Cartas al cielo

“Sra. Ministra: contamos contigo”

Según recogen diversos medios de comunicación el pasado 6 de octubre, aproximadamente una treintena de organizaciones y asociaciones, erigiéndose en representación de las trabajadoras del hogar, han elaborado y firmado una carta dirigida a la ministra de trabajo, cuyo encabezado dice:

“Querida Yolanda: Como trabajadoras precarizadas asistimos con ilusión a tu nombramiento como ministra, entendiendo que por fin había una persona en el Gobierno que podía escuchar nuestras preocupaciones. Preocupaciones de un sector triplemente invisible por ser mujeres, pobres y migrantes, cuyos derechos laborales se han visto mermados aún más por la pandemia”.

La carta continúa con la descripción de la explotación y lamentables condiciones en que ven obligadas a desempeñar su trabajo, muchos de ellas sin papeles, trabajando sin contrato, a menudo en régimen de semi-esclavitud, sin integración en el Régimen General de la Seguridad Social.

Finaliza la misiva con las siguientes frases: ¿Podemos contar contigo para afrontar estos retos? Un cordial saludo.

Al día siguiente, las mismas organizaciones y asociaciones autoras de la carta anterior, en voz de Carolina Elias, presidenta del Servicio Doméstico Activo (SEDOAC) hicieron pública su decisión de iniciar una “campaña en redes para pedir a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, que se siente a hablar con el colectivo” … [pues] “llevan meses intentando negociar el avance de sus derechos laborales sin éxito … meses pidiendo una reunión con los máximos responsables del Ministerio de Trabajo, pero que hasta el momento no han recibido ninguna respuesta”. La campaña tendrá en redes sociales el hashtag #ContamosContigoYolanda.

Tanto la denuncia de la injusta situación que sufren, como las soluciones que plantean y las reivindicaciones que reclaman con urgencia, son justas y verdaderas. De ello no hay duda alguna: “Jornadas extenuantes o despido prácticamente libre, imposibilidad de disfrutar los horarios de descanso, sobrecargas de cuidados con toda la familia en el hogar, permanente miedo a ser detenidas por una Ley de Extranjería perversa que nos obliga a a trabajar tres años sin contrato para obtener la documentación.”

La lista de reclamos es interminable: “España cuenta con 630.000 empleadas, una de cada tres de las trabajadoras del hogar de Europa, pero sin embargo tenemos las pensiones más bajas. El 97% de las trabajadoras del sector lo conformamos mujeres, y más de la mitad somos personas migrantes. Se calcula que 200.000 trabajadoras estamos sin contrato de trabajo, la mayoría trabajando como internas en muchos casos en regímenes de semiesclavitud, disponibles 24 horas siete días a la semana.”

Y, añaden, “El proceso de inclusión de las empleadas del hogar en el Régimen General de la Seguridad Social lleva alargándose ochos años -desde la publicación del Real Decreto 1620/2011- y ni siquiera se ha conformado el grupo de expertos responsables de acompañar el proceso”. Y concluyen: “Un estado moderno no puede permitir que la sobrecarga de cuidados recaiga sobre un colectivo precario, invisible y vulnerable”.

Como antes decíamos, la razón, la justicia y la solidaridad debida a quien está explotado y oprimido están de parte de estas trabajadoras. Pero, en voz de sus representantes, ponen su esperanza y esperan solución de quienes no merece la primera y, en verdad – independientemente de su voluntad ‘personal’ y por más altos que estén en el escalafón estatal- resultan a la postre impotentes para resolver ningún asunto de importancia, que afecte al corazón mismo de la injusta estructura social que se vive. No hemos de olvidar nunca que si ocupan ese alto cargo en el estado -rey, presidente o ministro, es precisamente por su servidumbre y complicidad activa con aquellos intereses que exigen mantener la explotación laboral, la opresión social, la injusticia política de su jerarquía y la desigualdad económica.

¿Acaso estas ‘representantes’ de las trabajadoras del hogar ignoran que el sufrimiento que se les impone, al igual que las condiciones inhumanas en que se ven condenadas a trabajar está diseñado, programado, calculado, amparado, ejecutado por el Estado -gobierno, parlamento y aparato judicial, además de todas las instituciones, grupos de intereses, etc cómplices y garantes del régimen- del que forma parte no menor, la “querida Yolanda”?

Más allá del efusivo reconocimiento y tuteo que encabeza la carta y escenifica en el hashtag elegido para la campaña en redes -que convierte una protocolaria lisonja, por otra parte innecesaria y humillante, en un perverso acto de imposible complicidad-, su contenido suplicante no sólo no ayuda, sino que debilita y pervierte, el verdadero combate que han de protagonizar las trabajadoras del hogar -conjuntamente con los trabajadores de cualesquiera otro sector laboral- contra los males del presente y la necesaria lucha colectiva en pro de una sociedad mejor.

Aviadas van las trabajadoras del hogar si ponen su esperanza e ilusión para resolver las injusticias, opresiones y explotaciones que sufren, en la complicidad de sus ‘representantes’ con los personajones del teatro gubernamental. Más les valdrá confiar en si mismas, organizarse unidas, luchar colectiva y solidariamente para imponer a legisladores y contratadores sus reivindicaciones y, sobre todo, usar de todos los procedimientos de lucha y enfrentamiento que puedan imaginar, útiles y eficaces, contra los responsables de la iniquidad que ellas sufren y que tantas trabajadoras y trabajadores de otros muchos sectores laborales también sufren.

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