VII Época - 30

ESTERILIZACIÓN FORZADA DE MUJERES ESQUIMALES EN GROENLANDIA

Gobiernos daneses trataron de ocultar la barbarie racista cometida

El democrático reino de Dinamarca, miembro de la Unión Europea, estado que, como los demás de la UE, parece ser un estado de ‘derecho’, ‘no-criminal de guerra’ y ‘no-terrorista’, decidió entre 1966 y 1974 realizar unas racistas “campañas de natalidad” entre la población inuit de Groenlandia. Estas campañas cesaron formalmente en 1974, cuando, en una conferencia de la ONU, el país escandinavo recibió fuertes críticas por las campañas de control de la natalidad en sus antiguas colonias, fuertemente teñidas de racismo y violación de los derechos humanos. Se detuvieron las ‘campañas’, pero no el silencio sobre los hechos, el ocultamiento de la responsabilidad criminal de sus autores o el resarcimiento de las víctimas, a las que ni siquiera se atendió en su posible recuperación de la fertilidad.

Los gobiernos daneses de entonces, ‘preocupados’ por el aumento de la población indígena inuit de Groenlandia y buscando reducir el número de habitantes en el inmenso territorio, enviaron a las regiones habitadas de la gran isla ártica equipos y agentes ‘sanitarios’ con el objetivo de que, sin que las víctimas lo sospechasen, esterilizasen o colocasen dispositivos intrauterinos anticonceptivos a cientos de niñas y jóvenes inuits. Al mismo tiempo, que se ejecutó un “experimento social”, en el que decenas de niños inuit fueron separados de sus familias y trasladados a vivir a Dinamarca, donde sufrieron un proceso de desnaturalización para adoptar la lengua y las costumbres de la metrópolis, pero no, claro está, su aspecto físico, que los convertía en sujetos víctimas del desprecio racial de la sociedad danesa.

No se conoce el número de mujeres afectadas, aunque no fueron menos de 4.500 (de una población de unas 50.000 personas). Según cálculos del ministerio de Sanidad de Groenlandia durante aquellos años, se aplicó el método anticonceptivo a la mitad de la población fértil que tenía la isla ártica por aquel entonces. En cualquier caso, hasta el momento (2024), ya se han presentado al menos 143 denuncias por mujeres que, ahora superan los 70 años de edad y que en el momento de los hechos, tenían entre 12 y 22 años.

En realidad esta ‘campaña’, arropada legal y retóricamente bajo el disfraz de ‘control de la natalidad’, pero ejecutada en la oscuridad más vergonzante, encubría un acto de criminal racismo de estado, en el momento histórico en que Groenlandia iba a dejar de ser una colonia danesa para pasar a ser un distrito administrativo de Dinamarca, con cierta autonomía. Por esa época, las autoridades danesas temían que la natalidad entre la población esquimal fuera un impedimento para la modernización de la isla, ya que los servicios sociales, como los hospitales y las escuelas, resultaban más caros de mantener de lo que la administración danesa estaba dispuesta a pagar.

La gravedad de los hechos, fue mantenida en la opacidad más extrema durante los sesenta años siguientes. Uno tras otro, los sucesivos gobiernos daneses -policromáticos en términos políticos, fuesen socialdemócratas, liberales o conservadores- cubrieron con un manto de silencio lo sucedido, pese a que, de vez en cuando, salían a la luz el sufrimiento de numeras mujeres.

Naja Lyberth, portavoz de las primeras mujeres que hicieron llegar su historia a los tribunales, fue la primera en alzar la voz en el año 2022, hace apenas dos años. Hizo público que, cuando era adolescente, con 14 años. le colocaron, sin ella saberlo, una espiral anticonceptiva en un examen médico regular. Tras la declaración de Naja Lyberth, a la que enseguida se sumaron otras mujeres inuits, el caso fue destapado por una cadena de televisión pública danesa en 2022 bajo el título “Campaña de la espiral”, en alusión al dispositivo intrauterino.

Otro de los testimonios recogidos fue el de Inge Thomassen, quien describió como tardó varios años en descubrir que llevaban puesto un DIU, tras sufrir dolores, infecciones y problemas para quedarse embarazadaa. “Durante años sufrí un dolor horrible en el abdomen”, dijo Thomassen. “Años después, mi marido y yo queríamos tener un hijo, lo intentamos durante mucho tiempo hasta que, en 1995, en un examen rutinario de vejiga, una radiografía mostró que tenía un DIU dentro”.

Tras estas declaraciones en las televisiones públicas, otras muchas mujeres inuit se unieron a la demanda de Naja Lyberth presentando una demanda colectiva en los tribunales daneses, exigiendo el resarcimiento debido y el reproche que cabe hacer a los que hubieran intervenido en los hechos, sea directamente u ocultándolos durante tantos años.

Forzados por los hechos, el estado danés y el gobierno local groenlandés, iniciaron el año pasado una investigación sobre los hechos ocurridos entre los años 1961 y 1970, extendiéndola hasta 1991, cuando el territorio autónomo ártico recuperó las competencias de la gestión sanitaria. Sin embargo, los resultados de la investigación no se conocerán hasta mayo del 2025, según afirman las autoridades danesas.

Crónica La Campana

(Fuente: SaltoDiario y otros)

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