EL ANARQUISTA DE LA COLONIA

Título original: Park Yeol

Año: 2017

Duración: 129 min.

País: Corea del Sur

Dirección: Lee Joon-ik

Guion: Hwang Sung-goo

Reparto: Lee Je-hoon, Choi Hee-Seo, Kim In-Woo, Tasuku Yamanouchi

En los últimos tiempos no es inusual ver en el cine surcoreano películas que recrean acontecimientos históricos de ese país, especialmente la época de la ocupación japonesa durante la primera mitad del siglo XX, hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, un período oscuro de opresión y violencia que dejó heridas que todavía no han cicatrizado del todo.

El director Lee Joon-ik se centra en la figura del activista anarquista coreano Park Yeol, poeta, traductor y editor de publicaciones libertarias que alcanzó cierta notoriedad a principio de los años 20 del siglo pasado cuando, después de trasladarse a Japón desde su Corea natal, formó un grupo de agitación antiimperialista y anticolonial que buscaba subvertir el orden establecido. Park conoce a Fumiko Kaneko, una joven de origen japonés que ha vivido en Corea, y se convierte en su compañera e incondicional colaboradora en su lucha.

Cuando en 1923 se produce el gran terremoto de Kanto en Japón, las autoridades difunden rumores falsos que acusan a los coreanos de envenenar pozos de agua y causan la muerte de más de 6000 personas. Para ocultar la masacre, deciden buscar un chivo expiatorio y acusan a Park de conspiración para atentar contra el heredero al trono nipón. A pesar de que no existen pruebas contra él, Park decide autoinculparse con la intención de convertir el juicio en una farsa que le permita llamar la atención sobre sus ideas anarquistas. Su compañera le sigue y ambos son juzgados y condenados a muerte por alta traición con gran revuelo mediático, aunque finalmente se les conmutará la pena capital por cadena perpetua.

La estructura narrativa se desequilibra en algunos momentos por el excesivo peso de la relación amorosa entre Park y Fumiko, que desvía la atención del contenido político de sus acciones, tratado con cierta superficialidad y de forma confusa hasta desdibujar los límites entre anarquismo y nacionalismo. No obstante, la factura de la película es impecable, con una ambientación de época perfecta y unos actores que hacen una magnífica labor, a pesar que pueden parecer poco naturales y algo exagerados desde la perspectiva del público occidental. Fumiko actúa de forma histriónica y el ministro del Interior japonés acaba siendo casi una caricatura con su odio visceral hacia los coreanos.

Puede que El anarquista de la colonia no sea una gran obra maestra, pero no le faltan aspectos de interés. Sobre todo, rescata del olvido a personas como Park Yeol y Fumiko Kaneko, dispuestas a darlo todo por aquello que consideran justo, en una época y un lugar en el que dar un paso al frente podía significar la muerte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *