VII Época - 26

CONFIANZAS Y CREENCIAS, QUE TRAICIONAN A SUS VALEDORES

Los “dioses” de nuestro tiempo son ya la razón de Estado y del dinero. Por ello, del orden celeste nada bueno cabe esperar, por más sacrificios que se le hagan.

En el artículo “Conciencia ecológica frente a los dioses de nuestro tiempo: una visión desde el laicismo”, de Ana Mª Vacas, del Grupo Pensamiento laico, publicado en el Diario Público el pasado 14 02 2024, he leído una frase que me han llamado poderosamente la atención y con la que discrepo absolutamente.

Dice: “Un buen método [para lograr las élites políticas y económicas … un afinado control social … sin coerciones aparentes] es la generación de una opinión pública manejable y vicaria, distraída … [sin] las exigencias formativas que desarrollan el juicio crítico. Entre las estrategias clásicas bien conocido es el fomento del pensamiento mágico y religioso susceptible de interiorizar conductas que se autocensuran substrayendo el afán de justicia social a un más allá, en lugar de buscarlo en la Tierra.”

Doy por cierto que el “fomento del pensamiento mágico y religioso” representó en el pasado -aunque siga vigente hoy en día- uno de los más lamentables procedimientos utilizados por los poderosos para evitar que la ciudadanía cayese en la cuenta de las verdaderas causas y agentes responsables de la mísera realidad que desde el poder respectivo se les imponía. Quizá fuese así en el pasado oscuro del ámbito cristiano, cuando la muchedumbre oprimida y esclavizada esperaba su redención posible sólo en la otro vida, pero no lo es ya hoy, cuando la función social e ideológica que antes cumplían los ‘dioses’ (o el Dios único) la desempeñan la razón de Estado y del dinero.

Es por ello que, en el mundo de hoy, la institución que con mayor fuerza cumple ese ignominioso papel de instrumento eficaz para lograr un afinado control social, no es tanto el pensamiento mágico y religioso -apenas relevante frente a la hegemonía actual del racionalismo científico-tecnológico, cada vez más vinculado al poder económico y político- como el pensamiento jurídico, en tanto que defensor de la Ley. Esto es, la teoría y práctica jurídicas en tanto que agente productor del orden normativo construido por legisladores y aparato judicial, como el garante principal, punitivo y violento, del régimen socio-político actual (estatal y capitalista), en el que prevalecen siempre los principios de jerarquía-autoritario y poder económico sobre los de libertad (que se desprecia y pervierte) y solidaridad social (que se fractura y combate.

La confianza en que el ‘perfeccionamiento’ del pensamiento jurídico y legislador -producido en el marco de una sociedad regida por incuestionables relaciones de poder económico, político y social- llegue a resolver los problemas de fondo que acucian a la sociedad de este siglo, no puede llevar a otro lugar distinto del desastre en el que ya estamos, es decir, la opresión y explotación de cientos de millones de personas y, al tiempo, la continua degradación del hábitat.

Un gato escaldado

(que huye de la cocina estatal)

1 comentario

  • María Lucila Valenzuela Fernández

    Yo, tal como la entiendo, creo que se refiere a qué las personas que tienen grandes privilegios y poder, usan métodos que van a la manipulación de las partes del cerebro que manejan el sentimiento mágico

    No creo que sea incompatible lo que ambas decís. Las personas que tienen poder van a intentar manipular a través de todas las instituciones, también de las instituciones que tienen que defender la legalidad. Pero como lo hacen? Cómo logran que los mensajes lleguen y se apoderen de mentes sanas?

    Yo entiendo que su propuesta es que los mensajes estimulan la parte del cerebro que maneja el pensamiento mágico. Trata más el saber cómo lo logran que el saber que herramienta utilizan

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *