¿Qué hacer en caso de incendio?

Título original: Was tun, wenn’s brennt?

Año: 2001

Duración: 101 min.

País: Alemania

Dirección: Gregor Schnitzler

Guion: Stefan Dähnert, Anne Wild

Música: Stephan Zacharias

Fotografía: Andreas Berger

Reparto: Til Schweiger, Martin Feifel, Sebastian Blomberg, Nadja Uhl, Matthias Matschke, Doris Schretzmayer, Klaus Löwitsch

En el Berlín de finales de los años 80, antes de la reunificación alemana, un grupo de jóvenes anarquistas que vive en un decrépito edificio ocupado participa en todo tipo de protestas y se enfrenta a la policía cada vez que tiene ocasión. Para documentar su actividad filman películas en formato amateur, en una de las cuales muestran la fabricación de una bomba casera que colocan en una gran mansión abandonada en una zona rica de la ciudad, como acto reivindicativo contra la corrupción de las constructoras, pero la bomba no estalla y se olvidan de ella.

Doce años después, cuando una agente inmobiliaria va a enseñar la casa a un posible comprador, la bomba se reactiva al forzar la puerta y provoca la destrucción total de la mansión. Durante la investigación se lleva a cabo un registro en la vieja casa ocupada, donde todavía viven dos de los miembros del grupo, uno de ellos inválido después de ser atropellado por un camión antidisturbios, y la policía confisca las películas, amenazando con descubrirles. Los amigos se ven forzados a reunirse para internar borrar cualquier rastro que les incrimine, pero la vida les ha llevado por caminos muy diferentes, apartándose de los ideales que defendían en su juventud, y deberán hacer frente a los conflictos internos que esto les provoca.

Aunque el tono general de la película es el de una comedia acelerada y un tanto superficial, hay algunos momentos en los que el drama se cuela por las rendijas de la historia, más bien en relación con las vidas personales de los protagonistas y la insatisfacción que todos sienten en mayor o menor medida. Los actores representan sus papeles con solvencia, pero sin grandes alardes, ya que están algo caricaturizados y les falta profundidad.

Schnitzler utiliza una puesta en escena ágil y moderna que hace avanzar la historia a buen ritmo, a pesar de que comete algunos errores que desentonan, como la inclusión de algunas escenas con estética de videoclip que no vienen a cuento y amenazan con caer en la sensiblería. La música acompaña perfectamente con una mezcla de temas de punk alemán de los 80 y otros más actuales.

El discurso político está presente a lo largo de todo el metraje, si bien algo desdibujado y dulcificado hasta caer en la incoherencia en algunas ocasiones, pero la película se puede disfrutar con agrado como una celebración de la amistad por encima de todo. Lo mejor es dejarse llevar y responder como los protagonistas a la pregunta del título: “Dejar que arda”.

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