VII Época - 2

PRIDE (ORGULLO)

Título original: Pride

Año: 2014

Duración: 120 min.

País: Reino Unido

Dirección: Matthew Warchus

Guion: Stephen Beresford

Reparto: Ben Schnetzer, Monica Dolan, George MacKay, Bill Nighy, Andrew Scott, Imelda Staunton, Dominic West

Música: Christopher Nightingale

Fotografía: Tat Radcliffe

Es verano de 1984 y el ambiente en Gran Bretaña está cada vez más caldeado. El gobierno de Margaret Thatcher se toma un descanso de la opresión y persecución de la población homosexual y en su lugar dirige su atención al sindicato de mineros en huelga. En un acto de solidaridad, el grupo LGBT en torno al líder y activista Mark (Ben Schnetzer) decide ofrecer apoyo moral y financiero a los mineros de un pueblo galés. Al principio, esta ayuda es recibida con recelo, porque en cuanto el estridente grupo del arco iris parte hacia Gales en una furgoneta de colores brillantes, los mundos chocan. De repente, ya no son el acoso sistemático y la mano de hierro del poder estatal, sino los prejuicios de ambos grupos los que pasan a primer plano y proporcionan el combustible de la película.

Con Pride, el director Matthew Warchus hizo su segunda incursión en el formato del largometraje 15 años después de Simpatico (1999). Antes se había hecho un nombre como director teatral con numerosas representaciones y reconocimientos a ambos lados del Atlántico. La influencia escénica es claramente evidente en su segunda película. Construye Pride como una obra de conjunto, en la que no se limita a ocuparse de las tribulaciones de un único protagonista, sino que se aventura en una muestra social de la nación británica a mediados de los años ochenta.

Warchus llena las dos horas de metraje con multitud de personajes y subtramas que hacen de Pride no solo un reflejo de la situación política y social de la Inglaterra de los 80, sino un mosaico atemporal sobre las diferencias sexuales y sociales entre las personas y cómo se enfrentan a ellas. El joven homosexual que teme salir del armario, el activista de pura cepa que hace de la lucha y la rebeldía su propósito en la vida, la superación de los prejuicios homófobos y, por supuesto, las consecuencias sanitarias y psicológicas de las enfermedades de transmisión sexual. Todo esto y mucho más tiene cabida en Pride y se une para formar un todo coherente.

La película tiene momentos realmente divertidos, pero nunca recurre al humor facilón. Utiliza clichés, pero no llega a caer en el ridículo. Por supuesto, hay escenas trágicas capaces de arrancar alguna que otra lágrima, pero en ningún momento llegan a empañar el tono positivo subyacente. Las interpretaciones del elenco contribuyen a dotar de humanidad a la película y tanto los actores más veteranos como los más inexpertos hacen un magnífico trabajo, evitando caer en el histrionismo y la artificiosidad tan habituales cuando se tratan estos temas.

Han transcurrido casi 40 años desde los hechos que se narran en la película, pero su mensaje sigue siendo relevante en la actualidad. Pride trata, en última instancia, de solidaridad. Sobre luchar no solo por los intereses propios, sino también por los de otros que son vulnerables, y de que este movimiento también debe ser recíproco. Todos los que quieren trabajar por un mundo mejor y más justo deben estar unidos y dispuestos a mirar más allá de las diferencias. La lucha debe ser inclusiva, para que incluso quienes no encajan en la norma puedan sentirse bienvenidos. Lo privado, lo social, la identidad, la clase, la orientación, la etnia y mucho más son categorías en las que puede darse la opresión, y quien quiera luchar contra un tipo de opresión debe levantarse contra todos los tipos. De lo contrario, ¿de qué vale esa lucha?

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