Lucho, luego existo

Título original: Je lutte donc je suis

Año: 2015

Duración: 88 min.

País: Francia

Dirección: Yannnis Youlountas

Guion: Maud y Yannnis Youlountas

Músicas: Manu Chao, Angélique Ionatos, Léo Ferré, Serge Utgé-Royo, Killah P (Pávlos Fýssas), Alessandro Di Giuseppe, …

Fotografía: Yannnis Youlountas

Reparto: Documental

Yannis Youluntas es un filósofo, poeta, músico y cineasta franco-griego que ha desarrollado una intensa actividad como educador y conferenciante en favor de los grupos sociales excluidos, desde presos o inmigrantes hasta personas sin hogar o discapacitados, sin dejar de colaborar asiduamente con distintos medios alternativos, como Siné Mensuel, Le Monde Libertaire, Les Zindigné(e)s y Zélium, ni abandonar su faceta literaria y artística.

En 2013, alarmado por la terrible crisis económica que se cebó especialmente con Grecia, estrenó el documental Que no vivamos como esclavos, que se centraba en la lucha de los grupos anarquistas del barrio de Exarcheia en Atenas que se enfrentaron por distintos medios a los matones de la organización fascista de Amanecer Dorado, que intentaban dominar las calles haciendo uso de la violencia y amparados por policías y jueces. La película se realizó con gran precariedad de medios y se exhibió gratuitamente fuera de los circuitos comerciales en todo tipo de espacios alternativos, alcanzando un éxito importante.

Siguiendo estas mismas premisas, Youlountas realizó en 2015 Lucho, luego existo, un lema basado en el famoso aforismo de Descartes que apareció por primera vez en una pared de Creta para extenderse posteriormente a otros lugares. En esta ocasión, el director sale del entorno acotado en la película anterior para hacer un recorrido por otros lugares en los que brotaron iniciativas diversas de personas que se negaron a someterse y se unieron a la resistencia, cada uno a su manera. Junto a las acciones autogestionarias de oposición directa al capital en diversos puntos de Grecia, como Tesalónica, Creta o la misma Atenas, tiene una presencia especial el movimiento español de los indignados, en Barcelona o Andalucía, con presencia de conocidos activistas como Diego Cañamero o el alcalde de Marinaleda.

A pesar de la crudeza de las situaciones que se muestran, los rostros ajados por el tiempo y la miseria, la desesperanza ante la falta de oportunidades para vivir dignamente, el director consigue transmitir la fuerza y la vitalidad de una lucha que devuelve a las personas su humanidad, que crea fuertes vínculos entre quienes la viven codo con codo y que revela el poder y la inteligencia colectiva latentes en nuestro interior.

Han pasado más de diez años desde los primeros disturbios, los medios de comunicación afirman que las políticas de austeridad han tenido éxito y que la calma ha vuelto a Grecia. Los movimientos políticos que vendían ilusión y pretendían cambiar el sistema desde dentro han sido fagocitados sin compasión. Pero la lucha continúa, más o menos visible, y la semilla plantada acabará dando sus frutos, porque resignarse no es una opción.

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