No dejes rastro

Título original: Leave No Trace

Año: 2018

Duración: 108 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Debra Granik

Guion: Debra Granik, Anne Rosellini (Novela: Peter Rock)

Música: Dickon Hinchliffe

Fotografía: Michael McDonough

Reparto: Ben Foster, Thomasin McKenzie, Jeff Kober, Dale Dickey, Peter James DeLuca, Ayanna Berkshire, Isaiah Stone, Dana Millican, Lane Stiemsma, Michael Draper, Kyle Stoltz, Tony Ruiz, Eric Sahlstrom

Con solo cuatro largometrajes en 20 años, la directora Debra Granik se ha convertido en una de las voces más singulares del cine independiente estadounidense. Sus historias se sitúan siempre en los márgenes de la sociedad establecida, con personajes que luchan por sobrevivir en un entorno hostil degradado por los males que aquejan a la vida moderna, consumidos por la frustración, las drogas, la miseria y un vacío existencial del que parece no haber escapatoria.

En No dejes rastro (Leave No Trace) mantiene la coherencia con su obra anterior al contar la historia de un padre y su hija de 13 años que viven clandestinamente en un parque natural próximo a una ciudad, limitando al máximo el contacto con la civilización para evitar ser detectados. Will (Ben Foster) es un exmilitar traumatizado por su experiencia en la guerra e incapaz de reintegrarse en un sistema que le ha utilizado para luego olvidarse de él. Su hija adolescente Tom (Thomasin McKenzie) le sigue sin hacerse demasiadas preguntas. Will se preocupa de su educación, la protege y le enseña técnicas de supervivencia para vivir en total armonía con la naturaleza.

Sin embargo, esa forma de vida no está permitida por la ley y se ven obligados a trasladar su campamento regularmente y a ocultarse para evitar que les vean los excursionistas. Un pequeño descuido de la niña hace que alguien alerte a las autoridades y son perseguidos y detenidos casi como delincuentes. Aunque en principio Will acepta reintegrarse en la sociedad por su hija, pronto comprobará que para él ya no es posible, pero para Tom la situación es distinta, ya que la ampliación de su perspectiva del mundo le hace comprender que necesita adaptarse e interactuar con otras personas, así que tendrán que tomar una decisión.

Hay en No dejes rastro un marcado contraste entre la vida «salvaje», sencilla pero no exenta de sofisticación, en la que cada pequeña acción tiene un fin claro y cobra sentido en relación con el entorno, y el mundo «civilizado», donde ese sentido se desdibuja ante el absurdo de las convenciones. El trabajo de Will cortando árboles de Navidad, la visita a la iglesia o la presión de los servicios sociales no hacen más que aumentar su deseo de volver a escapar de un mundo que le resulta insoportable.

Las imágenes de Granik se aproximan por momentos al documental para contar la historia con parsimonia, de forma contemplativa y con una sutileza que nos permite apreciar las emociones de los personajes, magníficamente interpretados por los dos protagonistas. La banda sonora de Dickon Hinchliffe (miembro del grupo británico Tindersticks) acompaña perfectamente y nos ayuda a sumergirnos en la atmósfera serena y austera de la película.

Este es un tipo de cine cada vez más escaso en estos tiempos dominados por el efectismo y la velocidad, con personajes deshumanizados y carentes de emociones creíbles, y por eso hay que agradecer la sinceridad y profundidad del trabajo de Debra Granik, un autentico lujo.

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