DU FU (sobrenombre: ZIMEI)

(China, n. 712 – m. 770)

La poesía de DU FU es fiel reflejo de su talante: un espíritu taoísta que desprecia las riquezas, que aborrece el lujo y los excesos de la corte sin caer en el orgullo y la soberbia, un hombre que prefiere el tejido basto a la fina seda y le gusta pasear en pollino por las calles de Chan’an.

En este poema, Du Fu, expresa el sufrimiento del pueblo chino frente a la desgracia de la guerra. Sus hijos serán reclutados a la fuerza como soldados, dispuestos a dar o sufrir la muerte en batallas por siempre ajenas, pero a mayor gloria y abuso de sus amos y señores, le serán robadas sus cosechas y sólo el hambre y la miseria le quedarán suyas.

El llanto está escondido; agazapado en cada aldea, en cada casa del pobre y el artesano. No cabe más que el sollozo personal o el duelo familiar y privado, porque al pueblo le han dicho que es el orden Celeste e Imperial intocable e inmutable quién se han llevado al hijo, a la madre, al esposo, el grano y el caballo. Pero hay hechos que iluminan la magnitud de la tragedia, así como la voluntad criminal que la provoca.

LEVA EN LA ALDEA DE SHIHAO

Al caer la tarde, pedí posada en la aldea.

De noche, vino un oficial buscando reclutas.

El anciano huésped huyó saltando la cerca,

y su mujer salió a abrir la puerta.

 

¡Cuán furioso era el grito del militar!

¡Y cuán amargo el llanto de la anciana!

Oí las tristezas que ella narraba:

“Tengo tres hijos, que fueron a Yechen

para defender la ciudad.

De uno he recibido una carta

que me entera de la reciente caída

de los otros dos en la batalla;

nunca más volverán a casa.

Y al que ahora sobrevive,

Dios sabe cuándo le toque

una suerte semejante.

Aquí sólo tengo a mi nieto, un bebé,

y a su madre, que no puede salir

con su ropa harapienta.

Pese a lo cansada y endeble que me siento,

iré con usted a Hoyan esta misma noche,

y serviré en el rancho del ejército”.

 

Avanzadas las horas, se apagaron las voces.

Me parece percibir sin embargo sollozos ahogados.

Reanudo mi viaje al cantar los gallos,

y sólo me despide el anciano

 

Recogemos este poema en la “Antología de la poesía china”, selección y versiones en español de María Teresa León y Rafael Alberti, editada por la Compañía General Fabril (Buenos Aires, 1972)

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