VII Época - 15

COP28, EN EMIRATOS ÁRABES UNIDOS

(Dubai, 30 noviembre – 12 de diciembre)

La gobernanza política y económica mundial responsable del desastre planetario

En relación a la lucha necesaria contra el “cambio climático”, señalábamos la semana pasada (La Campana, VII Época, nº 14) cómo, año tras año viene frustrándose la confianza depositada en las entidades responsables de la gobernanza política (internacional, regional o nacional) para que ellas realicen por si mismas las medidas precisas e impongan los cambios necesarios en la estructura productiva de sus respectivas sociedades, que den solución a los problemas de ‘emergencia climática’.

Esa misma frustración se repetirá ahora en Dubai, durante la 28º Conferencia sobre el Cambio Climático (COP28), organizada por la ONU, cuando el 12 de noviembre los participantes redacten las ‘conclusiones oportunas’. Pues, una vez más, esas ‘conclusiones’ no dejarán lugar a dudas sobre la verdadera razón de la convocatoria de este tipo de magnas reuniones. Un motivo por completo ajeno a la cuestión que retóricamente las justifica y sirve de excusa. Se tratará, una vez más, de reafirmar urbi et orbi la vigencia ‘incuestionable’ del sistema de producción y régimen económico capitalista e ‘indisoluble’ alianza del mismo con las organizaciones políticas autoritarias (locales, regionales o supranacionales o imperiales), jerarquizadas atendiendo a su poder militar y la amenaza constante de punición bélica sobre cualquier elemento díscolo en su área de influencia o que, sencillamente, se resista al saqueo impuesto por el poderoso de turno.

Y para que suceda así y no de otro modo, se monta el tinglado del modo en que se hace.

En primer lugar, la Conferencia se celebrará en Dubai, capital de Emiratos Árabes Unidos (EAU), uno de los 10 países productores de petróleo en el mundo. Ejercerá como anfitrión el sultán Ahmed Al Jaber, director ejecutivo de ADNOC, la cuarta mayor empresa de combustibles fósiles del planeta y actualmente ministro de Industria y Tecnología Avanzada de su país.

En segundo lugar, la COP28 reunirá a líderes de gobiernos (asistirán representaciones de más 197 países, consejos de administración y líderes de las principales empresas y grupos financieros e industriales del mundiales, ONG, cohorte científico-mediático, y entidades asociativas del ecologismo ‘institucional’, abogadas de ‘soluciones concretas’ (paliativas) a problemas globalmente irresolubles, incluso líderes de organizaciones religiosas y comunidades ‘indígenas’ y, por supuesto, periodistas de los grandes medios y agencias de información mundiales … Y así, hasta completar, la cifra de más de 70.000 participantes acreditados, pero cuyos nombres (los de los ‘más importantes’) se mantienen todavía en relativo y selectivo secreto, ‘por razones de seguridad’. Todos y cada uno de ellos comprometidos hasta el tuétano en el desastre mundial que tienen organizado,

En tercer lugar, los participantes seleccionados e invitados al parloteo, cada cual en el Foro específico que tiene asignado, mostrarán su preocupación al objeto de que la Cumbre, mientras esté reunida, pueda ser considerada y escenificada como “una oportunidad crucial” para resolver la ‘crisis climática’. Por supuesto, sin dejar de tener en cuenta que, pese a las ‘medidas’ adoptadas en el pasado lejano y reciente, el planeta afronta “récords de las temperaturas atmosféricas, terrestres y oceánicas” y sufre “fenómenos temporales extremos” (sequías, lluvias torrenciales, pérdida de las masas glaciares y hielo polar, vendavales, devastación ambiental …) que afectan a cada vez mayor número de países y poblaciones.

Por supuesto, las medidas necesarias para resolver este problema ‘urgente’ del ‘cambio climático’ (aún no siendo el único y habiendo otros ambientales no menos graves) apenas generan dudas en la ‘comunidad científica’ que lo detectó, hace ya más de 50 años. Entre ellas, poner eficaz freno a la emisión masiva de gases de efecto invernadero, reduciendo cuanto antes la producción de carbón, petróleo y gas y preservar el objetivo esencial del aumento de la temperatura media de la superficie planetaria de 1,5ºC, según lo acordado en 2015 en París, una y otra vez incumplido.

En todas las demás cuestiones, el debate está servido, incluso entre los científicos especialistas en la materia: sobre la pervivencia del propio modelo y niveles de producción industrial … sobre la naturaleza y capacidad de las llamadas energías renovables y apenas contaminantes … sobre qué áreas industriales y de consumo (militares, agroalimentarias, energéticas, bio-sanitarias, etc) hay que priorizar su decrecimiento, el papel de la resiliencia climática y la regionalización de los desastres y los efectos sobre las poblaciones afectadas …, etc, etc.

Sin embargo, las ‘buenas intenciones’ de los 70.000 participantes, serán moduladas en Dubai -como antes lo fueron en todas las reuniones de la ONU- en función de los intereses privados de los que cada quien resulte portador y, sobre todo, del poder reconocido que tenga en el orden mundial que ‘hay que proteger a toda costa’, por más que resulte en grado sumo injusto, oprobioso, contaminante y maligno.

Serán esos intereses -y de ningún modo, los de la humanidad en su conjunto, ni mucho menos, los de la justicia o los de la salud humana, y, aún menos, los de la preservación sana de la biosfera planetaria- los que dicten las ‘conclusiones’ en Dubai, que, a no dudar, resultarán deprimentes … hasta que una nueva convocatoria sirva de coartada para, de nuevo, poner la esperanza en que los males planetarios que se sufren, en verdad preocupan y serán ‘solucionados” por los mismos responsables que los provocan y de las cuales se alimentan, por más que pongan en riesgo el futuro vivible de nuestro hábitat.

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