Te prometo anarquía

Título original: Te prometo anarquía

Año: 2015

Duración: 88 min.

País: México

Dirección: Julio Hernández Cordón

Guion: Julio Hernández Cordón

Música: Erick Bongcam

Fotografía: María Secco

Reparto: Diego Calva, Eduardo Martínez Peña, Martha Claudia Moreno, Shvasti Calderón, Oscar Mario Botello, Gabriel Casanova

El guatemalteco afincado en México Julio Hernández Cordón dirigió en 2015 su quinto largometraje, Te prometo anarquía, una producción germano-mexicana que adquirió cierta notoriedad internacional tras pasar por varios festivales, como los de Locarno, Toronto o San Sebastián, con una buena acogida entre la crítica y el público,

La película muestra la vida cotidiana de dos amigos, Miguel y Johnny, que se conocen desde la infancia y mantienen una relación amorosa que va más allá de la amistad. Pertenecen a la comunidad de “skaters” (“patinetos” en la jerga local) y pasan el tiempo patinando y buscándose la vida en las calles de la Ciudad de México. Para sacarse un dinero, se dedican a vender su propia sangre y buscar a otros donantes (“vacas” para “ordeñar”) para una oscura organización de narcotraficantes. Pero una operación con demasiadas personas implicadas se les va de las manos y termina mal para todos, poniendo a prueba su relación.

El tema principal es la relación homosexual entre los dos amigos, tratada con una extraordinaria naturalidad y delicadeza, evitando estridencias innecesarias y en toda su complejidad, pues son de clases sociales distintas (la madre de uno es la asistenta de la casa del otro) y Johnny tiene además una novia, lo que añade un elemento de tensión a la situación.

No obstante, no se ocultan los elementos más sórdidos del mundo hostil en el que se mueven los personajes, una sociedad en descomposición en la que el crimen organizado campa a sus anchas sin que nadie parezca capaz de ponerle freno, donde la miseria y las diferencias sociales parecen un obstáculo insalvable. El único alivio momentáneo es la solidaridad entre los compañeros de la tribu urbana, que se ayudan y protegen en la medida de lo posible.

El director contó con actores no profesionales elegidos en su mayoría a través de las redes sociales entre los miembros de la comunidad local de patinetos, que realizan su trabajo con solvencia, añadiendo realismo y autenticidad a la historia. Destaca la espontaneidad del lenguaje que emplean los personajes.

Se aprecia una voluntad de captar la realidad de forma honesta, sin artificios, buscando la mayor naturalidad posible, como ponen de manifiesto unas imágenes fluidas y precisas de tonos poco saturados. La ecléctica selección musical, para nada convencional, se integra a la perfección en la historia, a pesar de algún momento excesivo.

Todos estos elementos permiten al director construir una película que ofrece más de lo que pueda parecer en un principio, una pequeña joya oculta que merece la pena revisar y que sin duda sorprenderá a más de un espectador.

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