JUNTOS EN EL CRIMEN CONTRA EL PUEBLO PALESTINO

El gobierno español ampara que agentes de los servicios secretos israelíes interroguen y amenacen a un refugiado palestino en un cuartelillo de Madrid

Muath Hamed, refugiado palestino en España, denuncia al periódico digital Público que un agente del servicio secreto de inteligencia israelí (Mossad), le interrogó y amenazó en el curso de un encuentro organizado por agentes del servicio de información de la Guardia Civil en una de las sedes principales del instituto armado en Madrid.

Muath Hamed, dedicado al periodismo vive junto a su mujer y sus dos hijos pequeños en Lemoa (Vizcaya), tras dejar atrás -¡eso creían!- una vida marcada por la persecución, la cárcel y la represión del Gobierno israelí.

Antes de solicitar y obtener refugio y asilo en España, Muath había sufrido arresto administrativo en cárceles de Israel en diez ocasiones. En el pasado también fue detenido y encarcelado dos veces por la Autoridad Nacional Palestina. Entre 2004 y 2014 estuvo en la lista negra del Gobierno israelí con prohibición de viajar al extranjero. Logró salir de Palestina tras una larga batalla judicial y gracias en parte a un premio que le concedieron en Turquía, por un vídeo en el que Muath graba de frente a un soldado israelí en el momento que este le dispara y recibe un impacto contra su hombro izquierdo. En total, Muath ha recibido disparos en cinco ocasiones mientras informaba sobre el conflicto palestino-israelí. Tras cinco años en Estambul, decidió venir a España, cuando ya su nombre figuraba en informes de Human Rights Watch y otras organizaciones internacionales sobre la violación de derechos humanos y los ataques contra informadores en la Palestina ocupada.

LOS HECHOS: el pasado 9 de diciembre, Muath recibió la llamada de un agente de los servicios de información de la Guardia Civil, al objeto, según le dijo, de conversar en la Comandancia de la Guardia Civil de Vizcaya, en Bilbao, sobre su labor como periodista, su pasado y su vida en España. Tras esta entrevista, a principios de febrero, Muath tuvo dos nuevas llamadas de la Guardia Civil en las que se le solicitó un nuevo encuentro, ahora a celebrar en Madrid, ya que conocían que Muath había acudido a la capital por asuntos profesionales. Ese encuentro se produjo el 11 de febrero, en la sede de la Guardia Civil de la calle Batalla del Salado, en pleno centro madrileño.

Nada más llegar, Muath se percató de algunos detalles que le hicieron sospechar. Le introdujeron en el edificio sin identificarle, sin registrar su acceso y sin pasar por ningún control de seguridad, hasta llegar a una habitación en la que le esperaban dos hombres. Uno de ellos, agente de la Guardia Civil. El otro, vestido de civil, dijo llamarse Omar, ser de origen palestino y trabajar para los servicios de inteligencia belgas. Sin embargo, su marcado acento israelí alertó a Muath de estar frente a un agente israelí, lo que no tardó en reconocer el hombre. Entonces, el Guardia Civil salió de la habitación y dejó al periodista palestino en manos del agente del Mossad, que empezó a presionarle, lanzándole acusaciones de estar implicado en la financiación de grupos vinculados a la resistencia palestina, lo que Muath negó tajantemente. Fue entonces que el falso Omar lanzó sus primeras amenazas contra Muath y su familia, por su responsabilidad en la autoría de una investigación periodística en la que había destapado el sistema de empresas pantalla que opera el Mossad en países de Europa del Este para reclutar y pagar a sus informadores en territorio europeo.

A las preguntas realizadas por el periódico Público a los implicados en este interrogatorio clandestino, todos y cada uno de ellos dieron la callada por respuesta: Embajada israelí, Embajada belga, agentes de la Guardia Civil intervinientes, responsables de la Guardia Civil de las sedes de Bilbao y Madrid y, sobre todo, Ministerio del Interior. Se confirma así, la comisión de un grave delito contra un refugiado palestino en una sede oficial española, amparado por las más altas autoridades gubernativas españolas del Ministerio del Interior.

Día a día que pasa, semana tras semana, mes a mes, el comportamiento infame del gobierno español para con los emigrantes y los solicitantes de refugio y asilo se hace más evidente y descarado. Y, además, impune, porque así se lo toleramos desde una sociedad, la española, absolutamente distraída y apartada, para su vergüenza, de todo aquello que en realidad debiera importarle más: la dignidad (que se está perdiendo a raudales) y conciencia propias, siempre incompatibles con la crueldad, la tortura y la amenaza dirigidas contra quien reclama asilo y refugio.

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