como lo hacía antiguamente ante los que ejecutaban en el cadalso o quemaban como brujas.

Odopitán – Te pasas siete pueblos.

Antípodo – ¿Acaso la quema de brujas, herejes y demás proscritos no era un buen espectáculo ofrecido al pueblo en tiempos de miseria?

Odopitán – De eso hace mucho tiempo. Como sociedad, algo hemos avanzado desde entonces. No sin lucha, coraje y sufrimiento, claro está, pero ya no estamos en el siglo XIV y pocos jalean públicamente la barbarie física, la tortura o el enseñamiento en la pena de muerte sobre un semejante

Antípodo – Cierto. Desde el siglo XX a hoy suelen emplearse otros modos más ‘civilizados’ de barbarie. Al fin y al cabo, la matanza de cientos de miles de personas en unos pocos segundos, como sucedió en Hiroshima o Nagasaki, sólo ofreció como espectáculo a un público desatento un bello y luminoso hongo alzándose hacia el cielo.

Odopitán – Tampoco queremos que vuelva aquello.

Antípodo – Cierto. Desde el año 2000 a hoy suelen utilizarse otros procedimientos más ‘avanzados’ de barbarie. Al fin y al cabo, la muerte de millones de personas por hambre y sed en el Sahel africano, solo ofreció como espectáculo la bella fotografía de un niño agonizante y un buitre, que conmovió al mundo lo bastante como para dejar que cada año sigan muriendo de hambre y miseria, hasta hoy.

Odopitán – Vale, ¡para ya! Ya se que no vivimos en el mejor de los mundos posibles y que todavía queda mucho por hacer …, pero volvamos al tema de la pandemia pues, querámoslo o no, es la cuestión que más va influir en nuestro inminente futuro, cuando, como dicen algunos, a la ‘crisis sanitaria’ siga una ‘crisis social y económica” de enormes dimensiones.

Antípodo – No comparto ese lenguaje que usas. Parece sacado del manual del burócrata o del ejecutivo político. Por ejemplo: ¿Por qué llamas ‘crisis sanitaria’ a la expansión de una pandemia no especialmente grave, como lo es el Covid-19, con poco más de 800.000 muertes en todo el mundo y no denominas del mismo modo las pandemias infecciosas de tuberculosis, de malaria o de cólera, responsable cada una de ellas de más un millón de muertes anualmente?

Odopitán – Ya sabes que para las tres hay medicamentos que curan y procedimientos que pueden frenar su expansión. Por otro lado, esas tres pandemias se hacen presentes en ciertos países -numerosos, por supuesto- pero no entre nosotros.

Antípodo – ¿Si te contesto como ahora mereces, dirás también que “me paso siete pueblos”?

En aras de nuestra amistad, pasaré hoy por alto lo que has dicho, con la esperanza de que pienses un poquito antes de repetir como un súbdito la asfixiante tele-basura organizada desde el poder.

Odopitán – Siento si te ofendí, pero me parece que me entendiste mal. ‘Crisis sanitaria’ no se refiere tanto a la gravedad letal de la Covid-19 en el mundo -que, por supuesto, soporta males mucho más terribles y dramáticos que esta infección- como al hecho de que la Covid-19 pone a prueba el Sistema sanitario español, incapaz de atender eficazmente tanto a la expansión de la infección vírica como a los enfermos.

Antípodo – Con razón decía que el lenguaje que usas no sirve para afrontar una reflexión sincera sobre lo que sucede. Si esa es toda la “crisis sanitaria’ que padecemos, bastaría con una pequeña inversión económica que aumentase, si quiera fuese temporalmente, el Sistema sanitario deficiente. En todo caso, esa inversión sería infinitamente menor que todo lo que se lleva gastado en parálisis del sistema productivo, paro, ERTES, paranoias, confinamientos, cierres de escuelas, construcción de un mundo sin músicos, poetas, danzantes, teatro, etc, etc.

Odopitán – Otra vez nos llega la hora de partir. Has logrado que no habláramos de aquello que deberíamos aclarar, es decir, tu descripción de la situación actual como una “nauseabunda estafa” de dimensiones colosales. Te emplazaré el próximo lunes. Hasta pronto.

Antípodo – Salud

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