VII Época - 25

EVITAR EL GENOCIDIO PALESTINO UNA OBLIGACIÓN, UN DEBER IMPERATIVO, UNA NECESIDAD HISTÓRICA

Efectivamente. Para evitar el genocidio palestino que está a punto de culminar exitosamente Israel, es ya una obligación imperativa lograr -sin más excusas ni dilaciones- que el gobierno deporte a la embajadora israelí y a todo su séquito. Que no les deje volver y cese toda relación con Israel hasta que su ejército deponga toda agresión a Gaza, ponga fin a la ocupación militar de Cisjordania, respete la internacionalización y barrios palestinos de Jerusalén, destruya el muro de la vergüenza de Cisjordania, se culmine el derecho al retorno de los refugiados palestinos y, con ello, se aborde la verdadera naturaleza administrativa y de organización política de Palestina.

Todos sabíamos -al menos La Campana así lo viene describiendo desde el primer momento- que la mentida ‘guerra de Gaza’ no tenía para Israel otro objetivo real que provocar, por el medio que fuese, el desalojo de los más de 2 millones de habitantes de la Franja de Gaza y colonizar el país ‘ya vacío’ con colonos judíos. Hace unos días, el primer ministro israelí, expuso este objetivo con claridad, al tiempo que anunció el procedimiento del que se valdrá para lograrlo: transformar en la población gazatí el miedo en terror, el terror en pánico y el pánico en desbandada sobra la militarizada frontera de Egipto. En este sentido, ha ordenado al Ejército de Israel elaborar un “plan para evacuar la población gazatí e invadir Rafah”, que es la última ciudad al sur de la Franja de Gaza, ya en la frontera con Egipto, donde se hacinan cerca de dos millones de personas, muchas de ellas obligadas a desplazarse hasta allí desde sus ciudades originarias en el norte de la Franja, bajo amenaza cierta de muerte bajo los bombardeos incesantes y ser enterrados vivos bajos los escombros de sus viviendas. Evacuar, pero ¿adónde?, ¿por qué?

¿A dónde? – No importa demasiado, pues al fin y al cabo no son personas, poco más que “ratas” y siempre ‘terroristas”. Quizá al desierto de Sinaí si Egipto los ‘acoge’ a cambio de algunas monedas y contratos, avalados por EE UU y la UE. Quizá, como ocurrió en el pasado mediante la dispersión de los sobrevivientes en algunas países que los puedan ‘acoger’, sobre todo en Oriente Medio.

¿Por qué? – Para poder anexionarse Israel la Franja de Gaza, ocuparla con colonos (ladrones convictos y, si se tercia, asesinos por interés propio, pero eso sí financiados a cuenta del estado israelí). Hasta ahora, en los 75 años que van desde 1948, Israel ya se anexionó fraudulentamente (por la fuerza de las armas y el terror) el 75% de la Palestina histórica. Incorporar la Franja de Gaza supone un paso más hacia la propiedad israelí de toda Palestina, que habrá de lograrse en el próximo episodio genocida, cuando le toque la suerte definitiva a la Cisjordania (ya aislada del mar Mediterráneo), actualmente ya ocupada militarmente y colonizada ilegalmente por más de 600.000 colonos judíos

Como consecuencia de estos horribles hechos, escenificados a plena luz del día y sin coartada alguna, ni ética, ni moral ni, sencillamente, humana, las poblaciones actuales, vivimos ahora mismo rodeadas de una atmósfera moral pestilente, cuyas consecuencias inmediatas nadie es todavía capaz de prever, por más que se dibujan nítidamente en el horizonte. Pues la mentira, envilece y envenena a todos aquellos que, reconociéndola, la soportan y disimulan. Y la injusticia impune -máxime con la ferocidad infinita que la están imponiendo Israel y sus secuaces- gangrena siempre la conducta de todos aquellos que la observan silentes.

Aunque la lista de horrores cometidos por Israel en estos meses contra los palestinos de Gaza y Cisjordania empalidece ya toda crónica de la infamia y la crueldad humana … lo terrible ahora mismo no es sólo el genocidio palestino, sino el hecho de que se esté llevando a cabo con obscena exhibición y plena garantía de impunidad, pues todos los que podrían evitarlo -principalmente EE UU y la UE- no solo están en el ajo y ansían de un modo u otro que se lleva a cabo la ‘solución final’ del ‘problema palestino”, mejor si se les arroja al desierto del exilio ajeno, pero si es necesario, matándolos, no ya en cámaras de gas (que son lentas y sucias, pudiendo convertirse en museos futuros), sino bombardeándolos directamente, enterrándoles en vida y asesinándolos por cientos cada día.

Con estos hechos queda al desnudo la naturaleza criminal de las democracias occidentales capitalistas que hegemonizan el Orden internacional. Tal como sucedió en el siglo XIX y XX, cuando las intervenciones de los ejércitos y cuerpos coloniales europeos en África y Asia, pusieron de manifiesto la verdadera naturaleza, cruel y despiadada, del colonialismo y el imperialismo, rematando todo ello finalmente en el holocausto de dos guerras mundiales.

No hay, ahora mismo en Palestina, guerra alguna. Hay, eso sí, una matanza organizada por el poderoso ejército israelí sobre una población que carece de todo, salvo su cuerpo y aliento. Lo mismo que no había una guerra en Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, cuando se arrojaron sendas bombas nucleares matando en pocos segundos a cientos de miles de personas. Como no había una guerra en los infiernos de Auschwitz, Dachau o Treblinka.

NO, no hay una guerra. Hay una masacre calculada y fríamente ejecutada. Sabe Israel -y toda la banda criminal que le apoya, excusa y financia, siendo sus cabecillas los gobernantes de EE UU, y de los países europeos, España entre ellos- que no tiene enfrente a ningún otro enemigo a batir ni adversario al que temer -no siendo la propia mentira y excusas fabricadas- más que el pueblo palestino, armado sólo con piedras, hambre, sed y llanto frente a los bombardeos y los drones asesinos, sin otro refugio que sus escombros.

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