VII Época - 21

CERRAR LOS OJOS

Título original: Cerrar los ojos

Año: 2023

Duración: 169 min.

País: España

Dirección: Víctor Erice

Guion: Víctor Erice, Michel Gaztambide

Reparto: Jose Coronado, Ana Torrent, María León, Soledad Villamil, Manolo Solo, Ginés García Millán, Mario Pardo

Música: Federico Jusid

Fotografía: Valentín Álvarez

El respetado director Victor Erice dejó una huella indeleble en la historia del cine con su primera película, El espíritu de la colmena (1973), a la que siguió El sur diez años después, y luego un vacío 40 largos años (si no contamos cortometrajes, películas cooperativas, videoinstalaciones y ensayos sobre arte). Su nueva película, inexplicablemente, no estuvo en la competición oficial de Cannes, sino en una sección paralela llamada Cannes Première. Con solo su tercer largometraje, Erice tenía razón al enfadarse con el director del festival por habérselo dicho demasiado tarde: habría preferido ser nominado para Venecia o Locarno en lugar de una sección menor. Así que ni siquiera asistió al estreno de su nueva película, dejando que esta hablara por él.

El guion, coescrito por el propio Erice junto a Michel Gaztambide, cuenta la historia Miguel Garay (Manolo Solo) un cineasta entrado en años que hace tiempo que renunció a hacer una nueva película. De hecho, parece haber renunciado a la vida misma y a la fama: vive en una caravana en una pequeña playa junto al mar. Pero cuando un presentador de televisión le pide que cuente la historia de un actor que desapareció hace 30 años tras verse obligado a abandonar el rodaje de una película en la que estaba trabajando, acepta el encargo y empieza a rebuscar entre sus recuerdos y sus pertenencias. La más importante de ellas es la propia película, que no pudo terminarse y exhibirse por la desaparición del actor Julio Arenas (José Coronado), pero Miguel utilizó el último dinero que le quedaba para realizar la última copia positiva sonorizada de las bobinas primera y última. Estas dos reliquias abren las puertas de la memoria, por lo que el pasado, que se creía enterrado, se derrama sobre el presente de Miguel en un maremoto: quizá Julio no se suicidó como se creía…

En las cuatro décadas implacables transcurridas desde El sur, el lenguaje del cine ha cambiado tanto que Erice no puede evitar un momento de nostalgia: el montador de la película, Max (Mario Pardo), ha conservado desde entonces no solo el metraje bruto y dos escenas de copia positiva, sino también un cúmulo de amargura sobre el estado actual de la industria cinematográfica. Para él, los recuerdos se materializan en celuloide, se pueden agarrar, utilizar, volver a proyectar, revalorizar, pero al mismo tiempo son algo frágil, inflamable, volátil, como la memoria humana. Pero estas bobinas no son solo artefactos mnemotécnicos individuales, sino que son en sí mismas la encarnación de la memoria colectiva.

¿Qué le ocurre a un actor que sufre amnesia en el rodaje de una película? ¿Se queda atrapado en el papel y, a falta de instrucciones del director, se convierte en un fantasma que camina sin rumbo? ¿O simplemente entierran algo en su interior que puede volver a extraerse con las herramientas y las circunstancias adecuadas? Cerrar los ojos es también un espejo: la «película dentro de la película» se refleja en la propia película: en la primera, un padre busca a su hija, que se cree desaparecida, y en la segunda, la hija (Ana Torrent) busca a su padre desaparecido, el actor. Pero el reflejo también funciona a otros niveles, ya que Erice intenta descifrar la obra de su propia vida: hacer cine es tanto una operación terapéutica como la recuperación de la memoria fílmica. ¿Por qué desapareció el actor y por qué desapareció Víctor Erice? La introspección del director incluye gestos como el casting de Ana Torrent: el primer papel cinematográfico de la actriz fue de niña, a los siete años, en El espíritu de la colmena. Para Erice, el cine no es solo una actividad que explota recuerdos del pasado, sino también un trabajo consciente que prepara recuerdos del futuro. Un vínculo entre pasado y futuro.

Cerrar los ojos, con sus casi tres horas de duración, no es una obra apresurada. Puede que no tenga tantos grandes momentos como las dos primeras películas del director, pero sigue siendo un regalo para el alma y la vista de todo cinéfilo. Merece la pena dedicarle tiempo. Mientras que la mayoría de los cineastas piden a sus espectadores que mantengan los ojos abiertos, Erice invita audazmente a lo contrario: hay cosas que no se pueden mostrar, pero él cree que el cine puede darles vida. Hay que cerrar los ojos, porque el cine es un sueño. Y los sueños no mienten.

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