SLACKER

Título original: Slacker

Año: 1990

Duración: 97 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Richard Linklater

Guion: Richard Linklater

Fotografía: Lee Daniel

Reparto: Richard Linklater, Rudy Basquez, Jean Caffeine, Stephan Hockey, Mark James, Jan Hockey, Athina Rachel Tsangari, Brecht Andersch, Jerry Delony

El director estadounidense Richard Linklater debutó en 1990 con Slacker, una modesta producción independiente que dio comienzo a una fructífera carrera posterior, en la que se mezclan películas comerciales con otras propuestas de indudable interés que le han permitido ganarse el favor de la crítica (Antes del amanecer, Boyhood), sin abandonar su estilo distintivo, en el que las tramas se desdibujan para centrarse en la observación de las relaciones humanas.

La película se estructura como una serie de viñetas que se suceden de manera aparentemente aleatoria mientras la cámara sigue a distintos personajes sin aparente relación entre sí que pululan por Austin, Texas, ciudad de residencia de Linklater, durante un período de 24 horas. Son en su mayor parte personas que han decidido vivir al margen del sistema (“slackers”), desempleados, intelectuales, artistas, músicos o delincuentes, cuyo denominador común es su incapacidad para integrarse como elementos productivos en el engranaje de un mundo devastado por el auge del neoliberalismo de la década anterior.

Los personajes conversan sobre temas diversos, como la clase social, el terrorismo, el desempleo, el arte, teorías conspirativas y el control de los medios de comunicación, ante la cámara de Linklater, que observa en silencio, haciéndose presente en cada situación y abandonándola con total naturalidad para pasar a la siguiente sin cortes abruptos. En muchos sentidos, el camino que sigue cámara representa el modo en que las personas abordan la existencia cotidiana, fluyendo de un momento a otro con lo que nos atrae y nos impulsa a nuestro siguiente destino.

Algunas de las conversaciones se pasan de extrañas, pero eso carece de importancia. Se habla sobre la nada, el todo y lo que hay en el medio, de una manera interesante y fascinante, captando la atención del espectador en todo momento. Al contrario que muchas películas actuales en las que se busca la rapidez y la espectacularidad con todo tipo de pirotecnia visual, aquí se juega a la lentitud y se permite que los diálogos y las reflexiones que surgen de ellos vayan creando una atmósfera que perdura después de ver la película.

Rodada en 16 mm con un presupuesto ridículo, Slacker tuvo una buena aceptación a su paso por diversos festivales, con alguna nominación en el de Sundance, y con el tiempo se ha convertido en un film de culto que mantiene su frescura y su vigencia 30 años después, ya que la deriva que está tomando el mundo no ha hecho más que acentuar los problemas que se apuntan, con la diferencia de que nuestra capacidad de resistencia parece cada vez más mermada.

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