VII Época - 25

20.000 ESPECIES DE ABEJAS

Título original: 20.000 especies de abejas

Año: 2023

Duración: 129 min.

País: España

Dirección: Estibaliz Urresola Solaguren

Guion: Estibaliz Urresola Solaguren

Reparto: Sofía Otero, Patricia López Arnaiz, Ane Gabarain, Itziar Lazkano, Martxelo Rubio, Sara Cozar, Miguel Garcés, Unax Hayden, Andere Garabieta, Julene Puente Nafarrate, Mariñe Ibarretxe Frade, Aintziñe Rey Zurimendi, Julián Urkiola

Fotografía: Gina Ferrer

«¿Seré como papá cuando sea mayor?», pregunta Aitor a su madre Ane, que responde: «¿Por qué lo preguntas?». El niño responde: «Porque no quiero ser así». Ane le asegura: «Puedes ser quien quieras». Pero no es tan sencillo, como rápidamente queda claro en 20.000 especies de abejas, el primer largometraje de la guionista y directora vasca Estibaliz Urresola Solaguren. El diálogo que ambos mantienen a la media hora de película no solo revela el distanciamiento emocional de la niña con respecto a su padre, Gorka, cuyo matrimonio con Ane está en crisis. También deja entrever el dilema de la sensible madre, que quiere apoyar a su hijo, pero le cuesta aceptar que Aitor no se sienta cómodo en un cuerpo masculino y se interese, por ejemplo, por la ropa de mujer. Su máxima «No hay cosas de chicos y cosas de chicas» suena liberal al principio, pero también sirve de excusa para evitar tomar decisiones.

Cuando la familia viaja de Bayona al pueblo natal de Ane, en el País Vasco español, para el bautizo de un sobrino, se hace evidente que la crisis de identidad de Aitor está poniendo a prueba las vidas de sus padres, su hermana Nerea y su hermano Eneko. El niño de las uñas pintadas no quiere separarse de su larga melena y prefiere que le llamen por su apodo Cocó, que al fin y al cabo no tiene género. Sin embargo, Aitor siempre se siente ofendido por familiares y conocidos. Como con su devota abuela católica Lita, que dice que Dios creó al niño perfectamente, pero en otro momento amonesta a Ane: «Ponle límites. El niño está confundido».

Aitor/Cocó encuentra más comprensión en su tía abuela Lourdes, soltera, que cría abejas y se convierte en una especie de modelo a seguir. Lourdes familiariza al niño con los secretos de la apicultura y los efectos curativos de la miel, al tiempo que se toma en serio sus necesidades emocionales. La diversidad de las colonias de abejas se convierte también en una metáfora de la diversidad de las identidades sexuales. Los encuentros empáticos entre los dos personajes se cuentan entre las escenas más impactantes de la película.

Ane también aprovecha su estancia en su pueblo natal para volver a hacer sus propias obras de arte en el taller de su difunto padre. Durante estas vacaciones de verano, Aitor encuentra por fin un nombre adecuado para sí mismo con la ayuda de Lourdes: cuando ambos visitan una iglesia, su tía abuela le enseña una estatua de Santa Lucía. A partir de entonces, el niño quiere llamarse Lucía: la nacida a la luz.

La película se centra en las relaciones de la niña trans con sus cuidadoras, hacia las que se orienta en gran medida en su intento de definirse como femenina. Los hombres, por su parte, solo desempeñan papeles marginales y tienden a representar posturas conservadoras en cuanto al género. Eneko, el hermano mayor de Aitor, es quien más la apoya, aunque ambos discutan de vez en cuando. En cualquier caso, Eneko es el primero en llamar a Lucía en lugar de a Aitor al final, cuando la familia busca al hermano desaparecido en la ceremonia de bautizo.

La directora inserta la crisis de identidad del niño en un amplio retrato familiar en el que también se abordan otros problemas. Ane, madre de tres hijos, por ejemplo, se ve obligada a reorientarse profesionalmente ante su crisis matrimonial. Ante la presión por conformarse, la abuela tiende a esconder los conflictos bajo la alfombra, pero eso no hace que desaparezcan.

Por difícil y doloroso que sea el proceso de transición descrito para Aitor/Cocó/Lucía, Estibaliz Urresola da a su protagonista una buena dosis de esperanza al final. Esto la sitúa en la tradición de películas sobre este tema, pero la directora vasca adopta un tono más serio. La escasa utilización de música diegética y el uso constante de la cámara en mano, cuya inquietud constante se corresponde con la inseguridad de la protagonista, encajan bien con ello. Además, al elegir a Sofía Otero, de nueve años, para el complejo papel protagonista, la directora ha tenido un golpe de suerte, ya que interpreta a Aitor/Cocó/Lucía con gran naturalidad y expresividad.

20.000 especies de abejas es una película que rompe las fronteras artificiales y estrechas del sistema de género, aboga por más diversidad y apertura y demuestra que el crecimiento y el desarrollo de la identidad (de género o de otro tipo) nunca pueden reducirse a una fórmula de manual. Al fin y al cabo, la diversidad es uno de los rasgos fundamentales de lo humano.

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