VII Época - 19

PERFECT DAYS

Título original: Perfect Days

Año: 2023

Duración: 124 min.

País: Japón

Dirección: Wim Wenders

Guion: Takuma Takasaki, Wim Wenders

Reparto: Kôji Yakusho, Arisa Nakano, Tokio Emoto, Aoi Yamada, Yumi Aso, Sayuri Ishikawa, Tomokazu Miura, Min Tanaka

Fotografía: Franz Lustig

Tras años de estancamiento creativo, el director alemán Wim Wenders ha entregado una película que rivaliza con sus mejores trabajos. Casi 40 años después de su documental Tokio-Ga (1985), en el que seguía los pasos de su admirado Yasujiro Ozu, Perfect Days también está ambientada en la capital japonesa y es además la candidata de su país al Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

Para Hirayama (gran papel de Koji Yakusho), los días parecen encadenarse. Se levanta de su colchoneta, se lava los dientes, se acicala el bigote, se pone su mono de trabajo, guarda algo de cambio para el café de la máquina expendedora y se sube a su furgoneta azul. Empieza su turno. Atraviesa la ciudad deteniéndose en los aseos públicos, friega el suelo con un cubo y una fregona, limpia el asiento, echa lejía en el retrete, vacía las papeleras, cuelga un nuevo rollo de papel higiénico. Cuando alguien tiene que ir al baño, se aparta, dobla el cartel amarillo de «limpieza de aseos», se fuma un cigarrillo fuera o va al aseo contiguo y sigue su camino. Hace su trabajo concienzudamente, casi sin pronunciar palabra, viendo de vez en cuando a algún compañero. Al final del turno, va invariablemente al mismo restaurante ruidoso, se sienta a la mesa de siempre, donde le colocan un gran vaso de sake con un golpe: «¡Toma, por un duro día de trabajo!». Ve un poco más de deporte en la gran pantalla de televisión, lee un poco más y se acuesta a descansar, mañana será otro día.

Hirayama no es el típico trabajador de la limpieza. Tiene un aspecto distinguido, lleva un elegante pañuelo blanco, es extremadamente cortés con los transeúntes, lee buenos libros de autores como William Faulkner o Patricia Highsmith. Y los aseos públicos del distrito de Shibuya, diseñados por arquitectos de renombre mundial, son bastante distintos de los aseos de nuestras estaciones de tren.

En su primera obra destacada en años, el director Wim Wenders muestra su extraordinaria visión de la metrópolis de Tokio. El verde relativamente abundante entre todo el cristal y el hormigón, el hito del Skytree, gente de todo tipo, de camino al trabajo o de vuelta de él y todos con necesidad de ir al baño a intervalos regulares. De camino a los distintos lugares, Hirayama pone cada vez una cinta de casete en la grabadora. Suenan Lou Reed, Patti Smith, Otis Redding o The Kinks. Parece vivir en el pasado. Hace muchas fotografías con su pequeña cámara Canon analógica de los años ochenta.

Pensamos que debe haber algo en su pasado, ¿lleva acaso algún secreto con él? A medida que avanza la película, conocemos más sobre su carácter, vemos pequeños incidentes que se salen de la rutina. Niko, su sobrina, aparece de repente en su puerta, se ha escapado de casa y quiere conocer mejor a su tío, al que no ve desde hace años. Le acompaña cuando está de servicio. Dan un paseo en bicicleta a lo largo del río. La recoge su madre, Keiko, en un coche con chófer. Hace años que no se ven. Keiko mira con cierto desdén a su hermano: «¿De verdad limpias retretes?». Hirayama sonríe imperturbable, está en paz con ello. Antes de partir, hermano y hermana se abrazan emocionados.

No hay respuestas, ni una trama apasionante. Pero la figura de Hirayama resulta fascinante de principio a fin. Perfect Days rivaliza con otras obras maestras de Wenders, como Paris, Texas (1984) y Cielo sobre Berlín (1987). Koji Yakusho está a la altura de Harry Dean Stanton y Bruno Ganz. No sería de extrañar que esta extraordinaria película sobre la búsqueda de la alegría en la vida cotidiana alcance un estatus similar.

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