VII Época - 19

EL GENOCIDIO CONTINÚA, LA IMPUNIDAD TAMBIÉN

Cada día que pasa se hace más evidente que, tanto el objetivo final de las autoridades israelíes [culminar el proyecto sionista de apoderarse de toda la región Palestina y proceder al despojo y expulsión del pueblo palestino de su hogar ancestral] como el genocidio y crímenes de guerra que ello implica, han sido pactados y diseñados con anterioridad por los gobernantes israelíes en connivencia con su principal aliado, EE UU y secundado por la Unión Europea.

Todo indica que la primera etapa de ese concierto conllevaría el genocidio y deportación definitiva de la población palestina de la Franja de Gaza, bajo el disfraz de una guerra que no es tal, sino una colosal masacre sobre una población indefensa, con el primer objetivo de aterrorizar a sus habitantes -más de dos millones de personas- hasta conseguir arrinconarlos en la frontera con Egipto. Una vez allí, hacinada y cercada la millonaria población en apenas 100 km2, continuar la matanza, por hambre, sed o enterrándolos vivos a bombazos, hasta lograr que la ‘frontera’ se abra para “acoger humanitariamente’ a los nuevos ‘refugiados’ y con ello el vaciamiento completo de la Franja de Gaza de palestinos. Destruir mediante un bombardeo masivo e incesante toda posibilidad de habitabilidad en la Franja en meses o años, para lo que se lleva a cabo la sistemática destrucción de los edificios e infraestructuras de servicios de todo tipo: sanitarias, viarias, energéticas, alcantarillado e higiene pública, acceso al agua, etc. Finalmente, la ocupación por el ejército y colonos sicarios del territorio devastado, bloqueando toda posibilidad de retorno a los sobrevivientes de la masacre a sus hogares y ciudades reducidas a escombros.

Sin embargo, ese primer paso -antesala de la posterior colonización de toda la Franja de Gaza por colonos israelíes (ladrones de tierras y bienes, además de asesinos por asegurarse el botín)- no les está saliendo “bien” a Israel y a sus cómplices. Lo cierto es que, por una u otra razón, Israel no logra el exilio forzado de la población de Gaza, que pese a todo resiste, sin armas, pero sí con sus vidas e inaudito coraje. Por otro lado, pese al cinismo de los gobiernos de Europa y EE UU y al infame apoyo de todo el aparato mediático y periodístico internacional, no logran acallar del todo la conciencia general de millones de personas en todo el mundo, aunque sí consigan reducirla a una impotencia atroz. Impotencia que se sufre -yo, al menos, así lo siento- con una rabia sorda de imprevistas consecuencias, pues los seres humanos, bajo riesgo cierto de perder la razón, la palabra y la conciencia que definen la condición de nuestra especie, no podremos permanecer incólumes ante hechos e imágenes que sobrepasan todos los límites de inhumanidad concebibles.

El fracaso -de momento- de esta primera fase del Plan, no logra ocultar el segundo acto previsto por la conjura del gobierno israelí con sus cómplices: la provocación constante a la comunidad palestina de Cisjordania y Jerusalén militarmente ocupadas, al objeto de lograr de ella alguna reacción desesperadamente insurgente, que permita a los genocidas enmascarar la naturaleza de su monstruosa actividad. Por ejemplo, un hecho tal como la ruptura el 7 de octubre por un grupo de la resistencia palestina, Hamas, del asedio israelí de Gaza, convertida en la mayor y más hacinada prisión del planeta.

Con este perverso objetivo, a la búsqueda de un pretexto que le sirva de escudo retórico, Israel desde el inicio de la matanza en Gaza viene asesinando sin pausa a cientos de personas en la Cisjordania ocupada. Desde el 7 de octubre, más de 300 palestinos, entre ellos cerca de un centenar niños y adolescentes, han sido asesinados en Cisjordania. Solo en las últimas 12 semanas de 2023 -confirma UNICEF-, 83 niños y niñas han sido asesinados, más del doble de todos los niños y niñas asesinados en todo 2022.

Pero el asalto definitivo a Cisjordania no le sería posible a Israel ni siquiera intentarlo, sin la complicidad (activa o silente, pero fáctica) de los gobernantes de los países árabes del entorno. Para lograrlo, tanto EE UU como el propio Israel habían venido creando con ese objetivo una red ‘diplomática’ (desde Marruecos a Arabia Saudí), puesta al descubierto y desbaratada por la ‘imprevista’ acción de Hamas el 7 de octubre. Con todo, el Plan tenía previsto el escollo que podría representar Irán a estos planes, para lo cual, desde el inicio del genocidio en Gaza, EE UU desplegó dos portaviones y flota naval tanto en el Mediterráneo como en el Índico con la cañonería apuntado a este país y a las milicias pro-iraníes en Líbano, Siria o Yemen.

Sin embargo, ni Irán ni las milicias yemeníes, libanesas o sirias pro-palestinas están ofreciéndose -de momento, pese al imperativo moral y político que les exige impedir el genocidio palestino- como excusa que desemboque en una guerra regional de aterradoras consecuencias para todos los contendientes en la zona. Y ello por más que cualquier chispa puede hacerla estallar, sobre todo cuando la bestial locura de los dirigentes israelíes (con el aplauso insensato de una sociedad enajenada, moral y éticamente depravada), confiados en la indubitada ‘victoria’ de la flota militar estadounidense en esa contienda, llega a considerar que esa conflagración les ofrecerá también la oportunidad de la anexión definitiva de la totalidad de Palestina a su Estado racista.

EL GENOCIDIO CONTINÚA, LA IMPUNIDAD TAMBIÉN. Que nuestra voz y actos de condena y repulsa se alcen por todas partes en un clamor que ni Israel ni sus cómplices puedan resistir. Depongamos y ofrezcamos nuestra desobediencia a aquellos actores (sean políticos, económicos, mediáticos o ideológicos) que siguen manteniendo relaciones con el Estado genocida de Israel, colaboran en su economía, les ‘venden’ armas y municiones y justifican de algún modo a los asesinos al tiempo que criminalizan a sus víctimas: el pueblo palestino.

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