TODO SEA EN NOMBRE DE LA SALUD PÚBLICA, POR MÁS QUE NADA SEA POR LA SALUD PÚBLICA

La apuesta de los gobiernos occidentales nacionales (EE UU y Gran Bretaña) y supranacionales (Unión Europea) por financiar generosamente la investigación para obtener la vacuna de la Covid a través de las grandes empresas y lobbys farmacéuticos privados, en detrimento de los centros de investigación sanitaria públicos y, al mismo tiempo, garantizarles la compra (al previo convenido) de las dosis necesarias para atender a la propia población, pero con las manos libres para ofertarlas al precio de ‘mercado’ a los países económicamente más pobres, trajo consigo, al menos para quien esto escribe, cuatro gravísimos problemas:

Primero: La jibarización de la investigación biomédica y farmacéutica pública en contraposición al poder inmenso que adquieren las empresas privadas. En consecuencia, incluso el programa, prioridades y agenda de la investigación en ese ámbito, quedan enteramente en manos de esos mismos lobbys empresariales, que anteponen a cualquier otra motivación la rentabilidad económica y beneficios privados inmediatos.

Segundo: La competencia entre esas grandes empresas se librará en términos de capacidad de influir (o en su caso, extorsionar) en los grupos gobernantes nacionales, prevaliéndose de cualquier procedimiento: chantaje, soborno, corrupción, represalias, etc., para garantizarse la desigualdad (condición para el funcionamiento ‘correcto’ del sistema) en el acceso mundial a los fármacos y vacunas.

Tercero: Ofrecer a los laboratorios farmacéuticos la garantía de que el tratamiento dado a la pandemia Covid no resultará un evento aislado, sino el modelo a seguir ante el peligro de próximas amenazas sanitarias globalizadas y, en caso necesario, magnificadas su letalidad y virulencia hasta el punto en que el control de las poblaciones, el recurso al sistema legal punitivo y la narcosis social inducida lo permitan.

Cuarto: Garantizar universalmente el sistema de patentes, incluso para las situaciones de emergencia sanitaria, dejando en manos del ‘libre mercado’ (nada hay menos libre, que el mercado en el capitalismo financiero actual), la propaganda ostentosa y de la enajenación mercantil del deseo ante la muerte, quien puede y quien no puede acceder al recurso necesario. Exactamente igual que sucede hoy mismo, en el acceso a los alimentos, dejando morir de hambre y desnutrición cada año a decenas de millones de personas, por más que sobren alimentos y modos de hacerlos llegar incluso a la Luna o a Marte con precisión milimétrica.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *